Once mujeres se suman a las acusaciones de abuso sexual contra Plácido Domingo

Plácido Domingo.

La cantante Angela Turner Wilson acusa al tenor de «meter sus manos bajo el sujetador» y tocar su «pecho desnudo» antes de una función, en un nuevo reportaje que cuenta con las acusaciones de otras diez mujeres sin identificar

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

En el camerino de la Ópera de Washington, Plácido Domingo se maquillaba al lado de una cantante de 28 años, Angela Turner Wilson, la segunda protagonista de la función que tenía al tenor como estrella. A partir del testimonio de Wilson, las periodistas Jocelyn Gecker y Jocelyn Noveck de la agencia Associated Press (AP) relatan que Domingo «se levantó de su silla, se paró detrás de ella y le puso las manos sobre los hombros. Mientras ella lo miraba en el espejo, él deslizó sus manos por debajo del sujetador» hasta tocar su «pecho desnudo», escriben. Sucedió en la temporada de ópera de 1999-2000 y se narra en la segunda parte del reportaje que acusa a Plácido Domingo de conductas inapropiadas y acoso sexual con mujeres que, de alguna forma, dependían de su poder en el mundo artístico para mantener sus trabajos o lograr saltos en sus carreras.

Junto a Wilson, otras once mujeres decidieron hablar después de leer la denuncia de la 'mezzosoprano' Patricia Wulf, quien, con otras nueve mujeres que pidieron confidencialidad, acusó a Domingo en el primer artículo de AP, publicado el 13 de agosto de este año. Las nuevas denunciantes ratifican un comportamiento machista por parte de Domingo, que incluía tocamientos indeseados, como el narrado por Wilson, peticiones insistentes para mantener encuentros a solas, llamadas telefónicas a altas horas de la noche e intentos repentinos de besarlas en los labios.

Aunque no existe ningún proceso judicial contra el actual director general de la Ópera de Los Ángeles y la gran mayoría de las acusaciones se hacen bajo anonimato, la agencia de noticias ha confirmado las versiones de las mujeres al contrastarlas con la de otros empleados de las diferentes óperas, quienes se «esforzaban para proteger a las jóvenes» del acoso del tenor, «mientras los administradores miraban para otro lado».

Según estos testimonios, el comportamiento de Domingo era «un secreto a voces». Por ejemplo, un miembro del equipo de producción de la Gran Ópera de Houston, Melinda McLain, afirmó que ella se aseguraba de que las cantantes jóvenes nunca estuvieran solas con Domingo en una sala de ensayo, «incluso cuando él lo solicitaba explícitamente». Otra «estrategia» de McLain para mantener a raya las pretensiones de Domingo era invitar a su esposa a las fiestas de la compañía. «Él se porta bien si Marta está cerca», dijo.

Ante estas nuevas acusaciones, Plácido Domingo ha respondido a través de su portavoz, Nancy Seltzer: «La campaña en curso de la AP para denigrar a Plácido Domingo no solo es inexacta sino poco ética». A su juicio, la información tiene «inconsistencias» o es «incorrecta», dijo la portavoz. «Debido a una investigación en curso, no comentaremos los detalles, pero rebatimos con firmeza la falsa imagen del señor Domingo que la AP intenta pintar».

Treinta años de supuestos abusos

Los testigos entrevistados para el reportaje de AP abarcan varias décadas, desde los años 80. «Su comportamiento entre bastidores era de conocimiento general y los administradores lo sabían desde hacía años», resumen. Plácido Domingo era conocido por «acercarse demasiado, abrazar, besar, tocar y ser muy cariñoso físicamente», según el testimonio de una mujer que pidió anonimato por temer represalias en el mundo de la ópera, donde todavía está en activo. Represalias de Domingo o de «otros hombres poderosos». La consigna parecía ser que cada persona debía resguardarse por sí sola, y que los cargos superiores evitaban cualquier amonestación al cantante.

A pesar de que se han levantado nuevas voces para señalar a Domingo, investigado por la compañía donde trabaja y que ha visto cómo se cancelaban sus presentaciones en Estados Unidos, los investigadores lamentan que «el apoyo público en Europa y las reacciones escépticas a las acusaciones» haya sembrado el temor en aquellos que podrían dar la cara en apoyo a estas mujeres. Una empleada de vestuario o un extrabajador de la Ópera de Los Ángeles junto a nombres como el barítono Robert Gardner señalaron haber visto cuando Domingo cogía una mano y susurraba a algún oído, o esperaba en un pasillo para acercarse a una mujer. «Aunque no la tocó físicamente, no había dudas de sus intenciones», mantuvo Gardner sobre el caso de Wulf, la primera que denunció al cantante de acoso. También que la actitud del tenor era motivo de sorna: habría que rociarle con un 'spray', dijo alguno. «Le preguntaba por sus nietos para distraerle», dijo otra.

Cuando aparecieron las primeras denuncias, Domingo dijo, a través de un comunicado, que «es doloroso escuchar que pude haber molestado a alguien o haberlos hecho sentir incómodos, no importa cuánto tiempo hace ya, a pesar de mis mejores intenciones. Creía que todas mis interacciones y relaciones siempre eran bienvenidas y consensuadas. Las personas que me conocen o que han trabajado conmigo saben que no soy alguien que intencionalmente dañaría, ofendería o avergonzaría a nadie. Sin embargo, reconozco que las reglas y estándares por los cuales somos, y debemos ser medidos hoy, son muy diferentes de lo que eran en el pasado».

Cuando Plácido Domingo tocó el pecho de la joven Wilson, de 28 años entonces, en el camerino, ella gritó de dolor y, cuando él salió, preguntó a la encargada de maquillaje si había visto lo sucedido. Sin embargo, esa testigo comentó a AP que no recordaba el incidente y no quería hacer comentarios. «Duele», recordó sobre aquella ocasión. «No fue gentil». Después de manosearla, él se marchó. Volvieron a verse poco después en el escenario, pero ella se sentía «atónita y humillada». Asegura que antes él le había pedido un beso en la boca. Ella dejó que fuera en la mejilla.

Wilson ganó el premio Artista del Año de su compañía en el año 2000, pero la Ópera de Washington no volvió a contratarla, algo de lo que culpa a las presiones de Domingo. Ella siguió en activo una década más en óperas como la de Nueva York, Dallas y Boston. Ahora se dedica a la enseñanza.

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