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La Confitería La Playa vuelve a casa

La Playa vuelve a casa
El equipo de La Playa, con Inés Villaverde al frente -en el centro-, posa en el nuevo local de la calle Corrida, 61. / Arnaldo García

El establecimiento gijonés 'padre' de las princesitas regresa al local de Corrida 61 tres años después de mudarse por obras a la calle Libertad, donde mantendrán el obrador

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

La Confitería La Playa cambió de local hace tres años -la semana pasada los cumplió- para no interferir en las obras de reforma integral de su edificio tradicional, el número 61 de la calle Corrida. Pero en realidad el negocio nunca se fue del todo. Primero, porque lleva formando parte de la arteria central de Gijón desde 1938 y desprenderse de su recuerdo cuesta, y segundo, porque el traslado apenas fue de 50 metros. El establecimiento ha estado las últimas tres temporadas en el número 30 de la calle Libertad. Hasta ahora. Mañana, volverá a atender a sus clientes en el 61 de Corrida. Eso sí, lo hará de una forma especial por tratarse de una reapertura. A partir de mañana, el negocio volverá a la normalidad manteniendo su horario comercial habitual.

El establecimiento, a cuyo cofundador Ambrosio García se le deben las emblemáticas princesitas, mantendrá en la calle Libertad el obrador. En Corrida estará la tienda, que «estructuralmente está igual, pero que ahora se presentará al cliente de una forma más actual», explica Inés Villaverde, cuarta generación del negocio. Para empezar, la 'nueva' La Playa es más grande y espaciosa y está a nivel de calle.

Los trabajadores, 13 en la actualidad (si bien en temporadas clave del año su número aumenta), se repartirán, claro, entre el obrador y la tienda. «Todos estamos muy ilusionados y con muchas ganas», resume Villaverde, al tiempo que recuerda que, aunque haya mudanza e inauguración, «lo fundamental sigue siendo lo que hay dentro. Todos estamos decididos a seguir mejorando y, a fin de cuentas, a continuar aprendiendo porque esto es una carrera de fondo y no debemos perder el foco». Lo fundamental a lo que hace referencia la cuarta generación al frente de La Playa es a seguir cuidando la calidad de sus elaboraciones y continuar adaptando dulces antiguos. «Tenemos un libro traducido del alemán del que nos gusta ir recuperando fórmulas. Las adecuamos al presente variamos, por ejemplo, las cantidades de azúcar. Creo que es interesantísimo valorar el bagaje de años pasados y luchar por no perderlo», apunta Villaverde, ajetreada por encontrarse resolviendo los últimos flecos de la mudanza.

No es la primera vez que La Playa hace las maletas para mudarse a la céntrica calle Corrida. No hay que olvidar que el negocio abrió sus puertas frente al Cantábrico -de ahí el nombre- y que 17 años después fue cuando sus responsables decidieron trasladarse a Corrida, también cerca de la playa, pero ya no a pie de mar. «Muchos piensan que fue por la guerra, pero no. El cambio de ubicación acaecido en 1938 se debió a los problemas con el agua que había en el local», cuenta la heredera.

La Playa, un emblema por tradición, testimonio y por haber creado un dulce propio que supone una historia en sí mismo, abrió sus puertas en 1921. O sea, que en solo dos celebrarán su primer centenario. Para entonces, el equipo quería haber vuelto ya al local donde han escrito la mayoría de los capítulos de su historia. Lo han logrado así que, una vez se hayan instalado, y «recuperado la normalidad», toca pensar en qué hacer para celebrar cumplir semejante número de años. «No hemos pensado en nada todavía, pero lo que tenemos muy claro es que queremos festejarlo con los clientes que lo han hecho posible», apunta Inés Villaverde.

Cada celebración a su tiempo. Lo que toca por el momento es conmemorar que La Playa vuelve a su casa. Hogar, dulce hogar. Y en este caso, nunca mejor dicho.