El envejecimiento y el declive de los sectores tradicionales minan el autoempleo en Asturias

El envejecimiento y el declive de los sectores tradicionales minan el autoempleo en Asturias

La cifra de autónomos disminuye en la región a pesar de la salida de la crisis, mientras que en España repunta

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

No hay una razón que explique el fenómeno, en eso coinciden los expertos, sino todo un cóctel de factores que están provocando una lenta, pero imparable, caída del número de autónomos en Asturias. En febrero se volvieron a perder 170, un declive que se inició en 2016, precisamente cuando se empezaba a ver la luz tras la crisis y la afiliación de este colectivo en España repuntaba.

El Principado cuenta con alrededor de 10.000 autónomos menos que hace una década, 729 de ellos perdidos en el último año, una tendencia que contrasta con las cifras generales (+0,9%) y de la que alertan en la región tanto Ceat (Confederación Española de Autónomos) como ATA (Asociación de Trabajadores Autónomos), las dos principales organizaciones que agrupan a este colectivo en la comunidad.

Los primeros años de la crisis provocaron el grueso de esta caída, con cifras que superaban el millar e, incluso, los dos millares de puestos destruidos, pero tras ligeras recuperaciones en 2014 y 2015, la curva empezó otra vez a caer en 2016 y sigue bajando.

«Hay una tormenta perfecta para que esto suceda», explica el secretario general de Ceat en la región, Ignacio García. Los malos tiempos para sectores tradicionales en los que se acumulan los autónomos, como son el agrario, el hostelero y el del comercio, explican parte del problema, a lo que se añade también el envejecimiento de la población, con poco relevo generacional y sin reposición para aquellos profesionales que se jubilan.

Estos problemas no son exclusivos de Asturias, pero son las comunidades de la cornisa cantábrica y otras de la llamada España vacía las que están notando más sus consecuencias. Así, el Principado perdió un 1% de sus autónomos en el último año, el tercer peor comportamiento del país, solo por encima de Galicia (-1,2%) y Castilla y León (-1,3%) y por detrás de Aragón (-0,7%), Cantabria (-0,5%) o País Vasco (-0,7%). En La Rioja y Castilla-La Mancha la cifra se mantuvo estable y en el resto registró aumentos, incluso importantes como los de Canarias (+3,5%) y Baleares (+2,8%), impulsados por el turismo, o Madrid (+2,4%).

«Es preocupante», reconoce la presidenta de ATA en Asturias, Patricia Oreña, que consideró un revulsivo y aplaudió la aprobación de la Ley de Fomento del Trabajo Autónomo y de la Economía Social, que entró en vigor en enero de 2018, pero cuyos efectos en Asturias apenas se dejaron notar los primeros años del pasado ejercicio, y de forma muy moderada en relación al resto del país. Aquel paquete de medidas incluía alicientes como la ampliación de la tarifa plana o mejoras relacionadas con la conciliación, pero no fueron suficientes para compensar los problemas que acechan al autoempleo en la región

Los sectores que más cayeron en el último año son los relacionados con el comercio (-3,4%), sector muy afectado por el cambio en los hábitos de los consumidores, que recurren cada vez más a internet o grandes superficies; la agricultura (-3,3%), con un número creciente de cierre de explotaciones y sin relevo generacional; o la hostelería (-2%), muy afectado por la temporalidad y que no llega a remontar. En cuarta posición se sitúa la construcción, con un descenso del 1,7%, que se cifra en concreto en 151 personas, pero que tiene un componente que puede no ser negativo, ya que el repunte del sector está implicando el incremento de la contratación por parte de empresas y también que muchos profesionales que estaban por cuenta propia, incluso los falsos autónomos que denunciaba la patronal CAC-Asprocon, pasen a ser asalariados, un aspecto que es positivo.

De hecho, la caída general del número de autónomos también se relaciona con cierta mejora del mercado laboral y el repliegue de autónomos que optaron por esta figura al quedarse en paro como forma de mantenerse en el mercado, no porque realmente ese fuera su deseo, y que ahora cuentan con otras oportunidades por cuenta ajena.

Y, mientras todo esto sucede, algunos sectores empiezan a repuntar. Hay más autónomos que hace un año en la actividad catalogada como profesionales y científicas, en administrativas y servicios, artísticas y recreativas, información y comunicación, inmobiliarias y seguros o sanitaria. Sin embargo, no son suficientes para compensar el descenso del resto.

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Además, Ignacio García da otra clave, la gran rotación en los negocios. Cada año se dan de alta y de baja entre 12.000 y 14.000 profesionales de los más de 73.000 con los que cuenta este régimen en Asturias, lo que supone alrededor de un 18% sobre el total. Además, aproximadamente la mitad de los negocios liderados por autónomos fracasan antes de los cinco años.

De hecho, Oreña cree que incertidumbres como las relacionadas con las subidas de la cotización -se anunciaron en un principio mucho más abultadas de lo que finalmente fueron- o del diésel también propician el abandono de colectivos «que se repliegan con facilidad». «Asturias apuesta fuerte por la industria, y eso está bien, pero no lo hace por los autónomos, que somos empresarios de segunda», se lamenta. Por ello, pide más facilidades fiscales y burocráticas y reconoce «cierta envidia» con el apoyo a otros sectores o ante el posible cierre de factorías como la de Alcoa, sustento que ella aplaude, pero que pide para los autónomos. «¿Qué hubiera pasado si cerrara una fábrica de 2.000 trabajadores? En nuestro caso eso ha pasado y nadie ha hecho nada». Con un añadido, que «los autónomos no nos deslocalizamos»

García, por su parte, augura que esta disminución seguirá constante, pero pone el foco en otro aspecto, que más que la cifra se mire su competitividad. «No es tan importante el número de autónomos como que sean más solventes, que puedan contratar..., el problema es que no parece que esa sea la circunstancia», señala.

Por ello, cree fundamental que mejore la economía, que se reduzca la presión fiscal o mejore la protección del colectivo. Su receta pasa por centrarse en la cuenta de resultados y pensar en su crecimiento con «menos burocracia, impuestos más ajustados y una Seguridad Social más pegada a las necesidades de los autónomos». Y, con todo ello, es pesimista sobre la posibilidad de que se puedan volver a superar los 80.000 de antes de la crisis, sobre todo, por razones demográficas.

No obstante, pese a este panorama sombrío, Asturias continúa con un mayor peso de los autónomos en su economía que la media nacional, aunque la evolución es a la baja.