Las dos caras del cierre de las baterías

Los concesionarios de vehículos no podían hasta ahora exponer al aire libre sus coches por la contaminación de las baterías.. / FOTOS: MARIETA
Los concesionarios de vehículos no podían hasta ahora exponer al aire libre sus coches por la contaminación de las baterías.. / FOTOS: MARIETA

El desmantelamiento de la planta de ArcelorMittal afecta de forma desigual a los negocios del entorno | El punto negativo es la pérdida de clientes con el traslado de casi 400 trabajadores, pero otras empresas celebran el cese de la contaminación

ALEJANDRO L. JAMBRINAAVILÉS.

No hay duda de que el cierre de las baterías de cok de ArcelorMittal después de 63 años de actividad ha marcado un hito en Avilés. Aún no está del todo claro de qué forma afectará a la ciudad la decisión de trasladar los hornos a las nuevas instalaciones de Veriña, pero algunos de los principales afectados serán las empresas y negocios que durante años han compartido espacio con esta industria el Parque Empresarial Principado de Asturias (PEPA).

Hay opiniones contradictorias al respecto. Quienes celebran el cierre de las baterías aluden principalmente a las mejoras medioambientales que supondrá, «porque en el centro no se nota tanto, pero quienes trabajemos en el polígono hemos convivido durante años con ese polvillo que se te queda pegado a la ropa y se cuela en los negocios manchando la mercancía», asegura uno de los responsables de uno de los almacenes de calzado al por mayor, Ángel Fragoso. «En cuanto al movimiento de gente no tenemos mucho miedo, aquí compran clientes de toda Asturias que vienen específicamente a nuestro almacén, así que no consideramos a los trabajadores de baterías fuesen clientes potenciales», añade el comercial de calzado.

Otro de los sectores que comparte esta visión ecologista respecto al cese de las baterías de cok son los concesionarios de coches, que abundan en el PEPA desde hace años. José Luis Oset es jefe de ventas en el concesionario del Grupo Adarsa y asegura que hasta ahora no podían tener los coches expuestos en el exterior de los concesionarios por la polución. «Es totalmente cierto, exponemos los coches por la mañana y a media tarde están llenos de polvo negro que los deja fatal», sostiene.

Respecto al flujo de clientes y a cómo puede verse afectado por el cierre, Oset considera que puede afectarles de forma significativa «porque a pesar de que aún hay incertidumbre, lo cierto es que muchos de los trabajadores de baterías eran clientes fijos que solían hacer un consumo significativo en el polígono».

Otros son aún más alarmistas al respecto. De los casi cuatrocientos trabajadores que hasta ahora hacían funcionar los hornos, muchos eran clientes habituales de los talleres mecánicos que se extienden a lo largo y ancho del polígono industrial avilesino. Uno de eso talleres es AutoHybrid, un pequeño negocio con tres empleados que regenta José Fernández Navas. Ahora no saben qué va a ser de su negocio «porque no será un cambio de un día par otro, pero estamos seguros de que con el tiempo notaremos un gran descenso de clientes», lamenta Fernández. «Aprovechaban para dejarnos sus vehículos cuando llegaban al trabajo y los recogían al marcharse, les veníamos muy bien porque estamos al lado de las baterías y ahora perderemos un gran porcentaje de la clientela fiel».

La pérdida de clientes no es lo único que asusta en el PEPA. La incertidumbre impera en cada esquina y son muchos los que creen que el polígono está abocado a una dura depresión tras este cierre. «El problema no es desaparezcan las baterías, que también. El tema es que después tenemos miedo de que haya más cierres en las grandes industrias, que son las que mueven realmente este espacio y hacen que los negocios pequeños sobrevivamos», aseguraban en el taller. «Yo me temo que esta sea la tendencia a partir de ahora. Asturias se va a convertir en un gran espacio rural y vamos a tener que sustituir como podamos la industria por el turismo rural». Como él, muchos confían en que los terrenos liberados tras este cierre se aprovechen «para atraer a Avilés una nueva industria moderna y grande, es trabajo de la clase política».

«El Cruce no tiene futuro»

El PEPA no es el espacio donde más se va a notar a partir de ahora la desaparición de las baterías de cok. El poblado de El Cruce, ubicado justo a la entrada de Llaranes en la avenida de Gijón, ha sido durante décadas el espacio de recogimiento y de ocio de los trabajadores de Arcelor que acudían a los bares de la zona antes o después de sus turnos de trabajo. Ahora todos esos clientes se van rumbo a Veriña. Francisco Marcos regenta desde hace 38 años el bar restaurante Tanos y asegura que este es el peor momento que ha vivido la barriada. «El Cruce ya no tiene futuro», sentencia al ser preguntado por esta situación. «En baterías había tres turnos y por aquí se acercaban entre cincuenta y cien personas en cada uno», recuerda Marcos, que ve resignado como su bar esta prácticamente vacío a las dos de la tarde, hora a la que se debería de estar iniciando la jornada de trabajo de aquellos que ya no volverán por el barrio nunca más.

Dentro de lo malo, su situación no es la peor de los casi diez bares que hay en a penas una manzana de edificios. «El año que viene me voy a jubilar sin falta y sé que los próximos meses voy a perder dinero. Pero tengo claro que si me quedase más tiempo para jubilarme tendría que cerrar el bar», confiesa.

Otros han tenido peor suerte. Deva Lorenzana acaba de hacerse cargo junto a su madre de otro de los establecimientos de El Cruce, el bar Girasol. «Abrimos en agosto, hace a penas un mes, y ahora no sabemos cuanto tiempo vamos a poder permanecer abiertas», aseguraba Lorenzana, abatida por la noticia del cese de baterías. «Somos de Pravia y decidimos apostar por este bar porque habíamos oído que pasaban muchos empleados de Ensidesa por aquí, pero esto ha sido inesperado».

Como ella, el resto de bares confía en que los próximos años puedan mantener el negocio a base de los trabajadores que acudan a Avilés a desmantelar los hornos de las baterías y a descontaminar los terrenos. «Solo queda pensar en eso, esperar que ahora venga otro tipo de industria que tome el relevo. Mientras tanto, aprovecharemos a los trabajadores que están construyendo el Mercadona de Garajes estos meses», comentaban varios de los clientes de la zona.

La mayoría de quienes aún se dejan ver por los alrededores son vecinos. La barriada cuenta con pocos habitantes, menos tras el éxodo de varias familias ocurrido hace unos meses después de la pelea que acabo con el fallecimiento de un hombre. «Quienes quedamos somos gente mayor, sobre todo viudas de trabajadores de Ensidesa», señalaba Purificación Robles, vecina. «A nosotros nos da mucha pena, nos hemos acostumbrado a vivir cerca de la fábrica y la gente joven debe saber que este ha sido el motor de la ciudad durante décadas», añadía, aludiendo a una historia industrial «que ahora se está olvidando por culpa del progreso».