El Campoamor dentro del Campoamor

Tercer cuadro de la zarzuela, en el que el escenario se convierte en el propio Teatro Campoamor. / ALFONSO SUÁREZ
Tercer cuadro de la zarzuela, en el que el escenario se convierte en el propio Teatro Campoamor. / ALFONSO SUÁREZ

Beatriz Díaz y Alejandro del Cerro hacen que triunfe la jota aragonesa sobre el belcantismo italiano | El público del coliseo ovetense aplaude una divertida versión de 'El Dúo de la Africana'

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

'El Dúo de la Africana', de Fernández Caballero con libreto original de Miguel Echegaray, adaptado y modificado en esta nueva producción del Teatro Campoamor y la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo, es un viaje a las entrañas del teatro: la representación dentro de la representación. A lo largo de un acto y tres cuadros, interpretados sin descanso, asistimos a las peripecias de una compañía de ópera que intenta representar 'La Africana' de Meyerbeer. 'El Dúo de la Africana' es una parodia del belcantismo italiano frente a la música castiza española. «No cantes más 'La Africana', vente conmigo a Aragón. Teatro dentro del teatro, o mejor, por la escena del tercer cuadro que reproduce el interior del coliseo ovetense, el Campoamor dentro del Campoamor. Como es habitual en la zarzuela, el recinto estaba abarrotado. El público salió contento y aplaudió varias intervenciones del coro y de la soprano Beatriz Díaz.

En las adaptaciones actuales de obras del género chico, también llamado de una forma muy precisa «teatro por horas», se suele dar una tendencia, generalmente más interesada que interesante, al alargamiento temporal para que una zarzuela dure un poco mas. Para ello, se modifica el texto o se añade algún número musical. Entre las modificaciones que el director de escena Joan Font y el guionista Piti Español introducen, las más sobresalientes son: la presencia del mago Raúl Alegría, especialmente afortunado en el tercer cuadro; y dar cierto peso interpretativo a Carmen Gloria García como doña Serafina. Otros aspectos menos afortunados son la introducción, un poco pesada, y el principio del segundo acto. Ninguno de ellos está en la obra original. Los cuadros escénicos son muy ingeniosos. El primero son las bambalinas de teatro, que reproduce la idea de un ensayo general; el segundo, el pasillo de los camerinos y el tercero, el propio teatro Campoamor. En la iluminación y en el vestuario hay elementos procedentes del music hall y el cabaré.

Miquel Ortega dirige a Oviedo Filarmonía con precisión, pero le falta un poco de brillo, de fuerza. El director introduce una 'Danza africana' de su propia cosecha, pero que se acomoda bien a la situación escénica.

En 'El Dúo de la Africana' la presencia del coro es constante, tanto en el aspecto musical como dramático. La Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, en ambos sentidos, hizo un papel muy correcto, destacando sobre todo en el 'Coro de las murmuraciones', cantado con mucha gracia.

De los protagonistas, Beatriz Díaz imprime carácter y fuerza al personaje de La Antonelli, la mujer del empresario que coquetea con el tenor. Cantó con gracia andaluza la canción 'Yo he nacido muy chiquita' y estuvo soberbia en el gran dúo 'No cantes más la Africana'.

La otra voz protagonista fue la del tenor Alejandro del Cerro, como Giuseppini, una voz potente, con buena vocalización y cierta bis cómica. En el puro aspecto cómico hay que destacar a dos personajes, el barítono Jorge Eleazar, como Querubini, que cantó con gracia, pero especialmente a la actriz Carmen Gloria García. En el tercer acto, en el que hablaba con cierto desprecio del público, tuvo mucha gracia. Decía «qué público más vulgar», lo que despertó las risas de los presentes. Hay que tener en cuenta que hay aspectos de este papel que son exclusivos de esta producción. También como hombre orquesta Josep Zapater interpreta un Inocencio polifacético: toca el piano, la guitarra eléctrica, canta, baila...

Es muy difícil alargar obras que se han pensado para ser cortas. En ese sentido hay aspectos de este 'Dúo de la Africana', que dura algo más de media hora que la original, que no mejoran el original. Sin embargo, el tercer cuadro, con esa introducción de la magia a través de Raúl Alegría, salva esa lentitud y hace que esta versión sea divertida y bien aceptado.