La incertidumbre económica marca el fin de la campaña en Asturias

Colocación de urnas en el centro municipal de El Coto, en Gijón, para la jornada electoral de mañana. / JOAQUÍN PAÑEDA
Colocación de urnas en el centro municipal de El Coto, en Gijón, para la jornada electoral de mañana. / JOAQUÍN PAÑEDA

La descarbonización y la crisis demográfica son los grandes retos tras el 28-A, pese a que la pugna entre izquierda y derecha lo ha oscurecido todo

ANDRÉS SUÁREZ OVIEDO.

Las generales de mañana no son unas elecciones cualquiera para Asturias. Y no, no es un tópico. Todos los comicios son importantes, desde luego, pero lo que esta vez está en juego no es la conclusión más o menos apresurada de una infraestructura, por importante que sea, o el impulso de un acuerdo sobre el modelo de financiación, sin duda alguna relevante para el sostenimiento de las finanzas regionales. De este 28-A saldrá el Gobierno que deberá gestionar dos asuntos capitales para el futuro de la comunidad: la transición energética, cuyo desarrollo lleva aparejado un cambio en el modelo económico y también social del Principado, y la sangría demográfica, ante la perspectiva no demasiado lejana de un territorio con una población escasa y envejecida. Son dos debates de calado de los que se ha discutido en esta campaña que acaba de terminar, aunque sin duda mucho menos de lo que su importancia requeriría, en un clima tremendamente polarizado entre izquierda y derecha -sobre todo por el empuje de Vox- en el que la política nacional, y sobre todo el conflicto territorial y Cataluña, han oscurecido las prioridades de las autonomías.

Ha sido una campaña extraña. Con un contenido real escaso y muy marcada por la ideología. Desde el sector de la izquierda el discurso ha girado en torno al riesgo de la irrupción de la extrema derecha, donde se ubica a Vox, al tiempo que PSOE y Unidas Podemos se peleaban entre sí por atraer el mayor caudal de votos del espectro progresista. Por la derecha el mensaje ha pivotado sobre la urgencia de desalojar a Pedro Sánchez de la Moncloa, a la vez que PP, Ciudadanos y Vox competían por atraer al electorado crítico con estos diez meses de gobierno socialista.

En esa competición entre dos bloques, el conflicto territorial se ha erigido en principal herramienta de combate, con la derecha acusando a la izquierda de ceder a las pretensiones de los independentistas catalanes y con los socialistas intentando quitarse de encima ese sambenito y presumiendo de que solo la combinación de firmeza y diálogo permitirá desatascar el embrollo. La suma de esos dos factores, ideología y crisis territorial, ha desembocado en que muchas de las cuestiones prioritarias para la ciudadanía se hayan visto relegadas al segundo plano.

Más elecciones generales

Como muestra, un botón. En esta campaña en que también las formas de hacer política han cambiado, dejando a un lado los grandes eventos públicos en favor de actos sectoriales más modestos que sirven como percha para explicar distintos puntos de los programas electorales, solo dos fuerzas, PSOE y Vox, han convocado grandes mítines a la antigua usanza. Y en ambos las referencias a Asturias, sus problemas e inquietudes, fueron anecdóticas por parte de los primeros espadas, Pedro Sánchez y Santiago Abascal. Solo los problemas con el estatuto de la gran industria y el impacto de su demora sobre Alcoa, bajo amenaza de cierre, pusieron el foco sobre Asturias.

El resultado de mañana, y el Gobierno que se forme a continuación, influirá mucho en asuntos cruciales para Asturias. Algunos son genéricos y afectan más o menos por igual a los ciudadanos de las distintas comunidades, caso de la política fiscal o la financiación autonómica. Otros tienen que ver con la satisfacción de demandas históricas, como la conclusión de la variante de Pajares. Y un tercer bloque responde a hechos propios de la realidad del Principado en los que urge acertar porque está en juego el futuro de la comunidad. La transición energética y la demografía son los dos más relevantes.

Las políticas que en ambos casos se apliquen en los próximos cuatro años son decisivas. En el primer caso, porque la descarbonización está llamada a cambiar el modelo económico de una comunidad muy asentada sobre la industria que necesita nuevas oportunidades que explotar si no quiere que su PIB palidezca. En el segundo, ligado al anterior, porque si no se invierte la actual tendencia de pérdida y envejecimiento de la población, la desertización demográfica acecha al fondo del camino.