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«Aún vendemos algo de vino a granel, es una costumbre»

Julia Álvarez, tras el mostrador de la tienda./Arnaldo García
Julia Álvarez, tras el mostrador de la tienda. / Arnaldo García

Tres cuartos de siglo lleva este negocio en el centro de Gijón, testigo del cambio de actitud de los clientes con el etiquetado

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

Bodegas Zapata cumple este mes 75 años. Casi nada. Este negocio ubicado en la céntrica plaza de Europa, de Gijón, ha visto prácticamente de todo a lo largo de sus tres cuartos de siglo de historia. Cuando abrió, en 1944, los gijoneses demandaban vino a granel y eran los niños pequeños los que bajaban a buscarlo por orden de sus mayores. Lo recuerda bien Julia Álvarez, hija de uno de los fundadores, que empezó a ayudar a sus padres en la tienda en 1958 cuando apenas contaba 14 años. Álvarez ya se ha jubilado y ha cedido el testigo a la siguiente generación, la tercera, que cogió las riendas en 2007, pero su vida siempre estará ligada a la bodega. Allí la entrevistamos.

Volver a casa. «Mi padre, Andrés Álvarez, era de Zamora, pero mi madre era asturiana y siempre quiso volver a casa. Cuando yo tenía dos años, hicimos las maletas y nos mudamos a Gijón, donde mi padre y un socio que se apellidaba Zapata montaron el negocio. Yo me vine tan pequeña que apenas recuerdo cosas que no sean de Asturias. Entraba muchísima gente a la tienda en busca de licores y vino a granel. Los clientes se llevaban barriles pequeños y pellejos llenos. Además, suministrábamos bebida a bares y restaurantes de toda la ciudad: el Bar Toledo, La Pipa, Casa Manuela, el Mariñán, Las Colonias, El Caballito... Y hasta el Club de Regatas».

Bebida al peso. «Antes, hablo de mediados del pasado siglo, el coñac nos llegaba en barriles de 600 litros y se iba vendiendo poco a poco, pero sin pausa. Hasta la granadina, que no era algo que se bebiera mucho, se comercializaba en unas cantidades asombrosas. Teníamos anís, ron... Todo lo que se acostumbraba a beber entonces. El vino tinto, al principio, lo traíamos de Zamora, pero después y aún hoy, lo traemos de Yecla (Murcia). Los blancos llegaban de Bollullos Par del Condado (Huelva). Recuerdo ver camiones repletos de cubas de vino aparcados delante del negocio».

Vino sin etiquetas. «Recuerdo a mis padres embotellando, algo que antes se podía hacer sin etiqueta ni nada. El cliente de entonces primaba la relación calidad-precio en la bebida que consideraban básica. Por lo general, no había grandes aficionados que antepusieran cuestiones, digamos, más técnicas. Las cosas empezaron a cambiar hace unos 30 años y cambiaron definitivamente cuando entró en el negocio la siguiente generación, es decir, mi hijo y su mujer, Montserrat Sáez, en el año 2007. Desde entonces, el cliente que entra ya busca cosas muy concretas y quiere saber qué es exactamente lo que se lleva. De ahí la renovación de nuestro espacio. Dejamos atrás el almacén para poner estanterías y hacer un negocio más tipo tienda, en el que se vieran las botellas más fácilmente».

Es tendencia. «Tenemos hoy en día más de un centenar de referencias que van desde vinos de Rueda, Rioja y Ribera del Duero, hasta sidras y vermús de origen asturiano, y mantenemos los licores. Es decir, ofrecemos de todo un poco en función de lo que demanda el cliente, pero ya no suministramos a restaurantes. Ahora somos una tienda al uso. Todavía vendemos algo de vino a granel, aunque poco, también debido a que es más fuerte. Hay quien aún viene con su botella para rellenar porque lo lleva haciendo toda la vida, es su costumbre desde hace 60 años y la mantiene. Una novedad del mercado en este sentido, lo digo entre comillas, son unos 'bricks' de vino con dispensador incorporado. Son algo así como el granel moderno y hay quien lo prefiere porque dentro el vino se conserva bien y es más práctico que la botella».

Mercado cambiante. «Intentamos estar al día de todas las novedades. Este sector está en continua evolución y no dejan de salir caldos nuevos. Nosotros tratamos de no perdernos nada y de renovar nuestra oferta manteniendo una misma línea de trabajo, la cual tenemos bien definida. El turista sí que viene preguntando por sidra, que es lo que ha tomado durante las vacaciones y pretende llevarse a casa. El cliente local viene en busca de botellas que sabe que le gustan, pero también de cosas que aún no haya probado».

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Gijón, Vino