«Es una oportunidad para la cerveza»

Agua de Borines deja de embotellar y dedicará toda su producción a la elaboración de cerveza: «La covid ha precipitado un cambio muy meditado»

María Silva, representante de la sociedad Artesanos Cerveceros de Asturias, al frente de la marca Ordum. /Xuan Cueto
María Silva, representante de la sociedad Artesanos Cerveceros de Asturias, al frente de la marca Ordum. / Xuan Cueto
Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGA Gijón

Las botellas de agua de Borines desaparecerán paulatinamente porque la empresa piloñesa que lleva ofreciéndolas desde 1873 cesa la actividad. La covid y los cierres de la hostelería han sido las gotas que han colmado el vaso, pero no las que lo han llenado: competir en un mercado en constante evolución también ha influido. Agua de Borines envasaba agua mineral en envases retornables y enfocaba exclusivamente su producción a la hostelería, peleando por superar a otras aguas que suelen ir amparadas por una empresa de cerveza o refrescos. Ese ha sido un factor determinante a la hora de tomar la decisión. Durante los próximos meses venderá el 'stock' almacenado y debajarán de embotellar.

Pero Agua de Borines no desaparece. Cesa el embotellado, sí, sin la pretensión de retomarlo cuando la situación se normalice por los elevados costes que ello supondría. A partir de ahora, centrará todos sus esfuerzos en la elaboración de cerveza y en potenciar el balneario como espacio de encuentro para la cultura, con conciertos, presentaciones de libros y catas en la lista de posibles. «Cuando se abre la parte de cerveza, ya se le ve más futuro que a la del agua», confiesa Juan García Rojo, gerente de la sociedad Artesanos Cerveceros de Asturias, cuya marca es Ordum y en su elaboración emplea agua de Borines. «La situación ha precipitado una decisión muy meditada», reconoce.

El cambio se hará de forma ordenada «y con la voluntad de no dejar a nadie, ni trabajador ni proveedor, de lado», asegura, al tiempo que incide que a Pedro Cepeda, presidente del consejo de administración de Agua de Borines, le preocupa mucho la parte personal y que entre jubilaciones y reorganización se podrán mantener los empleos.

«A nosotros, como marca hermana, nos da pena, pero lo cierto es que el cambio es una oportunidad para la cerveza», asume García Rojo. Las instalaciones que hasta ahora compartían agua y cerveza pasarán a ser exclusivamente para la segunda, que ya contaba con una estructura importante, posible gracias al trabajo de un equipo de siete personas. El nuevo espacio de almacenaje será fundamental.

Los esfuerzos irán destinados a crecer. «Nos interesa distribuir nuestro producto en provincias limítrofes y exportarlo fuera de España. La cerveza artesana asturiana está a un nivel que lo permite», apunta el gerente, que confiesa que prefiere hablar de microcervecería a hacerlo de artesana porque «se asume como algo rudimentario cuando no lo es. Nosotros tenemos la última tecnología y vamos a aprovechar la renovación para invertir en nuevas máquinas de llenado y refrigerado de la cerveza. Para lograr todos sus objetivos, se apoyarán en la red de distribuidores de Agua de Borines.

Cultura en auge

El 70% de la producción de Ordum se vende a hostelería regional, que, según García Rojo, ha cambiado el 'chip' cuando de cerveza se trata debido al boom de empresas y productos de calidad. «Antes tenías suerte si encontrabas un establecimiento con dos grifos de cerveza, mientras que en Europa era raro ver menos de cinco incluso en el pub más pequeño. Ahora ya se interesan por ofrecer mayor variedad y diferenciación», explica, comparando la situación actual de su sector con lo que vivió el vino hace unos años, antes de agruparse en marcas de garantía.

Ordum tiene tres referencias en el mercado –red ale, stout y lager–, cuya elaboración completa requiere entre cuatro y seis semanas de media. Todas son de trago largo, pensadas para el gran público, de carbonatación natural y elaboración mimada al detalle.