«Covadonga Romero fue una bellísima persona y una gran escultora»

Asistentes al funeral de Covadonga Romero, a la entrada de la basílica de San Juan el Real. / ÁLEX PIÑA
Asistentes al funeral de Covadonga Romero, a la entrada de la basílica de San Juan el Real. / ÁLEX PIÑA

Familiares y amigos despiden en San Juan a la destacada pintora y escultora, Medalla de Plata de Asturias, fallecida los 100 años

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

«Una bellísima persona, una gran escultora». Así definió ayer el canónigo archivero de la Catedral, Agustín Hevia, a Covadonga Romero poco antes de oficiar su funeral. Familiares y amigos acudieron ayer a la basílica de San Juan el Real a despedir a la artista, Medalla de Plata de Asturias y viuda del pintor Ruperto Álvarez Caravia.

En su homilía, Hevia destacó la «plenitud excepcional» de Romero a lo largo de «cien años de vida cristiana». Tuvo trato con ella y su familia a partir de que Romero creara la «imagen esplendorosa» del Cristo Resucitado, situada en la Catedral. Fue en 1982 a petición de la Hermandad de Defensores de Oviedo.

«Era una buena escultora y también fue profesora. Estuvo a la sombra de Ruperto, pero hay que tener en cuenta que antes a la mujer artista, que era ama de casa, se le consideraba que lo suyo era una afición», apuntó la galerista Guillermina Caicoya, responsable de la sala Nogal, donde la fallecida expuso a menudo.

Romero vivió en la casa del deán Payarinos (hoy, sede del Conservatorio), del que era sobrina nieta, y de allí la recuerda su antiguo vecino José Luis Valencia: «Como artista era muy buena, y en el trato excelente. Una persona muy cultivada».

Muchas personas del mundo artístico tuvieron un recuerdo para Romero. «Era muy agradable. Estamos escasos de escultores de principios del siglo pasado», apuntó el escultor Fernando Alba. Su condición de mujer, además, era «un valor en sí mismo, llevar a cabo una vocación así en aquellos tiempos era dura», subrayó.

«Junto con Maruja Moutas, Amparo Cores o Pepa Osorio formaban un grupo muy interesante. Lo siento mucho», refirió el artista plástico Bernardo Sanjurjo, que coincidía con la fallecida y su marido en casa del hermano de este, el filósofo Pedro Caravia.

Entre las obras de Romero destaca el busto del padre Vinjoy. Regino Chiquirrín, responsable jubilado de la Pastoral del Sordo en Asturias y autor de una biografía de Vinjoy, recordó que la artista le confesó que para realizar la pieza se había inspirado en el pintor Augusto Junquera.

Aunque a la sombra de Caravia, recibió la Medalla de Plata de Asturias en 2004. Vinculada a la primera generación de artistas mujeres que irrumpió con fuerza tras la guerra civil, fue condecorada junto a Maruja Moutas y Mercedes Gómez-Morán.

El concejal de Cultura, Roberto Sánchez Ramos, lamentó su fallecimiento: «Hemos perdido una persona importante para la cultura asturiana. Nos queda su recuerdo y su gran trabajo», dijo.

Romero era madre de dos hijos, Elena, que es restauradora y Ruperto, que fue uno de los descubridores de la cueva de Tito Bustillo.

 

Fotos

Vídeos