Juan Diego Flórez llegó, cantó y venció

Juan Diego Flórez, considerado uno de los mejores tenores del mundo, ayer sobre el escenario del Auditorio Príncipe y acompañado al piano por Cécile Restier. /  FOTOS: ÁLEX PIÑA
Juan Diego Flórez, considerado uno de los mejores tenores del mundo, ayer sobre el escenario del Auditorio Príncipe y acompañado al piano por Cécile Restier. / FOTOS: ÁLEX PIÑA

El peruano, que estuvo muy comunicativo y cercano, ofreció propinas de Chabuca Granda, Agustín Lara y Puccini que rindieron al públicoEl tenor cerró en Oviedo la temporada de los Conciertos del Auditorio por todo alto con un recital triunfal

RAMÓN AVELLOOVIEDO.

Había muchas ganas en Oviedo de volver a disfrutar de Juan Diego Flórez. Más, si cabe, después de que se viese obligado a aplazar el recital previsto para el 26 de mayo debido a una traqueolaringitis. Y es que, a pesar de su juventud, el que está considerado por muchos uno de los mejores cantantes del mundo es un viejo conocido del público asturiano. En dos ocasiones relativamente recientes, 2004 y 2007, el tenor peruano cantó en Oviedo con notable éxito. Y ayer su prodigiosa voz, acompañada por la pianista francesa Cécile Restier, volvió a escucharse en un Auditorio Príncipe abarrotado en un recital triunfal con un programa en cierta medida diferente a los que de él recordamos. Incluso las propinas fueron totalmente diferentes. Y, si en los recitales anteriores terminaba con 'Ah! Mes amies', de 'La du régiment', de Donizetti, ayer se soltó por Chabuca Granda, Agustín Lara y Puccini.

El repertorio de sus anteriores recitales ovetenses también estaba centrado en el belcantismo italiano de Rossini, Bellini y Donizetti, con algunas incursiones mozartianas. Sin duda, estos son los autores más apropiados para sus cualidades vocales de tenor lírico ligero. Sin embargo, ayer, Juan Diego Flórez, manteniendo el repertorio belcantista en la primera parte del recital, se abrió a nuevos caminos, recorridos con firmeza y seguridad por el tenor, como la opereta vienesa, las arias de la opera romántica francesa, un expresivo Verdi y una variedad de propinas.

El público -entre el que se encontraba el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, acompañado por su esposa, Marta Suárez- estuvo entregado desde el primer de momento. Por ejemplo, si Juan Diego -muy cercano y comunicativo en todo momento- decía «me voy a quitar la pajarita», el respetable respondía: «Bravo».

Comenzó el recital con tres canciones de Vicenzo Bellini, compuestas con independencia del teatro lírico, pero escritas en un belcantismo característico de arietas y cavatinas del género operístico. Y Juan Diego Flórez estuvo un tanto encorsetado, lacónico al principio, aunque fue de menos a más.

Tras el 'Rondino brillante sobre un tema de Bellini', de Glinka, composición para piano solo interpretada con delicadeza melódica por Cécile Restier, Juan Diego coronó la primera parte del recital con páginas de 'I Capuleti e i Montecchi', también de Bellini, y de 'L'elisir d'amore' y 'Lucia di Lammermoor', de Donizetti. Y fue la auténtica revelación de un cantante lírico ligero excepcional. Especialmente, en 'Una furtiva lagrima', cantada con una exquisita suavidad y muy bien matizada.

La segunda parte comenzó por esos nuevos derroteros antes aludidos: las romanzas de operetas de Franz Lehar, interpretadas con elegancia, con cierta despreocupación, que es lo que le va bien al género, aunque se notaba que a la voz le faltaba un poco de anchura en los registros más graves.

De la ópera francesa, el tenor interpretó el aria 'La fleur que tu m'avais jetée', de 'Carmen', de Bizet, una versión un tanto ensimismada, muy liederística, y el aria 'L'amour' de 'Romeo y Julieta', de Gounod. La obra no estaba en el programa y se puede decir que la bordó.

La incursión en Verdi fue peculiar. Juan Diego Flórez destaca más en otros repertorios belcantistas, pero cantó con gusto y pasión.

Y, tras el programa, un fin de fiesta total. Primero salió con su guitarra, como acostumbra, para interpretar una canción de Chabuca Granda. Un tema que, según explicó, nunca había cantado en público, solamente en la intimidad: 'El gallo Camarón', con un componente muy emotivo además, porque su padre, Rubén, fue guitarrista de la cantante limeña.

Después de Chabuca, se pasó al 'Cielito lindo' en una versión muy especial que comienza 'De domingo en domingo'. Bromeó con el público comentando que a Juan Diego, en México, se le apareció la Virgen de Guadalupe y lo hicieron santo. Y, tras los aplausos, salió a escena la pianista Cécile Restier y de su mano interpretó 'Granada', de Agustín Lara, con otro gesto muy simpático, porque, cuando la letra decía 'De sueño rebelde y gitana cubierto de flores', se señaló a sí mismo y volvió a meterse al respetable en el bolsillo una vez más.

Improvisó una cadencia final muy agitanada y el público, ya en pie, le ovacionó antes incluso de que saliese otra vez a escena para cantar el 'Nessum dorma' y de que invitase a cantar con él el coro, que, por cierto, sonó muy afinado. Y al grito de 'Vincerò' terminó un recital triunfal. El broche de oro a la vigésima temporada de los Conciertos del Auditorio.