La soportable levedad de Juliette Binoche

Juliette Binoche en 'Nadie quiere la noche'./
Juliette Binoche en 'Nadie quiere la noche'.

Isabel Coixet consiguió convencer a la actriz para interpretar a Josephine Peary, la exploradora que viajó al Polo Norte para reunirse con su marido, en ‘Nadie quiere la noche’

MIKEL LABASTIDAValencia

Si lo habían hecho Nicole Kidman o Naomi Watts no iba a ser menos Juliette Binoche, para la que en el cine quedan pocas puertas por abrir. Isabel Coixet consiguió convencerla para que se embarcase en una producción española y terminó interpretando a Josephine Peary, la exploradora que viajó al Polo Norte para reunirse con su marido, en Nadie quiere la noche. Enésimo reto superado para una intérprete a la que no se le resiste nada.

Ganó el Oscar como mejor actriz de reparto por El paciente inglés y fue candidata después por Chocolat. Al César francés ha optado en siete ocasiones, por interpretaciones tan diferentes como la de Los amantes del Pont-Neuf o Jet Lag, pero lo ganó con Tres colores: Azul, la trilogía de Kieslowski, que le propició también la Copa Volpi de Venecia. De Cannes y de Berlín salió distinguida gracias a Copia certificada, de Kiarostami.

Dos filmes marcaron el inicio de la trayectoria de esta actriz francesa de mirada frágil y belleza incuestionable. No hay cámara que no la adore. La de André Téchiné cayó rendida en Rendez-vous, donde tuvo un papel pequeño pero con enorme repercusión. Antes ya había trabajado a las órdenes de, nada menos, Godard, en Yo te saludo, María. A nivel internacional su primera gran intervención tuvo lugar en La insoportable levedad del ser, notable adaptación cinematográfica de la novela de Milan Kundera. Elevó la temperatura de las pantallas con una cinta que cargaba contra el comunismo y destapaba dudas existenciales en torno a la pareja. La madre de Binoche era actriz y el padre fue mimo, director y escultor. Genes de artista no le faltaban para iniciar una trayectoria.

Por hacer Azul renunció a participar en Parque Jurásico y dijo no al mismísimo Spielberg, demostrando que para triunfar en Hollywood no es necesario participar en taquillazos y es posible ser selecto a la hora de escoger papeles. Protagonizó Herida junto a Jeremy Irons, la oscarizada El paciente inglés, Romance en Nueva York con William Hurt, Chocolat, o Cosmopolis de David Cronenberg. Últimamente, sin embargo, no pudo evitar la tentación de formar parte (brevemente) en Godzilla. Dice que fue concesión a su hijo, que siempre le reprochaba que no estuviese nunca en títulos de acción

Haneke la reclutó para Código desconocido y Caché, con Minghella repitió en Breaking and entering, y Olivier Assayas la reclamó para Las horas del verano. Musa del cine de autor lo mismo es capaz de dar vida a una fotoperiodista empeñada en buscar reportajes en zonas en guerra (Mil veces buenas noches) que a una escultora con problemas mentales (Camille Claudel 1915). El frío polar de Coixet (menos Coixet que nunca) le ha sentado bien a la hora de interpretar a la mujer rica y erudita que acude en busca de su marido, el explorador Robert Peary, y ha de sortear toda suerte de inclemencias climatológicas. Está de premio. Si Penélope Cruz, Natalia de Molina y, sobre todo, Inma Cuesta le dejan. La Espiga de Oro de Valladolid ya la tiene.

Binoche ha desarrollado una carrera paralela en el teatro (obtuvo un Tony por la producción Betrayal), ha coqueteado con la danza (con un proyecto junto al bailarín y coreógrafo Akram Khan) y le queda todavía talento para ser pintora. Todo eso en 168 centímetros de altura. Muy bien aprovechados, eso sí.

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