El fin de térmicas y nucleares condiciona el coste de la luz

Trabajadores se manifiestan por el futuro de la térmica de Lada. /  J. C. ROMÁN
Trabajadores se manifiestan por el futuro de la térmica de Lada. / J. C. ROMÁN

El Gobierno tendrá que definir qué tecnologías son las que más energía aporten para lograr los objetivos ambientales sin que impacte en el bolsillo

J. M. CAMARERO MADRID.

Pocos días después de que las compañías eléctricas acordaran el cierre progresivo de las nucleares entre 2027 y 2035, el mes de marzo finalizaba con estas centrales liderando la producción del sistema, al aportar un 26% de la energía consumida, un récord en los últimos años. La cuestión nuclear es una de las muchas que subyacen del futuro modelo energético. En la inminente legislatura que va a llegar, el Gobierno tendrá que definir su modelo para cumplir con los objetivos marcados por la Comisión Europea, para que un tercio de la energía sea renovable, el carbón se despida y se entremezclen el resto de instalaciones para garantizar el suministro.

El Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez ya ha presentado el programa 'Marco Energía y Clima', donde apuestan por una reducción de entre el 20% y el 21% de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990; o alcanzar en 2030 un 42% del consumo de renovables sobre el uso de energía final. Aunque casi todos comparten los objetivos, el resto de partidos ha puesto 'peros' a la propuesta socialista al considerarla irrealista. Ni siquiera entre las compañías hay acuerdo para afrontar los retos que tiene el sistema por sus heterogéneos intereses.

Se trata de «objetivos que son alcanzables», explica Alberto Amores, responsable de la práctica de Energía y Recursos Naturales de Monitor Deloitte. Recuerda que para cumplirlo «es necesario invertir más de 200.000 millones en renovables, redes, coches eléctricos y convencionales más eficientes, renovación del equipamiento térmico e iluminación de edificios o rehabilitaciones».

La pregunta es si la sociedad está dispuesta a asumir un coste económico a cambio de completar los objetivos medioambientales y de sostenibilidad. «Estas inversiones producirán ahorros muy importantes en el consumo, haciendo que muchas de ellas sean rentables y recuperando los importes inicialmente gastados», argumenta Amores.

Además, se prevé el fin de la energía de carbón en 2030. Muchas de las instalaciones se encuentran en un proceso próximo al cierre: de las 14 en funcionamiento, nueve cerrarán en 2020. Para las restantes se buscan alternativas. EdP, por ejemplo, plantea el uso de biomasa o gas para dar más vida a sus dos térmicas asturianas (Aboño y Soto de Ribera). Lo que quedaría inalterable es el parque de ciclos combinados, con 27.000 Mw para dar estabilidad al sistema.

Frente a este cambio de modelo, se encuentra la realidad de la factura de la luz, que podría elevarse, al menos en un inicio, y la de las comarcas afectadas por los cierres, como Asturias.