Las razones del auge de Vox, según los expertos

Simpatizantes de Vox. /Efe
Simpatizantes de Vox. / Efe

Coinciden en que la mayoría de sus votos no han surgido de la extrema derecha, sino como castigo a los partidos tradicionales

IVÁN ORIO

Los intentos constantes de PSOE, PP, Podemos y Ciudadanos de demonizar a las siglas de extrema derecha durante la campaña han originado un 'efecto bumerán' de tal magnitud que, lejos de restar credibilidad a sus mensajes viscerales y sin retórica, los han legitimado entre el electorado enfadado por la corrupción, la crisis económica y la gestión del problema en Cataluña y de la inmigración ilegal, entre otros asuntos. Sociólogos y politólogos consultados por este periódico coinciden en que la mayoría de los cerca de 400.000 votos cosechados por Vox en las ocho provincias andaluzas no han surgido desde la convicción ideológica con sus postulados, sino como un castigo al resto de partidos, también de sus propios militantes y simpatizantes.

La elevada abstención, superior al 41%, el hundimiento de los socialistas después de 36 años en el poder, los nefastos resultados de los populares –aunque tengan la opción de gobernar– y la pérdida del 'factor sorpresa' de Podemos construyeron en la cita electoral un trampolín inimaginable hace semanas que ha elevado a Ciudadanos y ha catapultado a Vox. Francisco Llera, catedrático de Ciencia Política, sintetiza lo sucedido en tres factores fundamentales. «La primera lectura -explica- es que nos hemos dado cuenta de que no somos tan diferentes al resto de Europa (en alusión a la presencia emergente de formaciones de extrema derecha); la segunda, es que hay sectores de la población que se han sentido poco defendidos frente al avance del soberanismo catalán; y la tercera es el cabreo y la desafección política». Lo sucedido, continúa, es la «última réplica» de un seísmo generado hace tiempo que condujo a la incorporación a las instituciones, con irrupciones inesperadas por su fuerza, de Ciudadanos, Podemos y ahora, Vox.

Pedro José Chacón, profesor de Historia del Pensamiento Político, sostiene que la formación de Abascal se ha beneficiado de un «cóctel» en el que se han mezclado ingredientes de índole antieuropeísta, social, económico y político, con Cataluña como uno de los condimentos esenciales. Durante la campaña, los candidatos de Vox se han limitado a observar desde la barrera cómo el resto de aspirantes, a la sombra la mayoría de las veces de sus líderes nacionales, entraban en una guerra dialéctica sin cuartel, y en clave de Estado. Chacón advierte contra la tentación de creer ver exclusivamente en este partido una pista de aterrizaje para el «voto rancio» porque sólo con ciudadanos de talante ultraconservador y extremista sería impensable llegar a acumular casi 400.000 apoyos.

Al hablar de descontentos los electores de Andalucía responden a patrones muy variados. Desde el desempleado de larga duración hasta el licenciado universitario que se ha quedado estancado con un sueldo que no llega a los mil euros, pasando por la clase media harta de la corrupción –los comicios se celebraron en pleno juicio por el 'caso de los ERE'– y de ser gobernada siempre por los mismos. Vox, de hecho, ha logrado buenos resultados en barrios degradados, en municipios con una población inmigrante muy elevada y en zonas con un nivel de vida medio-alto.

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