Arcelor advierte de que el 15% de su producción en Asturias no es rentable por los costes de CO2

Las baterías de cok y las chimeneas de las instalaciones de ArcelorMittal en Avilés. / DAMIÁN ARIENZA
Las baterías de cok y las chimeneas de las instalaciones de ArcelorMittal en Avilés. / DAMIÁN ARIENZA

Avisa de que este porcentaje se duplicará a partir de 2021 por la entrada en vigor de la nueva norma europea de emisiones

LAURA CASTROGIJÓN.

La lista de amenazas que sufre Arcelor es amplia: la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el aumento de las importaciones de acero en la Unión Europea, la desaceleración de la eurozona, los costes energéticos, la escalada de precios de la tonelada de CO2... Sin embargo, es probablemente este último uno de los que más preocupan a la multinacional siderúrgica, que sufre de manera directa el impacto de la transición ecológica. De hecho, el 15% de lo que produce actualmente en las plantas asturianas (4,2 millones de toneladas, 4,9 millones en el caso del arrabio) no es rentable por el precio del CO2, que en lo que va de año se ha disparado ya más de un 18%. El proceso siderúrgico industrial libera dióxido de carbono a través de los hornos altos. Concretamente, genera 1,76 toneladas de CO2 por cada una de acero que produce.

El sistema diseñado por la Unión Europea para desincentivar económicamente la contaminación ambiental y forzar a las más de 10.000 empresas que lo conforman -entre ellas Arcelor- a reducir emisiones está causando estragos y lo peor está por venir. Las industrias tienen un límite máximo de toneladas de emisiones de CO2, que cada vez se va reduciendo más, y si lo sobrepasan deben afrontar cuantiosas sanciones. La alternativa es acudir a un mercado de derechos de emisión, donde las empresas pagan un precio por cada tonelada extra de CO2 que necesitan para desarrollar su actividad sin tener que asumir multas. Las plantas asturianas de Arcelor ya son deficitarias en este sentido. Es decir, tienen que acudir a esta subasta para adquirir derechos de emisión y aquí radica el problema. «En el momento en el que tienes que comprar toneladas de CO2 en este mercado esa parte de la producción que es deficitaria deja de ser rentable», explican fuentes de la multinacional siderúrgica. Es más, si hay que adquirir esos permisos, la producción de cada tonelada de acero se encarece en más de 40 euros en comparación con la de aquellos países extracomunitarios que permanecen al margen de este sistema.

Por el momento, Arcelor cifra en un 15% la parte que queda fuera de esos «volúmenes marginales» de beneficio, pero avisa de que la cantidad se incrementará a partir de 2021 hasta el punto de llegar a duplicarse y alcanzar el 30%. Será entonces cuando entre en vigor la IV fase del reglamento medioambiental de la UE, mucho más restrictiva. Se reducirá el cupo de emisiones máximas permitidas y también la oferta del mercado, con lo que los precios de cada tonelada de CO2 se dispararán más de lo que ya lo han hecho -en agosto de hace dos años estaba en 5,65 euros y ahora sobrepasa los 29-.

Además, este incremento repercutirá directamente sobre el precio de la electricidad cuando en el mix entren instalaciones como las térmicas, que también tienen que recurrir a este mercado y cargarán el sobrecoste en la factura de la luz. Por lo tanto, la penalización para la industria es doble, lo que añade aún más presión sobre un sector como el del acero que no deja de advertir de que su situación es insostenible a largo plazo.

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Subvenciones para I+D

Para paliar la pérdida de competitividad que sufre la siderurgia hay dos alternativas: trabajar en la reducción de emisiones por medio de la I+D+i e imponer un arancel medioambiental que iguale la diferencia de costes con los productores extracomunitarios. Para lo primero, Arcelor reclama subvenciones. Su centro de I+D+i de Avilés ya ha sacado adelante varias técnicas pioneras, como la de reutilizar el CO2 inyectándolo en los hornos para reducir el consumo de cok y con ello las emisiones contaminantes.

Sin embargo, son proyectos a los que les queda un largo recorrido, pues «queda probar su viabilidad industrial». Por eso, Arcelor reclama, una vez más, que mientras llegan los avances en I+D+i se tomen medidas de protección de la siderurgia europea. Es decir, que se imponga el arancel medioambiental.