Éramos tan felices y no lo sabíamos

Luis Sepúlveda, con su mujer, Carmen Yáñez, durante su último viaje juntos a Portugal. Él la subió a sus redes sociales el pasado 21 de febrero y le puso a modo de pie: «En Póvoa de Varzim, felices como perros con pulgas». Una semana después, ingresaría en el hospital. / MIGUEL ROJO

El emocionante poema en el que la escritora Carmen Yáñez despide a su marido Luis Sepúlveda

CARMEN YÁÑEZ

La historia de Luis Sepúlveda y su mujer, Carmen Yáñez, es una novela en sí misma. Por dos veces se casaron, la primera en Chile y la última en Gijón en 2004, con veinte años de diferencia, tantos como pasaron sin verse y embarcados en otras vidas. Pero el suyo era un amor destinado a ser eterno y así lo será ya para siempre. Ayer Carmen, poeta de verbo limpio y palabras justas, logró convertir su dolor en el poema que, con la generosidad que la caracteriza, comparte con los lectores de EL COMERCIO.

Ignorantes de la luz que circundaba la inocencia

éramos tan felices amor mío

con el calor de nuestras manos juntas

cruzando todos los caminos

y riéndonos de los obstáculos de piedra o granizo

que nos intentaban parar esa carrera irresponsable de la felicidad.

Éramos tan felices

y no nos enterábamos de la dimensión de la vida.

De la invisible amenaza, de la larga sombra del miedo,

no lo sabíamos nosotros, irreverentes.

Amándonos con proyecciones de futuro.

Hoy ya no pienso más allá de mañana cuando espero

tu prueba de vida dicha por otros.

CARMEN YÁÑEZ