De Nueva Jersey al albero gijonés

Los niños, durante el taller de fabricación de las banderillas. /DAMIÁN ARIENZA
Los niños, durante el taller de fabricación de las banderillas. / DAMIÁN ARIENZA

Rodrigo Tambutti pudo conocer a Juan José Padilla en el taller taurino de El Bibio | Sesenta niños aclamaron al torero, quien les ayudó a confeccionar sus propias muletas y banderillas unas horas antes de las corridas de la tarde

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

Aunque Juan José Padilla se despidió por la tarde de los gijoneses con su última corrida en El Bibio, el cariño del público ya lo tenía en el bolsillo desde por la mañana. El carismático torero acudió a un taller infantil, organizado por la Fundación Víctor Barrio, que congregó a unos sesenta niños de todas las edades en la plaza gijonesa. Allí se dio el jerezano un baño de masas, siendo aclamado por padres e hijos y ayudando a estos últimos a confeccionar su propia muleta o sus banderillas. Todo ello, por supuesto, aderezado con decenas de fotografías, selfies y firmas para el recuerdo.

La mañana fue especialmente emocionante para un niño de 10 años que, habitualmente, vive muy alejado de la tauromaquia y sus peculiares señas de identidad. Se trata de Rodrigo Tambutti Soto, que reside en Nueva Jersey pero todos los veranos acude a Gijón de vacaciones. Y, con él, el gusanillo del toreo inculcado por su abuelo materno.

«Me gustan mucho y todos los años suelo venir a la novillada y al rejoneo. Esta tarde tengo muchas ganas de ver a Roca Rey», reconoció el pequeños, que además disfruta volviendo a Estados Unidos para contar a sus amigos las experiencias del coso gijonés. Sus allegados, algo morbosos, le suelen preguntar si ve cogidas durante sus sesiones de tauromaquia. «Ayer pasó tres veces», replicó aludiendo a la novillada.

Precisamente Rodrigo y su hermano fueron dos de los veinte niños agraciados en el sorteo de entradas para las corridas de la tarde. Una corrida en la que destacaría Padilla, que se mostró muy satisfecho con iniciativas como las vividas en la mañana de ayer.

«Todos empezamos haciendo nuestras propias muletas de algunas telas que había en casa. Desde los cinco o seis años ya empiezas a jugar al toro con tus hermanos o amigos», rememoró el torero. «Qué mayor ejemplo que éste, con la plaza llena de niños. Hay que dar gracias a esta fundación, que año tras año demuestra en todas las plazas de España una colaboración importantísima para la fiesta», añadió. Unas sensaciones que repetiría en su despedida de la tarde ante la afición gijonesa, «siempre cariñosa y respetuosa».

A la salida del recinto, una decena de manifestantes antitaurinos se concentraron con carteles en contra de la continuidad de las corridas y de este tipo de actividades en la ciudad.

 

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