Las perspectivas que ponen en riesgo los hornos de Arcelor

Los dos hornos altos de la planta gijonesa de Arcelor, vistos desde la parroquia de Monteana. / PALOMA UCHA
Los dos hornos altos de la planta gijonesa de Arcelor, vistos desde la parroquia de Monteana. / PALOMA UCHA

La subida del precio de los derechos de emisión de CO2 deja sin rentabilidad a la cabecera de la siderurgia integral asturiana

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

El presente del acero en Europa es complicado, pero el futuro puede serlo aún más. Las empresas del sector se repliegan ante lo que la patronal Eurofer ha calificado de «tormenta perfecta», provocada por la desaceleración económica, la guerra comercial, la sobrecapacidad mundial y el incremento de costes. Y, en el medio plazo, las previsiones son aún más negras. De hecho, las compañías hacen cuentas y, de mantenerse el esquema previsto de los derechos de emisión de CO2, que en año y medio será mucho más restrictivo, la rentabilidad de conservar las instalaciones de cabecera de las compañías siderúrgicas (baterías de cok, hornos altos y acería) desaparece.

El pasado mes de enero Arcelor ya advirtió de que temía que hubiera que apagar un horno alto en Asturias si persistía la caída del negocio. Entonces aún no había anunciado el recorte de producción de 3,2 millones de toneladas en Europa, de las que 700.000 corresponden a las factorías de la región. La parada programada para octubre en el horno alto 'B' para realizar un mantenimiento extraordinario suscita inquietud entre parte de la plantilla, que teme que se alargue más de lo estrictamente necesario en la difícil coyuntura que vive el sector.

Pero el problema puede ir más allá y en la cúpula de la multinacional en Europa se advierte de que, con el precio del CO2 al alza -sobrecoste que no pagan las factorías de fuera de la UE-, la producción de acero líquido deja de ser rentable y podría reducir el negocio metalúrgico en el viejo continente a la mera transformación. De hecho, Arcelor decidió a finales del año pasado desmantelar los hornos altos de su planta de Florange (Francia), apagados, en teoría de forma temporal, en 2012. Su justificación para desechar su arranque es que resulta imposible hacerlos competitivos.

Según apuntan fuentes conocedoras del sector, la reducción de la producción de 700.000 toneladas anunciada para Asturias corresponde, aproximadamente, con lo necesario para que la multinacional no tenga que comprar derechos de emisión este año y se mantenga con los que tiene gratuitos. Si recurre al mercado del CO2, cada una de sus toneladas se ve gravada con un coste extra de 45 euros frente a la competencia de países de fuera de la UE, cada vez mayor. La llegada de acero procedente de estos, sobre todo de Turquía, se está incrementando por la guerra comercial, ya que se desvía a Europa gran parte de los productos que ya no pueden entrar en EE UU (dos de cada tres toneladas, según Eurofer).

Precisamente, la parada de siete días anunciada el lunes para el tren de bandas en caliente, que afectará a alrededor de 400 empleados en el mes de junio, tiene como objeto reducir en 80.000 toneladas la producción de bobina laminada en caliente, uno de los productos más afectados por el aumento de las importaciones turcas. En su caso, crecieron un 126% desde 2017 y un 49% en comparación con el año pasado. Esta llegada masiva ha desplomado los precios, que solo en los últimos seis meses han caído un 11%.

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Y mientras las ventas dejan menos ingresos, los costes se disparan. El precio del CO2 no da tregua, tampoco el de la electricidad, que en España es más alto que en los países del entorno y, además, hay que hacer frente al encarecimiento de las materias primas, como es el carbón coquizable o el mineral de hierro, que se elevó un 20% en el primer trimestre tras el colapso de una balsa de residuos de Brasil, una tragedia que además se llevó por delante más de 250 vidas. En este contexto, Arcelor se mueve en el difícil equilibrio de bajar la producción, pero mantener los derechos gratuitos y las ayudas por las compensaciones indirectas del CO2.

El futuro, sin embargo, será aún más complejo. En cuanto entre en 2021 la IV fase del esquema del mercado de derechos de emisión, mucho más restrictiva, el sobrecoste aumentará. Dentro de la compañía se manejan cálculos que cifran en un 30% el déficit de derechos que tendrán las plantas asturianas. Habría que comprar, por tanto, casi un tercio de los permisos necesarios para emitir CO2 y esa adquisición no compensaría la producción de cabecera, instalaciones que emplean en Asturias a dos millares de trabajadores. Podrían seguir, sin embargo, los talleres acabadores, con desbastes procedentes de otros países. Desde hace años se traen ya de Brasil, aunque de momento con el objetivo de ajustar la producción y su cifra no ha registrado ningún aumento.

Mientras, los efectos de esta nueva crisis que apunta Eurofer se están dejando notar ya en Asturias. Primero el recorte de la producción ha sido en los hornos altos, de ahí a la acería, después el TBC y, tras él, tocará el turno de decapado y luego galvanizado y hojalata. No obstante, aún se desconoce si el efecto será directo en estas instalaciones o el impacto se trasladará a las plantas satélites de Lesaca, Echévarri y Sagunto, donde se destina parte de la producción de la bobina laminada en caliente para su posterior transformación

Entre la plantilla existe una preocupación clara. La parada del TBC afectará a 80.000 toneladas, pero quedan otras 620.000 por reducir hasta fin de año y se esperan nuevas paradas. En este contexto, hoy se celebrará en Luxemburgo la reunión preparatoria del comité europeo que tendrá lugar mañana, en el que los representantes de los trabajadores de las distintas plantas se reunirán con directivos de la compañía. Los asturianos Raúl Cueto (UGT) y José Manuel Castro (CC OO) tienen previsto trasladar a la cúpula de la multinacional sus preocupaciones por la situación en Asturias y cuestionar la concentración de los recortes en España, Polonia e Italia. No obstante, en otras plantas del grupo no las tienen todas consigo y en la de Fos-sur-Mer (Francia) ya han trasladado también su inquietud a la compañía.