'El Elogio' vuelve a su origen en imágenes

Eduardo Chillida, fotografiado por Jesús Uriarte, en el proceso de producción de la obra, aún una maqueta. /Jesús Uriarte
Eduardo Chillida, fotografiado por Jesús Uriarte, en el proceso de producción de la obra, aún una maqueta. / Jesús Uriarte

El Antiguo Instituto mostrará el proceso de creación de Chillida con fotografías de Jesús Uriarte | El fotógrafo documentó el trabajo del artista en diferentes proyectos, incluido el de Gijón. El jueves se inaugura

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Aquel día llovía. La primera vez que Jesús Uriarte (Pasajes de San Juan, 1948) vio y fotografió el cerro de Santa Catalina caía agua. Pero, ni los impermeables ni los paraguas le impidieron ver la realidad, la misma que había conquistado a Eduardo Chillida y le había convencido de que en Gijón, mirando al Cantábrico, debía estar el 'Elogio del Horizonte': «Es un lugar impresionante», dice hoy, rememorando un ayer que se le antoja lejano. «Tengo muy mala memoria», se justifica. Y ha llovido mucho desde aquellos días a caballo entre 1989 y 1990 en los que viajó cada dos semanas desde San Sebastián a Gijón para ver cómo la inmensa escultura de hormigón que hoy es un símbolo se hacía realidad. «Desde que empezó el trabajo, Eduardo tenía una preocupación: la escala. Le de daba mil vueltas, respiró cuando lo vio hecho, porque es cierto que acertó, es una pieza que de cerca es descomunal pero vista desde fuera no lo es tanto», afirma Jesús Uriarte, que ha vuelto a bucear en sus archivos de diapositivas de aquellos tiempos previos a la inauguración de la obra, en junio de 1990, para organizar la exposición que el próximo jueves abre sus puertas en el Antiguo Instituto de Gijón (19.30 horas) para quedarse hasta el 11 de noviembre.

Son cincuenta imágenes, que de forma cronológica van narrando cómo se hizo la obra. Hay una copia de gran formato, de metro y medio por metro y medio, y el resto se imprimen en 50 por 50 y 75 por 75. «En ellas se ve cómo va avanzando el proceso, cómo pasa de poliespán a madera, y de ahí el encofrado de cemento», detalla el fotógrafo guipuzcoano, que no olvida que el artista mantenía una magnífica relación con los carpinteros y con todos los obreros que colaboraban con él. «Estaba siempre encima, era un hombre muy implicado en todos sus trabajos».

«Este fue el proceso que seguí más de cerca, también es la escultura más monumental de tamaño y por eso fue el más largo», rememora hoy Uriarte, que comenzó a fotografiar el trabajo de Chillida cuando este estaba montando el 'Peine de los Vientos' en San Sebastián en 1977. «Yo era muy joven, hacía fotografía, pero no era profesional, fueron las primeras fotos que le hice, luego empecé a trabajar en esto», explica. Y la relación con Chillida se estrechó, hasta el punto de que su cámara captó el 'making of' de obras públicas como las de Guernica, Barcelona, Berlín o Munster. También fotografió al creador en su estudio y siempre se encargó de retratar sus obras para exposiciones y publicaciones. Por eso le conoció a fondo, por eso sabe bien cuánto amaba Chillida a su 'Elogio' y cuántos años pasaron desde que su idea se pudo concretar en Asturias. «Tenía la idea desde hacía tiempo, y estuvo buscando la ubicación prefecta», relata. No olvida que había tres o cuatro variantes de la misma pieza, pero al final optó por la que luce en la atalaya gijonesa. «Estaba encantado el día de la inauguración, fue un proceso muy largo», concluye el fotógrafo.

Arriba, Uriarte y Chillida, en Berlín. Abajo, montaje del 'Elogio' y Chillida en el proceso final de obras. / Jesús Uriarte

Días atrás ha vuelto a Gijón Jesús Uriarte y ha vuelto recorrer los lugares que entonces frecuentó con Eduardo Chillida. «Íbamos a comer a Zabala, el otro día estuve y ha cambiado», dice. No tenían queja los dos vascos de la gastronomía asturiana. La disfrutaban en aquellos viajes. Hoy añora Uriarte al artista y al amigo y piensa en lo que él habría pensado de estar aquí. «Me encantaría que Eduardo pudiera verlo ahora, está fenomenal, se mantiene como él quería, sin intervención». Porque ese recuerdo está muy presente, el de la insistencia del artista en que no hubiera mayores intervenciones en la zona, ni bancos ni luces ni nada que pudiera distraer la mirada sobre el horizonte, sobre el siempre impresionante mar Cantábrico y sus aledaños.

Licenciado en Ciencias Económicas, durante sus estudios Uriarte empezó a interesarse por la fotografía y a practicar la que acabaría por convertirse en su profesión. En sus más de cuarenta años de oficio ha ejercido como fotoperiodista en revistas y diarios como 'Ere', 'Egin', 'Berria' o 'El País', medio en el que trabajó desde su fundación hasta la jubilación. Durante su carrera compaginó el trabajo en prensa con colaboraciones con personajes importantes de la escena artística y cultural de San Sebastián. Pero fue con dos de ellos, con Andrés Nagel y Eduardo Chillida, con quienes el contacto fue más cercano, a quienes podía llamar amigos. «Tenía una relación muy estrecha con Eduardo, imagínese que me dejaba las llaves de su estudio, y ya sabe que a los artistas no les gusta que en sus estudios entre nadie», confiesa.

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