El Ayuntamiento de Oviedo alerta de que el «abandono» de El Asturcón dificulta hallar un inversor

El exalcade Wenceslao López cerró El Asturcón, más de 320.000 metros cuadrados, en el año 2016. / ALEX PIÑA
El exalcade Wenceslao López cerró El Asturcón, más de 320.000 metros cuadrados, en el año 2016. / ALEX PIÑA

El alcalde Alfredo Canteli asegura que «no cejará hasta encontrar una solución que aporte retorno a la ciudad»

GONZALO DÍAZ-RUBÍNOVIEDO.

Tres años largos después de su cierre, El Asturcón pide una salida. «Tenemos que buscar una solución para el hípico que aporte un retorno para la ciudad», apuesta el alcalde, Alfredo Canteli, que estos días visitó las instalaciones y se le cayó «el alma a los pies. Aquello está muy mal, el techo de la cafetería se ha hundido, hay goteras, las pistas echadas a perder...», describe. La solución no es fácil, admite. Ha habido algunos contactos, «pero cuando la gente ve cómo está aquello, salen corriendo», resume Alfredo Canteli. Los planes del regidor para lo que fue el mayor centro hípico de España no están cerrados. En un desiderátum, «podría volver a tener actividad, albergar concursos internacionales, que funcionaron en su día, pero con calidad, porque lo que había allí eran cuatro caballinos», expone, pero no cierra puertas a otros usos. Incluso, algunos de los que barajaron sus predecesores como «un centro deportivo o para el turismo. Lo que está claro es que hay que hacer algo. No se puede dejar así y este equipo de gobierno no va a cejar hasta encontrar una solución para El Asturcón». Una que «aporte retorno y que traiga gente a la ciudad, que es nuestra prioridad».

Accesos y pasado

El alcalde no oculta la dificultad de encontrar a alguien capaz de sacar rentabilidad a una instalación ecuestre sobredimensionada -más de 320.000 metros cuadrados- y a casi media hora en coche de la ciudad. La ubicación, a los pies del Naranco, en los límites con Llanera, es uno de los grandes hándicaps del equipamiento, que solo a base de inyecciones de dinero público logró medio funcionar durante una década para entrar después en un acelerado declive hasta su clausura en 2016.

Hasta cinco intentos hicieron los predecesores de Canteli en la Alcaldía para relanzar la gestión del centro. Todos, al igual que varias negociaciones privadas, quedaron en nada. Tampoco fructificaron después los contactos con el Real Oviedo, que buscaba sitio para crecer más allá del Requexón, y no pasaron de la fase embrionaria las conversaciones con las federaciones de Tenis o los planes para dedicarlo al turismo de naturaleza.

Claro que a lo mejor, el hípico no existe. El Centro Ecuestre Municipal El Asturcón se comenzó a construir en 1997 sin que se aprobase el proyecto y sin los correspondientes permisos. Unas palabras de Gabino de Lorenzo en la prensa y un presupuesto publicado de 2,4 millones de euros le bastaron para que, la hoy extinta sociedad municipal de gestión del suelo, Gesuosa contratara los trabajos a FCC.

En enero de 1999 y cuando ya se habían gastado 12 millones (el coste final superó los 24), De Lorenzo llevó el proyecto a una sesión plenaria extraordinaria y urgente en la que ni siquiera figuraba en el orden del día el asunto. Ese fue uno de los motivos por los que, cuatro años más tarde, el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) declaró «nulo y sin efecto» el Pleno y sus acuerdos. No se volvió a intentar aprobar el proyecto.

La historia, en realidad, empieza unos años antes, con el cierre del antiguo hípico en Los Prados. De Lorenzo anunció entonces la construcción de uno nuevo en Las Caldas al que se opusieron los vecinos. Tal vez por eso, el alcalde buscó un sitio sin vecinos. Eligió una finca municipal, luego ampliada con la compra de varias parcelas más hasta superar las 30 hectáreas, en El Molinón, a orillas del río Nora.

Allí, lejos de los ojos del mundo, el hípico empezó a crecer. La Consejería de Fomento dictó una orden de paralización de las obras. El concejal de Urbanismo, José Agustín Cuervas-Mons, la ocultó (admitió haberla retirado del expediente) y la ignoró. Las obras siguieron. De Lorenzo resumió que «falta un papelín» (o alguno más porque no tenía licencia ni informe de la CUOTA ni de Medio Ambiente ni de la Confederación), pero frenó los trabajos unos meses.

El centro, que abrió sus puertas en septiembre de 1999, añadió 410 boxes para estabular caballos y pronto mostró sus carencias. El Asturcón no tenía agua, ni depuradoras, ni accesos medianamente adecuados. Los campeonatos dejaban gradas vacías y poca gente. Pero había cosas que iban bien. Los 410 boxes estaban llenos. Tenía truco, el Ayuntamiento subvencionaba dos tercios de su coste. Con las cuadras llenas, también hacía falta más personal. El Ayuntamiento primero tiró de planes de empleo (hasta 83 mozos de cuadra fueron en una convocatoria), después privatizó con FCC la gestión. El acuerdo no duró. La empresa dio la espantada en 2003 y volvieron los mozos del plan de empleo. En 2004, se convocó otro concurso para la concesión del hípico y el golf a la vez y por 40 años. Urbaser picó el anzuelo a cambio de una subvención creciente de 600.000 euros al año.

Hay quien sitúa el inicio del declive del centro en ese cambio de gestión, pero, en realidad, las primeras quejas por el deficiente cuidado de los caballos, de los boxes o de las pistas son anteriores. Las obras, pese a la desviación presupuestaria no salieron muy allá. Además de un hipódromo inservible, las condiciones de las pistas no eran las adecuadas. Solo después del cambio de la arena del picadero cubierto, pudo celebrarse el primer campeonato de salto de categoría nacional en 2005. La renovación de la de la pista exterior salió aún peor. Se hizo en 2013 y meses más tarde hubo que retirar 230 toneladas de arena y volver a empezar.

Desinterés

Los problemas se agravaron. En 2010, dos estudios veterinarios confirmaron que la deficiente alimentación afectaba a un número importante de caballos. La falta de mantenimiento de las pistas causó lesiones. Los boxes se fueron vaciando. La sangría llevó a una reducción del número de caballos estabulados del 40,8% entre 2010 y 2012. Se quedaron solo los que no podían pagar el mantenimiento de sus animales sin la subvención del Ayuntamiento.

Mantener un caballo con el servicio integral costaba 270 euros al mes, menos de la mitad de lo que se pagaba en otras instalaciones cercanas. Aún así la atención era tan deficitaria que la mayoría optaban por pagar solo el box, unos 108 euros al mes.

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