Más precio y menos cosecha para el festival de la Avellana de Piloña

Isolina Lobeto pesa su cosecha de avellanas, que este año alcanza los cien kilos. / FOTOS: NEL ACEBAL
Isolina Lobeto pesa su cosecha de avellanas, que este año alcanza los cien kilos. / FOTOS: NEL ACEBAL

El kilo subirá un euro por primera vez desde 2015 y en el certamen del 7 de octubre se han inscrito ya más de medio centenar de cosecheros

ENRIQUE CARBALLEIRA INFIESTO.

La cercanía del Festival de la Avellana de Infiesto vuelve a poner sobre la mesa, como está ocurriendo en las últimas ediciones, un debate que trasciende la actualidad del propio fruto y que alcanza a la totalidad del campo asturiano y a la supervivencia de muchos pequeños núcleos rurales. Mientras los avellaneros inscritos ultiman la preparación de 'les ablanes', confiados en poder agotar el fruto con las ventas del certamen, sobre la actividad sigue planeando la sombra de la pérdida de población en las zonas rurales. Aunque no todo han sido noticias negativas en los últimos meses.

Los cosecheros inscritos hasta el momento, que superan el medio centenar, coinciden en apuntar que la cosecha de este año es inferior a la de 2017, cuando los avellanos del municipio ofrecieron mucho fruto. Todos coinciden en que esta alternancia de cosechas, al igual que ocurre con la manzana, es habitual y no se pueden alcanzar 'cosechonas' de forma continuada. Lo importante, eso sí, es que no se produzca un año de grave escasez, como ocurrió en 2016, cuando apenas se pudieron juntar dos toneladas para el festival y los mostradores quedaron vacíos pocos minutos después de comenzar el evento.

La presencia de avellana este año también se distribuye de forma irregular, dependiendo de las zonas del municipio. Algunos cosecheros recuerdan que el mantenimiento y cuidado es fundamental «y no siempre se realizan esas labores, por lo que la cosecha se resiente», señala una de las productoras. Román Canal, cosechero de El Texedal, señala que han notado el descenso en la cantidad de fruto este año, «de hecho se ven bastantes menos, nosotros hemos recogido unos 40 kilos», no es una gran cantidad, pero la aportarán al puesto de venta del Festival, que se celebrará el 7 de octubre en Infiesto. «Aunque fuesen menos avellanas, también las llevaríamos al certamen porque tenemos el compromiso de mantenerlo, aunque no sea mucho la venta de estas avellanas supone un dinero que se queda en el concejo».

Este mismo compromiso se constata en las conversaciones con otros muchos cosecheros. Todos quieren que el Festival no pierda fuerza y siga bien asentado en el calendario del concejo. En la zona de la parroquia de Espinaréu se concentran varios avellaneros. Este año parece ser uno de los rincones más favorecidos por la presencia de fruto.

Mantener la tradición

Isolina Lobeto ya tiene listos sus más de cien kilos de producto, «una cantidad similar a la del año pasado, aunque hasta que no sequen completamente no podremos saber exactamente cuántas son». Isolina es otra de las fijas a su puesto de la plaza del ganado. Señala que sí acostumbra a mantener y cuidar los ablanos, «porque es fundamental, hay que podar, limpiar y abonar, para obtener buenos resultados con la cosecha». En lo que respecta al futuro del cultivo en Piloña, no se muestra del todo optimista, «ya que seguimos con el problema principal de la falta de relevo, los mayores lo van dejando porque no pueden y los jóvenes no se incorporan a las labores del campo, y así es muy difícil».

José Cardín tampoco se pierde ni una edición del certamen. Junto a su mujer y su hijo, recoge la cosecha todos los años, dispuesto a venderla en el festival o bien directamente a los compradores que se acercan por la típica aldea de los hórreos. Este año han recogido 150 kilogramos. Una cantidad que supone una buena cosecha, aunque reconocen que no ha estado a la altura de la del pasado año. Confirman un gran interés en que el festival no decaiga y que siempre cuente con un buen nivel de avellana en venta, «porque es uno de las celebraciones más importantes del concejo y no podemos permitir que se venga abajo», comenta su hijo Ángel.

Sin embargo, las cosas no han ido tan bien en otros puntos de Piloña. La falta de tiempo, en unos casos, y la escasez de fruto en otros, ha motivado que productores habituales no puedan asistir este año al certamen.

Pese a todo, y a que en los últimos años comienza a extenderse cierto ambiente de pesimismo por la situación del campo en general, también se han conocido buenas noticias en estos últimos meses. Pablo Espina, que regenta una ferretería en Infiesto, ha querido lanzar una apuesta por la avellana y puso en marcha estos últimos meses una destacada plantación, con hasta 190 plantones del arbusto piloñés. Aprovechando unos terrenos adquiridos junto a la carretera que une Espinaréu con Riofabar, el emprendedor creó esta plantación que aún se encuentra en pleno desarrollo.

«Este año han comenzado a dar una pequeña cantidad, porque todavía están desarrollándose, pero pronto esperamos ir viendo mejores resultados». Los ablanos tardan varios años en desarrollarse completamente. Espina estima que un terreno como el que él ha plantado puede llegar a dar hasta 1.500 kilogramos de fruto en una cosecha, «quizás es una estimación muy optimista, pero yo espero que al menos se puedan obtener unos ochocientos o mil».

Consciente de lo laborioso que resulta su recogida por el método tradicional, espera poder utilizar un sistema más sencillo, que pasaría por agitar el arbusto y proceder a aspirar los frutos. Eso sí, tiene claro que para obtener buenos resultados hay que trabajar la plantación, cuidando y abonando los avellanos.

Otro caso para la esperanza es el de Verónica Longo, geóloga, que también apuesta por el típico fruto piloñés en El Texedal, donde ha puesto en marcha una plantación de una hectárea, pero con vocación de crecimiento. Quizás estos dos casos no sean aún suficientes para lanzar las campanas al vuelo, pero sí muestran un camino que el concejo de Piloña debería seguir si no quiere perder definitivamente uno de sus activos gastronómicos y culturales más importantes.

Trabajo y calidad

Otra de las novedades del certamen de este año será la subida del precio del kilo de fruto, después de mantenerse estable desde el año 2015 en los seis euros el kilo. El día 7 de octubre se venderá a siete euros tras la decisión adoptada en la reunión mantenida este pasado viernes, entre el Ayuntamiento y los cosecheros. Los productores consideran que la limitada cosecha y la dificultad que supone la recogida y preparación del fruto justifica este aumento de precio. Se trata, en definitiva, de valorar su trabajo y la calidad del fruto local, que este año llega con unas buenas características.

 

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