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HHH, tres generaciones provocando sonrisas

HHH, tres generaciones provocando sonrisas
Rubén Fernández Solís, con uno de sus helados. / Tarek Halabi

Heladería Hermanos Helio superó en 2017 los 12.000 litros de helado

Carmen Ordiz Pérez
CARMEN ORDIZ PÉREZ

Último domingo de mayo de 1935. Juan José Heliodoro Fernández González sale por primera vez a vender helados en la fiesta de las flores de Bañugues. Su etapa de servicio militar (donde coincide con un valenciano que le habla por primera vez de la posibilidad de negocio) su fin en el mundo de la minería en el año 1934 y la temprana viudedad de su madrina, a quien debe ayudar, impulsan la decisión de este joven bañuguero. A esto se le suman las enseñanzas de Antonio Guillén, fundador de Los Valencianos, como pistoletazo de salida de la actual Heladería Hermanos Helio.

Inicia su andadura profesional como heladero vendiendo en fiestas y romerías, a las que asistía con unas garrafas concéntricas en cuyo centro se echaba hielo y sal, y se elaboraban lo que se denominaban 'helados del día'. En el año 1944 abre la primera tienda física y se implican en el negocio sus siete hermanos. Se elige Candás como sede, por su fuerte industria conservera y por la facilidad de conseguir hielo gracias a Conservas Herrero Hermanos, quienes contaban con fábrica propia.

A la tienda del muelle de Candás se le suma un carro en la plaza de La Baragaña, donde en 1952 inauguran la segunda tienda física. Se trataba de un antiguo bar con habitaciones, donde pusieron un pequeño mostrador para vender sus helados. Pero no será hasta el año 1963 cuando deciden dedicarse en exclusiva a la heladería. Trescientos sesenta y cinco días después, inician la expansión y abren su primer local en Luanco, en los aledaños del ayuntamiento. Los setenta vienen cargados de innovación: llegan las primeras cámaras frigoríficas, los motocarros y dos furgonetas nuevas para la venta ambulante. También abre sus puertas la segunda heladería de Luanco, frente a la confiteria Manzano.

Rubén Fernández Solís, sobrino de Heliodoro Fernández González, se incorpora al negocio familiar en los ochenta. «Aunque oficialmente me puse tras el mostrador en esa fecha, yo nací allí. El obrador estaba justo debajo de mi habitación y crecí aprendiendo el oficio. En 1985 empecé a ir a Luanco con la furgoneta, en el 93 me trasladé a La Baragaña y, desde 1997, soy el administrador de la empresa», explica Rubén Fernández Solís.

En la actualidad, esta empresa familiar asturiana produce más de 12.000 litros anuales, cuenta con 21 trabajadores y un total de cinco locales entre Candás y Luanco. Recientemente, suman al negocio el concepto 'foodtruck', con mucha demanda en el sector de eventos y bodas. «Lo importante es ir dándole al consumidor opciones. Recuerdo los 80, cuando empezaban a anunciarse los productos industriales en televisión. La gente venía a pedirnos un Mikolápiz. Nosotros decidimos que debíamos innovar para sobrevivir. Ahora son ideas que pasan desapercibidas, pero el helado de arroz con leche o los conos de chocolate fueron un auténtico boom. La única forma de luchar contra los grandes era dar cosas diferentes y sabores nuevos a los clientes», recuerda Fernández Solís.

Se puede decir que han conseguido su propósito con creces. Rubén Fernández Solís conforma la tercera generación de Heladerías Hermanos Helio. Un templo del helado con nombre propio que se ha ganado el paladar de todo aquel que lo ha probado.

 

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