Entusiasmo ante dos intensas voces

Ermonela Jaho, de rodillas ante Benjamin Bernheim, durante el concierto. /  PABLO LORENZANA
Ermonela Jaho, de rodillas ante Benjamin Bernheim, durante el concierto. / PABLO LORENZANA

La soprano albanesa y el tenor franco-suizo, acompañados por Oviedo Filarmonía, ofrecieron un apasionado recital de dúos y arias francesas e italianas El auditorio ovaciona las interpretaciones de Ermonela Jaho y Benjamin Bernheim

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

Ermonela Jaho y Benjamin Bernheim son dos grandes cantantes del momento. Astros de la lírica, pero no estrellas fugaces, sino perennes. La soprano albanesa se conoce en nuestro país especialmente por los éxitos que obtuvo en el Teatro Real con 'La Traviata' y 'Madama Butterfly'. Berheim es uno de esos jóvenes tenores que aúna lirismo y potencia, cualidades con las que hace menos de un mes deslumbró y emocionó al público de la Scala interpretando también 'La Traviata'. Ayer, con el apoyo y la complicidad de Oviedo Filarmonía bajo la experta dirección de Alain Guingal, estos dos cantantes protagonizaron una gala lírica con un programa centrado en la primera parte en la ópera francesa y en la segunda, en la italiana. (LLAMADA 1 SOBRE EL PÚBLICO)

Desde la 'Danza Bacanal' de 'Sansón y Dalila', una recreación del orientalismo que tanto amaba Camile Saint Saens, al 'Intermezzo' de 'Manon Lascaut', de Puccini, la orquesta ovetense no se limitó a su papel de acompañante y de cubrir los tiempos de descanso vocal, sino que se erigió en coprotagonista de la velada. La dirección de Guingal es muy nerviosa, con tiempos generalmente muy rápidos, aunque a la vez con mucho relieve dinámico. Aún así, da mucho juego a los instrumentistas. Se puede decir que antes de aburrir, prefiere exagerar y entretener. Dentro de esta cancha que da a los músicos fue excepcional la versión del concertino Andrei Mijlin de 'La meditación', de la ópera 'Thaïs', de Massenet.

Ermonela Jaho comenzó su gala con el aria intimista 'Depuis le jour' de la ópera 'Louise', de Gustave Charpentier, que ya propició los primeros 'bravos' en una velada llena de pasión. El repertorio francés lo interpretó con cierta morbidez, frases muy ligadas y un registro agudo con buen 'vibrato'. Lo mejor de su intervención llegó con el repertorio italiano de la segunda parte y con el duelo de propinas final. Conmovió con 'Mi chiamano Mimí', de 'La Boheme', y el dúo 'O soave fanciulla', de la misma ópera de Puccini. Y llevó al delirio con las propinas, 'O mio babbino caro', de 'Gianni Schicchi', de Puccini, y 'Vissi d'arte', de 'Tosca'.

Benjamin Bernheim posee un color de voz muy personal. Un timbre metálico en los agudos, un registro medio potente y aunque atesora cualidades de tenor lírico, por su tesitura amplia, muy cómoda en el agudo, también las tiene de tenor ligero. Ligero, pero potente. Momentos estelares de su actuación fueron 'Pourquoi me reveiller', de la ópera 'Werther', de Massenet, y, por supuesto, sus bellísimas interpretaciones puccinianas. Como primera propina ofreció una emotiva versión de 'Una furtiva lacrima', del 'Elixir de amor' de Donizetti.

El público, de pie, enfebrecido, aclamaba y aplaudía a los dos intérpretes. Estos se despidieron con el famoso brindis de 'La Traviata', de Verdi. Un buen final para una gala caracterizada por la entrega de los cantantes y el entusiasmo general.