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«Los jóvenes demandan sabores más afrutados»

Rubén Provedo, con una botella y una copa de Bordón./Damián Arienza
Rubén Provedo, con una botella y una copa de Bordón. / Damián Arienza

Rubén Provedo, enólogo de Bodegas Franco-Españolas: «Ojalá llegue el día en que se deje de vincular al vino con la gente de mayor edad, es uno de nuestros objetivos»

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

Rubén Provedo, nacido en San Sebastián y criado en Burgos, lleva un año y medio siendo el enólogo de Bodegas Franco-Españolas, una empresa con 128 años de historia que acaba de cambiar totalmente la imagen de su insignia, Bordón. «Quiero redescubrir este vino al mundo», explica el experto, que lleva elaborando caldos veinte años. Provedo, cuya carrera le ha llevado a vivir en Nueva Zelanda, Suráfrica, Chile y Argentina, estuvo ayer en la colegiata de San Juan Bautista de Gijón. Dirigió una cata vertical del vino Bordón Gran Reserva en sus añadas 1978, 1998 y 2008 en la que anunció «lo buenos que vamos a ser en el futuro».

Vinos del siglo XXI. «No vamos a cambiar nuestro proyecto, sino que vamos a identificarlo, poco a poco, con los nuevos tiempos. Mantendremos nuestras señas de identidad en cuanto a color, sedosidad y equilibrio, siempre sin perder la elegancia, que es fundamental, pero identificando el producto con los nuevos públicos. Hay que tener presente que los jóvenes demandan toques más afrutados, mientras que sus padres preferían lo secante. El público ha cambiado mucho porque, además, ahora las chicas tienen mucha más presencia. Es posible encandilar a todos los públicos con un solo vino».

España y Francia, de igual a igual. «Francia ha sido muy importante en el mundo del vino en España. Son los que nos enseñaron a hacer esta tipología de vino, la verdad, pero ahora los alumnos hemos superado a los maestros. Rioja es hoy en día un sello igual de potente que Burdeos o Borgoña. Fueron nuestros vecinos los que vieron lo favorable de nuestro territorio. Estamos en un valle profundo; tenemos un clima diferente, templado. Todo esto provoca ciclos de maduración muy largos, lo cual nos confiere una suavidad particular».

La gastronomía del vino. «El vino fue antes que la cocina. ¿Qué pasa? Que ha tenido un recorrido publicitario más corto que esta. Mi padre era chef, un trabajo sumamente difícil, desagradecido y duro, que supone mucho estrés. Las circunstancias han cambiado y ahora el vino y la cocina vamos de la mano, algo que no solo está sucediendo en España. Tengo una cosa muy clara: que un restaurante español tiene que tener fabes de Asturias, vinos de Rioja y aceite de oliva de Jaén, es decir, lo mejor del país, porque, así, cuanto mejor le vaya al cocinero, mejor le irá al productor de fabes y a los aceituneros andaluces».

Nuevos maridajes. «Me parece bien que el cliente decida probar cosas nuevas, porque experimentar siempre está bien. Hace falta gente con inquietud. Los últimos 20 años, el mundo del vino se ha sometido a una revolución impresionante, exponiéndose a la gente joven para atraer a nuevos públicos, así que cuando veo maridar comidas con cerveza o destilados pienso que cada uno es libre de elegir comer un pollo con orujo. También creo que si alguien es así de salvaje, acabará, tarde o temprano, eligiendo Bordón porque le va a sentar mejor».

El vino no es cosa de mayores. «Ojalá llegue el día en que se deje de vincular al vino con la gente de mayor edad. Aún no es un hecho, solo un objetivo. Nosotros hemos cambiado recientemente de imagen y, ahora, cuando ves una caja de Bordón, llaman la atención los colores rojo y naranja y un eslogan que reza 'Descaradamente clásico'. ¿Eso es de alguien que tiene ciento y pico años? En Bodegas Franco-Españolas todos los directores tienen menos de 45 años, somos jóvenes, descaradamente jóvenes». (Ríe)

Descaradamente clásicos. «Vivimos en el hoy. No nos dirige nadie de mayor edad que impone qué es lo que quieren beber los jóvenes, ahora somos nosotros los que decidimos qué queremos. Esa es nuestra línea. Creemos en la reconversión de la cerveza hacia el vino, pero tampoco digo que siempre haya que beber vino. Creo que hay momentos para todo, pero, para comer, por ejemplo, considero que es mucho mejor el vino que la cerveza por el simple hecho de que no llena. El vino es siempre más divertido que la cerveza».

La química del vino. «Enfoqué el final de mi carrera de Química hacia la alimentación y me especialicé en enología y en viticultura. Para mí lo más importante en mi profesión es la química, porque, como un médico, cuando cato un vino sé perfectamente lo que le pasa, lo que podría haber hecho con él antes para no llegar a ese momento y lo que podría hacer en el futuro para que se conserve mejor. Hay que saber anticiparse a la reacción, pienso yo».

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