«Queremos ir directos a la piscina»

Una madre de acogida abraza de forma efusiva a una de las niñas saharauis en presencia de sus compañeros ayer en Los Canapés. / MARIETA
Una madre de acogida abraza de forma efusiva a una de las niñas saharauis en presencia de sus compañeros ayer en Los Canapés. / MARIETA

Diecisiete de los 185 niños saharauis acogidos en verano en Asturias pasarán las vacaciones con familias de Avilés

ALEJANDRO L. JAMBRINAAVILÉS.

Ayer fue un día de alegría y emotivos reencuentros para las familias asturianas que acogerán durante este verano a los 185 niños y niñas saharauis que participan en el programa 'Vacaciones en Paz, que dirige desde hace veinticuatro años la Asociación Asturiana de Solidaridad con el Pueblo Saharaui. La recepción de los pequeños tuvo lugar en el Centro Sociocultural de Los Canapés y en Avilés se quedarán hasta septiembre diecisiete niños.

Algunos de las familias acogen a uno de estos niños por primera vez, pero lo curioso es que la mayoría ya han repetido esta experiencia en otras ocasiones, «porque es una gran experiencia que te cambia la vida y con estos niños te tienes que implicar al máximo», aseguraba ayer Lolo Martínez, un vecino de Piedras Blancas que acoge en su casa durante las vacaciones de verano a Brahim, un pequeño de once años que reside con su familia en Smara, uno de los cinco campamentos de refugiados que se ubica al suroeste de Argelia. «El vínculo que creamos con ellos es tan grande que yo incluso he ido a visitar a su familia, una gente increíble que te acoge y te demuestra que se puede ser feliz con mucho menos de lo que tenemos aquí», confesaba Martínez, que este año volverá a visitar el desierto junto a Brahim y su familia.

También le gustaría repetir por segundo año consecutivo a Ramón González, un vecino de Avilés que el pasado año acogió en su hogar a Mohamed Conri «y aunque este año no puedo por una enfermedad, he mediado para que se quede con otra familia y yo pueda verlo a menudo», explicaba ayer al recibir al pequeño, que contaba con un buen manejo del idioma «que estamos cansados porque el viaje es largo pero tengo ganas de ir a la playa». De hecho, el pasado año lo primero que hizo este niño fue meterse en el mar «sin ni siquiera quitarse la ropa», bromeaban.

Nervios iniciales

Lo cierto es que el agua es una de las cosas que más les gusta a estos chavales. Tatiana Prieto es de Mieres y por segundo año acogerá a dos niños, Abdel y Ali, que lo primero que hicieron nada más reencontrarse con ella es ponerse los bañadores para irse de cabeza a la piscina. Su buena experiencia animó este año a Vanesa González, que acoge por primera vez a Heya, la hermana pequeña de Ali que a pesar de no conocerla se fundió en un emotivo abrazo con su madre de acogida. «El primer año estás un poco nerviosa por como va a ser la adaptación pero luego te das cuenta de que todo es estupendo y se lo pasan genial en Asturias, aunque les llaman la atención algunas cosas curiosas como los besos entre hombres y mujeres o que tengamos animales por casa», explicaba ayer Tatiana Prieto.

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Otra cosa que le llamó la atención a Ana Pérez fue el miedo de la pequeña Mahumuda, a la que acoge por segundo verano consecutivo, a la playa. «El agua le encanta pero parece ser que la arena le recuerda al desierto y no le gusta mucho», explicaba. Además, esta niña padece una sordera en un oído y sufre ataques de epilepsia «que le detectamos estando en Asturias el año pasado y seguimos tratándola, incluso le enviamos al Sahara 17 cajas de su tratamiento», comentaba Ana Pérez. Por lo demás, la pequeña Mahmuda ya estaba preparada para disfrutar de otro verano junto a sus dos hermanas de acogida, Carla y Gisela, que están deseando marcharse con ella de vacaciones a León.

Otra de las niñas que también tiene una relación fantástica con su hermana de acogida es Failah, que se quedará por segundo año en Bañugues con Elena García y su hija Alicia. «Lo de Failah es un caso sorprendente, es una niña superdotada y un portento que aprende idiomas, a nadar y saca las mejores notas», destacaba su García. «Tenía tantas ganas de verla que casi me cojo un avión para ir a buscarla yo misma», bromeaba sin dejar de abrazarla ni un momento.