La música vuela libre por Begoña

Juan Jinh Hu, durante su actuación en el maratón de piano que ayer tuvo lugar en Begoña. /  JOAQUÍN PAÑEDA
Juan Jinh Hu, durante su actuación en el maratón de piano que ayer tuvo lugar en Begoña. / JOAQUÍN PAÑEDA

El encuentro, que incluye actuaciones en diferentes puntos de la ciudad, ofrece casi un mes de clases con los mejores maestros internacionales 60 alumnos abren el Festival Internacional de Piano tocando durante doce horas en Gijón

IRENE B. CARRILGIJÓN.

El XX Festival Internacional de Piano dio comienzo ayer con un maratón de piano que empezó a las diez de la mañana y acabó cuando el sol ya se despedía de la ciudad, a eso de las diez de la noche. Jóvenes de todo el mundo se fueron setnado al piano que previamente había sido colocado en el paseo de Begoña. Doce horas en las que la música no paró de sonar en ningún momento. Al rededor de 60 jóvenes -había cierta libertad a la hora de escoger la duración de la actuación y su contenido-, participaron en este recital que inauguraba la edición número 20 de un festival que cada año reúne en Gijón a estudiantes de todo el mundo para participar en clases magistrales y conciertos junto a los maestros del instrumento.

Organizar este festival, explicaba Amy Gustafson, la directora del festival, «es un trabajo que no parece trabajo», pese a que pase todo un año organizándolo, para después disfrutar de sus contenidos tan solo durante varios días de este mes de agosto. La pianista comparte la misma ilusión que los estudiantes que acuden ya que «he estado aquí prácticamente 20 años, empecé viniendo de participante y acabé dirigiendo el festival». También los estudiantes están deseando que lleguen estas fechas. «Me dicen todo el año las ganas que tienen de volver», comenta la directora del encuentro.

Antes de que los chavales se subieran al escenario mantenían la calma, pero no paraban de ensayar mentalmente cada nota de las piezas que allí iban a interpretar: algunos repetían una y otra vez en el aire los movimientos que después repeterían sobre las teclas blancas y negras. Era un momento importante y llevaban mucho tiempo preparándolo. El mes de agosto no es para ellos precisamente un periodo vacacional: ensayan más de cuatro horas diarias y acuden a las clases de un curso intensivo que además se instala en las calles y teatros de la ciudad para que la música clásica llegue cada vez a más gente. Todo este esfuerzo se veía recompensado cada vez que uno de ellos acababa su actuación: el aplauso del público no solo reconforta, sino que da fuerzas para seguir estudiando.

Max Jiang, con tan solo 13 años, se desenvuelve con soltura al piano, como si fuese todo un profesional. Además, lleva por bandera un claro gusto por los clásicos, siendo su compositor predilecto Chopin. Lo que a él le hizo viajar desde Australia hasta Gijón y asistir a estas clases es el sentimiento que le inunda cuando empieza a sonar su piano. «Cuando tocas música te puedes expresar cómo eres realmente, te permite ser tú mismo», reflexionaba.

No era él único. Para el taiwanés Juan Jinh Hu, Robert Schuman es uno de los compositores que más emociones le despiertan. Por ello, decidió interpretar una de sus piezas en este recital. La obra 'Kreisleriana', esa misma que a él le hace sentir que puede «escapar del día a día». Además, con ella siente que puede expresar «emociones y sentimientos que con palabras resultan imposible» ya que lo que le inspira de esta música es «su carácter imaginario».

Por otro músico siente la china Huixian Wu pasión. La misma con la que ella se subió al escenario y comenzó a tocar el piano mientras seguía el compás con un personal movimiento de cabeza. Las emociones también son las protagonistas para ella. Por ello, si tuviese que hacer una lista de músicos indispensables, Beethoven estaría en el primer puesto. De hecho, no se quiere quedar ella sola con este sentimiento, por lo que considera que «las 32 sonatas de este autor deberían estudiarlas todos los pianistas, no solo escucharlas». Piensa que escucharlas permite entender los sentimientos de Beethoven cuando las escribía. Esta artista de 23 años tiene claro que la calidad de este compositor radica en que es capaz de «hacer sentir una emoción y al segundo la contraria».

Los sentimientos también mueven al canadiense Leo Gevisser. Tiene 16 años, edad a la que se decanta por escuchar a Grieg y Rachmaninov. Como sus compañeros, resalta la capacidad de la música de trasmitir diferentes emociones que las palabras no pueden. Y menciona eso de que la música es un «idioma universal», ese que hace sentir «amor por ella, porque calienta el corazón». Y como el amor volaba libre ayer por Begoña, para él era «un regalo poder tocar ante todas estas personas».

Ellos no fueron los únicos que se subieron a ese escenario desde las 10 horas hasta las 22, la música no paró de sonar, siendo ellos los encargados de inaugurar dos semanas de música que viajarán de la colegiata al Botánico, del Jovellanos al Teatro de la Laboral.