Texas, más que armas, petróleo y vaqueros

Una mujer muestra un cartel a un policía con la leyenda 'El Paso no callará'./Reuters
Una mujer muestra un cartel a un policía con la leyenda 'El Paso no callará'. / Reuters

Lawrence Wright disecciona en 'Dios slave a Texas' el Estado más contradictorio de EE UU, de actualidad tras el tiroteo de El Paso

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Patrick Crusius se cruzó Texas de este a oeste, desde Dallas hasta El Paso, diez horas en coche, para matar mexicanos, como confesó cuando fue detenido. Asesinó a 22 personas. En esos casi mil kilómetros de macabro recorrido atravesó el Estado más paradójico de Estados Unidos. Meses antes, el prestigioso periodista y escritor Lawrence Wright (Oklahoma City, 1947), autor de algunos de los mejores libros de investigación sobre el terrorismo yihadista, entre ellos, 'La torre elevada' o 'Los años del terror', también se recorrió el Estado, pero con otro objetivo: escribir una obra que recogiese la extrema complejidad del lugar en el que se había criado, un país en sí mismo con casi 700.000 kilómetros cuadrados de extensión (más que cualquier nación europea, salvo Rusia) y 27 millones de habitantes.

'Dios salve a Texas', publicado recientemente por Debate y de plena actualidad tras el tiroteo de El Paso, corrobora algunos de los prejuicios que el resto de los Estados Unidos, y del planeta, tiene sobre esta región fronteriza con México asociada a los desiertos, la violencia y el petróleo. Es una tierra que creció al ritmo del oro negro que salía de la tierra de la mano de pioneros que se jugaban su dinero, su salud y hasta su vida perforando. También es la tierra de los vaqueros, de la música country y de las armas.

«Aunque se ha demostrado que una legislación sobre armas más estricta haría de Texas un Estado más seguro, los políticos del Estado están tan encaprichados con sus pistolas y fusiles que no hay visos de que vaya a ocurrir algo así próximamente. (En Texas) hay un amor rijoso y adolescente por el arma de fuego», escribe Wright. Y es la tierra de un montón de políticos estrafalarios (entre ellos, el presidente George W. Bush) que en sus barbacoas fríen el bacon con metralletas y en el Congreso del Estado debaten asuntos como la posibilidad de incluir en los manuales escolares la teoría de la evolución, asuntos que generan en el resto de la humanidad muecas de asombro.

Pero 'Dios salve a Texas' es sobre todo un libro interesante porque aporta datos que matizan, y a veces, contrarrestan, los prejuicios hacia este rincón del mundo. Texas es, junto a California, el Estado que más tecnología crea y exporta de todo el país. También es el que cuenta con el complejo médico más grande del mundo, en Houston, donde trabajan más de 100.000 personas y a donde acuden pacientes de todo el globo para intentar curarse de enfermedades como el cáncer utilizando los mayores avances sanitarios. Es la sede de las instalaciones más grandes de la NASA, donde los mejores ingenieros exprimen su talento para continuar con la conquista del espacio. Es un centro artístico de primer orden, con hitos como la Capilla Rothko, en Houston, o la Universidad de Texas, que adquirió el legado del Nobel Gabriel García Márquez y lo puso al acceso de todo el mundo a través de internet. Tiene a dos ciudades, Houston y Austin, elegidas entre las de mayor calidad de vida de Estados Unidos. Y es, por último, un lugar de gente que lleva en su ADN la afabilidad. «En este Estado es casi obligatorio mostrarse amistoso. Su lema es 'Amistad'», resume Wright.

El periodista dedica uno de los capítulos del libro a las ciudades fronterizas y en concreto, a El Paso, donde Texas se confunde con Ciudad Juárez. «La calle El Paso, en El Paso, se convierte en la avenida Benito Juárez después del puente internacional. Físicamente, son una única ciudad, a horcajadas de una división política y cultural insalvable», cuenta Wright, que se declara «partidario de las fronteras», pero que también cree que los estadounidenses son «cómplices del sufrimiento de los inmigrantes. Sacamos tajada de su debilidad, de su falta de recursos y poder».

Y concluye el escritor con más argumentos contra los prejuicios: «El Paso presume de ser una de las ciudades más seguras del país», atestada de agentes de todas las policías; y «El Paso está viviendo un renacimiento», basado en la fusión cultural y económica. Quizá contra eso disparó Patrick Cruisius.