Arte con papel en el Prerrománico

Uno de los dragones de Origami Medieval y, al fondo, un visitante de la exposición. / FOTOS: ALEX PIÑA
Uno de los dragones de Origami Medieval y, al fondo, un visitante de la exposición. / FOTOS: ALEX PIÑA

La exposición pretende complementar las visitas a los monumentos de la zona y permanecerá abierta hasta el próximo 29 de septiembre | Origami Medieval recoge las mejores obras internacionales de papiroflexia

IVÁN GARCÍAOVIEDO.

El Centro del Prerrománico Asturiano es la casa de la nueva exposición, inspirada en la papiroflexia, Origami Medieval. «El origami puro implica usar papel cuadrado, sin tijeras ni pegamento», apunta Clara García, la responsable del centro. «Lo que esperamos con esta exposición es conseguir que la gente que viene a ver los monunmentos prerrománicos (San Miguel de Lillo y Santa María del Naranco) se encuentren con algo totalmente diferente, original y que seguramente no espera».

El origami muestra que incluso un papel doblado puede convertirse en una obra de arte que evoca emociones y nos hace viajar a otras épocas con dragones y caballeros. Otra característica del papel japonés, «kami», es que puede presentar distintos colores en cada cara de una lámina. Así se explica que alguna de las obras que se pueden ver en Origami Medieval tengan dos colores diferenciados pese a utilizar un único folio para su elaboración. Como en cualquier arte, en el origami -del japonés ori «doblar» y kami «papel»- existen distintas técnicas y estilos: humedeciendo el cartón, usando moldes, plegadas...

En uno de ellos, en el origami que utiliza el papel por módulos, destaca el zaragozano Jorge Pardo, una de las personas que más reconocimiento internacional tiene. «Él (por Jorge) por ejemplo hace piezas como esta, (señala una torre formada a partir de pequeños papeles plegados) que tiene 5.422 papeles doblados y donde están ensamblados unos sobre otros. Él está todo el día doblando papales por la calle, por casa, en el autobús... Cuando tiene todos los apila y monta piezas». No en vano, Jorge Pardo es invitado a las convenciones más importantes que se celebran a nivel mundial sobre papiroflexia, en lugares como Japón o Nueva York, según apunta García.

Las obras han sido prestadas por la Escuela Museo Origami de Zaragoza, «la más grande del mundo fuera de Japón», apunta la responsable del centro. Recoge desde obras sencillas a más complejas. La primera vitrina de la sala muestra desde teselaciones casi perfectas que no requieren de pegamentos, a figuras modeladas a partir de la contorsión del cartón. «Hay pocos que usen esta técnica porque doblar el cartón requiere un mayor esfuerzo físico», explica García.

Un capitel moldeado por una artista israelí preside el segundo bloque de la sala. Para su elaboración se ha utilizado una técnica de papel mojado con varias capas. «En un primer momento, humedece el cartón y una vez humedecido le da la forma y se espera a que seque. Luego tiene como una capa intermedia y otra que es la que vemos desde aquí». A su lado, la obra de un aritsta alemán que se caracteriza por «malgastar papel» en sus obras.

Al fondo de la sala, una cristalera guarda alguna de las piezas que los treinta mejores artistas de papiroflexia expusieron en la convención de Vietnam. Su colocación, no es casual. «Están alejadas de la luz del sol porque afecta al color de las piezas», señala Clara.

La exposición permanecerá en el Centro Prerrománico hasta el próximo 29 de septiembre para todo aquel que quiera visitarla. Para su clausura, los días 28 y 29 de septiembre se celebrará un taller para aprender las técnicas de repujado y labrado en cuero que se darían en la Edad Media.

Para niños

La responsable del Centro Prerrománico remarca la importancia de organizar actividades más lúdicas por el verano por la mayor afluencia de niños con sus padres: «Hemos creado una zona de plegado, de tal forma que una familia que viene a ver los monumentos del prerrománico puede dejar a los niños mientras ellos disfrutan de las visitas». Origami Medieval es, a su juicio, «la exposición más rompedora que hemos tenido en este centro», aunque no por ello no debe tener cabida en el mismo. «Es una manera de dar cabida a lo desconocido», concluye García.