Las mil maravillas del Evaristo Valle

Las mil maravillas del Evaristo Valle
El 'Angel enjaulado', de Mingotes, con la alfombra diseñada por Valle y tejida por sus hermanas y el libro de Audubon. Arriba, el ajedrez chino de mediados del XIX.Bajo este, Guillermo Basagoiti, con la media de Fernando VII.

El museo de Somió inaugura mañana la exposición 'Gabinete de curiosidades'

M. F. ANTUÑA

Es un maravilloso cajón de sastre, perfectamente ordenado y compuesto para la ocasión en el que caben desde un ánfora romana del siglo I o II y un autómata del XIX hasta una xilografía de Melquíades Álvarez de 2017. El Museo Evaristo Valle recupera en pleno siglo XXI el espíritu de los gabinetes de curiosidades que surgieron entre los siglos XVI y XVII para mostrar, con fondos propios y de colecciones privadas, un sinfín de elementos hermosos que merece la pena mirar. 'Gabinete de curiosidades' es el título de la exposición que mañana abre sus puertas comisariada por Gretel Piquer Viniegra en el edificio noble de Somió.

Remite la exposición a esas cámaras o cuartos de las maravillas, que eran, como explica Piquer, espacios, estancias o armarios donde se coleccionaban y mostraban objetos procedentes de todo el mundo, que podían ser antigüedades, obras de arte, animales, plantas, fósiles, criaturas exóticas o míticas, ingenios científicos... Con el tiempo, y a medida que las instituciones museísticas daban cabida a todas esas bellezas en sus fondos, los gabinetes comenzaron a desaparecer. Pero el interés científico de muchos nunca desapareció. Incluido el del magistrado Evaristo del Valle Álvarez, padre del pintor Evaristo Valle, que sin ir más lejos reunió una importante colección de conchas procedentes del mar de China, el Caribe y el Cantábrico en la segunda mitad del XIX, o el de Carmen Fernández y Suárez Quirós, tía materna del artista, que gustaba de guardar en los armarios desde sus muñecas de niña hasta pedacitos de cinta. Toda esa herencia familiar acabó por conformar un auténtico gabinete de curiosidades en el estudio del pintor y en los espacios que María Rodríguez del Valle legó para la fundación del museo. En sus archivos y recovecos han ido apareciendo hermosas piezas con las que dar forma a esta exposición que empezó a fraguarse a finales del pasado año y que ha ido creciendo casi sin límites. Tanto que incluso es muy díficil para su comisaria dar con la cifra de cuántas piezas se podrán ver. Son muchísimas y muy variadas.

«Trabajamos muchas cosas distintas. Hay cerámica, fotografía, elementos mecánicos, juguetes, cajas de música, pintura, dibujo, textiles, como una alfombra que diseñó Evaristo Valle y que tejieron sus hermanas, hay marfiles, taraceas de piedras duras, libros antiguos, escultura de madera, bronce y mármol, mobiliario...». Por haber hay hasta una media que perteneció a Fernando VII y que probablemente llegó a Gijón a través de las conexiones de la familia con los Cienfuegos-Jovellanos.

Son múltiples las curiosidades, muchas de ellas inéditas y sorprendentes extraídas de los fondos del museo, de sus depósitos y de colecciones privadas que se mostrarán conforme a las cuatro categorías que componían las llamadas 'wunderkammer' históricas. A saber: 'arficialia' (obras de arte), 'naturalia' (animales, vegetales y minerales), 'exótica' (plantas y animales exóticos) y 'scientifica' (instrumentos científicos y técnicos').

Puede que la exposición tenga algo de ese placer de revolver y rebuscar en un desván para dar con joyas maravillosas, revelar su pasado y su porqué. Y de eso sabe mucho Gretel Piquer, que ha ido paso a paso descubriendo la microhistoria de cada una de las piezas. La que abre la muestra es un autómata del siglo XIX, una especie de payaso (que algún día tocó una concertina) con la estructura del cuerpo en papel maché. Una sorpresa que hasta da un poquito de terror, pero que también es delicada, como las múltiples cerámicas orientales, llegadas a Gijón a través de Evaristo del Valle y sus estancias en Filipinas. «Hay toda una sección dedicada al oriente, con cerámica, madera lacada, marfiles, todo procedente de la estancias en Manila de Del Valle, porque gracias a esa colonia española tenía acceso a todas las colonias orientales», anota Gretel Piquer. Y en este punto, junto a ese pasado, una obra del hoy como es el grabado de Melquíades Álvarez dedicado al Monte Fuji japonés. Pero quizá, entre los elementos destacados de esta temática, un plato con una escena de los mitos de la historia de Japón que a su vez inspiró a Valle a hacer un dibujo.

Aparece en la exposición el único bodegón que Evaristo Valle pintó. Es también una suerte de curiosidad que encaja como anillo al dedo en este viaje por mil maravillas en el que también hay parada obligada en valiosas ediciones literarias, como el libro de las aves de James Audubon, unos grabados en plancha de cobre y coloreados a mano. Es una edición rarísima de mediados del XIX y una de las cesiones de colección particular a la muestra. Lo animal está presente también en otras obras contemporáneas, como el 'Ángel enjaulado' de Miguel Mingotes. Y hay otras estampas como una serie de aves del entorno urbano de Gonzálo Gil y otras criaturas insólitas y fantásticas creadas por José Luis Posada. En el plano vegetal, más de lo mismo, también obras de Posada combinadas con piezas del campo de la investigación arqueológica, como bronces y mármoles copias de estatuas de Pompeya y Herculano.

Especial interés tienen una serie de fotografías que han sido todo un descubrimiento. «Lo científico está representado por elementos mecánicos, como el autómata, y todo ese campo de avances como la fotografía, con vistas estereoscopias muy de moda en el siglo XIX. Y hay un álbum que perteneció al padre del pintor con tipos de Filipinas, Japón y China en formato tarjeta de visita, que son muy interesante», explica Gretel Piquer. Hay también fotografías realizadas en placas de colodión húmedo y positivadas en papel de albúmina de instantes captados en el parque estadounidense de Yosemite y espacios de Canadá, catalogadas entre 1869 y 1875.