«Soñamos con ser la gran Ópera del Noroeste»

Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, esta semana, en las oficinas de la Ópera de Oviedo. /  MARIO ROJAS
Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, esta semana, en las oficinas de la Ópera de Oviedo. / MARIO ROJAS

«Muy pocas personas han pasado a la segunda fase del proceso para elegir a nuestro director general y artístico» Juan Carlos Rodríguez-Ovejero Presidente de la Ópera de Oviedo

AZAHARA VILLACORTA OVIEDO.

«Soy un soñador», se presenta el ovetense Juan Carlos Rodríguez-Ovejero (1952), que acaba de cumplir tres meses como presidente de la Ópera de Oviedo, cargo al que accedió tras la renuncia de su admirado Jaime Martínez. «Porque, si en esta vida no sueñas, retírate», añade entre risas este ingeniero de Minas afable y entusiasta, exdirector general de Dupont y actualmente consultor senior global, casado y con tres hijos. Un melómano desde niño que en su etapa como universitario hizo de figurante en 'Aida' y que sueña con una ópera más conectada con el público joven y las empresas. Tres meses en los que este hombre de mirada gris verdosa ha dejado las butacas que ocupaba desde hacía tres décadas durante la segunda función para situarse en el palco presidencial del Campoamor. «Un palco regularcete, para dar ejemplo», que utiliza como escaparate. Así que por él han pasado como sus invitados desde el arzobispo de Oviedo, «al que le gusta mucho la ópera», al presidente de la Fade, Berlarmino Feito: «Creo que también le gustó. Ya sabes que todos tenemos un equilibrio de fuerzas en casa. O bien te gusta a ti o a tu pareja. Y, si le gusta a tu pareja, al final te gusta a ti».

-Martínez le dijo al irse: «Aquí te dejo este chollo». ¿Era para tanto?

-¡No! Es un placer contribuir al proyecto de la Ópera de Oviedo, uno de los grandes orgullos que tenemos en Asturias, con una tradición de 72 años ya. Las dificultades las afrontas. Todo en esta vida se resuelve. Y, si no se resuelve, es porque no tiene solución.

-¿Cómo encontró las cuentas un hombre de empresa como usted?

-La Ópera de Oviedo tiene casi una vertiente empresarial. Porque, al final, una institución cultural con un 60% de autofinanciación no es muy normal. En general, hay unos porcentajes más bajos. En el restante 40% ayudan las instituciones, los patronos, los mecenas... Eso quiere decir que hay una robustez grande. Y luego, además, se planifica con dos temporadas de antelación. Puede haber algún fleco menor, pero eso también da idea de su solidez. Es una buena gestión. Por eso nos robaron al director general. Porque él y su equipo estaban haciéndolo muy bien.

-¿Y cómo afronta esa marcha de Javier Menéndez a la Maestranza?

-Todo tiene su periodo. Él cumplió una etapa y una persona de esa edad y con tanto potencial puede aspirar a cotas más altas. Yo creo que le veremos no solo en la Maestranza, sino también en otros teatros nacionales e internacionales. Con toda seguridad. La ventaja es que tendremos un contacto privilegiado, a alguien de la casa, en otras partes del mundo.

-Me consta que el proceso para sucederle ya ha entrado en su segunda fase y que los candidatos descartados ya han sido informados.

-Sí, pero no puedo dar detalles, porque el proceso trata de ser discreto y confidencial por respeto a la gente. Eso sí: son muy pocas las personas que han entrado esa segunda fase.

-Se habla incluso de que la favorita es una mujer a la que ya le han puesto nombre y apellidos...

-Tiene que ser una elección independiente del género: solo por profesionalidad y con la mayor objetividad posible. Con baremos, números... Casi como un proyecto de ingeniería. Encontrar a una persona que reúna las características que buscamos no es fácil porque estamos pidiendo un director general y un director artístico. Alguien como Javier, que sepa llevar una empresa y además planificar una temporada. Dar con esos perfiles no es fácil. Lo que pasa es que tuvimos veintiséis candidatos con un nivel de categoría muy importante.

-Han contado con el asesoramiento de grandes nombres como Sagi...

-Hemos mantenido contactos con grandes nombres, sí.

-Otro frente abierto es que la Seguridad Social investiga a la Fundación por los contratos del coro tras una inspección de trabajo.

-Son discrepancias en cuanto al planteamiento de contratación y es respetable que la gente vaya por los canales que considere para resolverlas. Nosotros cumpliremos lo que decida la Administración.

-¿Qué ocurrió exactamente?

-Copiamos el modelo de contratación de otros coros de España. El que en su momento decidimos que era el mejor. Esta casa es escrupulosa en sus cuentas y su comportamiento. Lo hemos sido, lo somos y lo seremos. Nos jugamos nuestro prestigio. Jaime era un hombre de una trayectoria incuestionable y Javier exactamente igual. Si hay discrepancias, no pasa nada: se resuelven. Y, si hay que hacer algún cambio, se hace.

-¿Qué más ocupa su mente?

-Queremos extender la ópera a la gente joven, que tengan capacidad económica para venir. Por ejemplo, la ópera de los viernes, con el segundo elenco, es muy económica. Queremos expandirla a las cinco funciones en lugar de las tres actuales.

-Ha dicho que la Ópera no es pija...

-Yo creo que no lo es. Sí hay determinados elementos, un ritual que a algunos socios les gusta mantener y no pasa nada, pero la ópera no se ha quedado ahí, sino que evoluciona. Hombre, tampoco es cuestión de ir en chanclas. Yo no iría así a ver al Rey o al presidente del Gobierno.

-Más planes.

-Necesitamos más abonados para que la Ópera se consolide. Algo que también tiene unas ventajas económicas, porque te sale una función gratis: pagas cuatro y ves cinco. Además de la flexibilidad de que, si algún día no puedes ir, te lo cambian sin ningún problema. Pero estamos contentos: hemos iniciado la campaña de la próxima temporada y ya tenemos cincuenta nuevos abonados desde que abrimos el proceso, hace un mes.

-¿Cuántos son en total?

-Hay unas 2.600 personas con distintos abonos: desde los de los viernes a la primera función, a la que mucha gente quiere ir pero quizá no es el mejor día. Hay opciones diferentes para cada persona. Si estás trabajando en Madrid, puedes venir. O en León. Soñamos con que la Ópera de Oviedo sea la gran Ópera del Noroeste. Involucremos a Galicia. Y a Castilla y León. Y a Cantabria. Hay que respetar -eso sí- que la Bilbao tiene una gran temporada, pero no somos competidores, sino colaboradores. Estamos ya en marcha. ¡Hay que pensar en que León queda a una hora en coche!

-Y, entre tanto, tanto las proyecciones que organizan por toda Asturias no llegan a Gijón...

-Tenemos que buscar fórmulas para acercar la temporada a Gijón, sí, aunque ya viene mucha gente de allí al Campoamor. Yo creo que ya estamos en el área metropolitana. Todo el mundo está con la idea de que hay que buscar sinergias.

-¿Echa de menos a algunos grupos políticos en el teatro?

-No. Prácticamente todos han estado. A ver: ¿hay alguien que cuestione el Prerrománico en Asturias? Pues esto es similar. Son temas yo no diría que de Estado, pero sí de región. La región está orgullosa de la Ópera de Oviedo y creo que deberíamos continuar con esa tradición e impulsar la industria del ocio, que tiene un gran potencial económico.

-¿Las empresas lo saben?

-Las empresas deberían apoyarnos más, porque, además, tienen una desgravación fiscal importante. La responsabilidad social corporativa es importante y la cultura es un elemento básico para la mejora de la sociedad.

-¿Y la reforma del gran coliseo ovetense para cuándo?

-Hay que encontrar la fórmula y la financiación para mejorar la infraestructura del teatro. Sin duda. El Ayuntamiento es plenamente consciente y lo hará en el momento en el que considere que tiene fondos y puede ejecutarla. Quizá hubo épocas en las que se podía haber hecho con naturalidad, pero llegará un momento en el que habrá que abordarla.

-¿Le afectan los pateos al asturiano o las críticas a algunos títulos como esa 'Tosca' convertida en 'La vida de los otros'?

-Yo creo que hay que adaptar las cosas a las situaciones actuales. No soy un técnico, soy un espectador, pero me parece espectacular que los libretos permitan eso. El que se queda quieto en la vida no progresa. Y hay que progresar.