La reforma del Auditorio obligará a trasladar la programación al Campoamor y al Filarmónica

La reforma del Auditorio obligará a trasladar la programación al Campoamor y al Filarmónica
La sala central del Auditorio Príncipe Felipe, durante una de las actuaciones de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). / ÁLEX PIÑA

El concejal de Cultura asume que el número de actividades musicales en la ciudad disminuirá por cuestiones de «aforo» y «disponibilidad»

ALBERTO ARCE

Las obras de reforma del Auditorio Príncipe Felipe que adecuarán el espacio a la normativa vigente de protección contra incendios están cerca de convertirse en una realidad. Tras casi dos décadas en funcionamiento y después de que hace un año y medio saltasen las alarmas, ya solo falta que los técnicos de la sección de Edificios den el visto bueno y se presente el cronograma de la obra. La reforma, valorada en 2,2 millones de euros, abarcará cuatro meses y mantendrá al menos seis semanas el inmueble cerrado al público, «una temporada que va a afectar inexorablemente a su normal funcionamiento» en la que la programación cultural del Auditorio tendrá que trasladarse al Teatro Campoamor y al Filarmónica, explicó ayer el concejal de Cultura del Ayuntamiento, Roberto Sánchez Ramos.

«Estamos esperando la entrega del proyecto definitivo y el desarrollo del mismo. Nuestra intención es que la programación, sobre todo la musical, se resienta lo menos posible, pero el cierre temporal de las salas de conciertos nos obliga a estudiar espacios alternativos», señaló el edil de Izquierda Unida. «Tanto los programadores como la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) y las autoridades estamos pendientes de ese cronograma para poder comenzar a tramitar la alternativa», recalcó. Sin embargo, por otra parte aclaró que tras el período veraniego «habrá que programar» en función de la disponibilidad de las salas alternativas y «no como si ahí no hubiese pasado nada», pues, según sus palabras, las orquestas podrían llegar y verse sin espacio para sus actuaciones.

En un principio, ese «problema» no existiría de llevarse a cabo las primeras y más complicadas labores de remodelación -la recuperación del tratamiento ignífugo de la estructura de la cubierta sobre las salas de conciertos y la ampliación de la red de rociadores durante- durante los meses de verano, cuando se cierra casi por completo el calendario de actividades previstas. Pero el tiempo apremia y la actual situación del presupuesto municipal, en déficit, podría dilatar el proceso de licitación y contratación de los trabajos hasta pasadas esas fechas.

En ese sentido, Sánchez Ramos también avanzó que el número de actividades previstas para el Auditorio, reorganizadas para entonces en los dos grandes teatros de la ciudad, «disminuirá», dadas sus propias necesidades de aforo y disponibilidad. En cuanto al primer punto, expuso, porque los abonos para los Conciertos del Auditorio y para las Jornadas de Piano «superan los 800», un número ligeramente mayor al de butacas disponibles en el Filarmónica (720 en total). «En el Teatro Campoamor no habría ese problema», pero cuenta con menos fechas libres durante la temporada, comentó.

A pesar de todo, entre otras medidas como la apertura de una doble salida de evacuación a la calle Faustino Roel, la remodelación permitirá elevar el aforo máximo hasta 4.000 personas. La división sectorial del vestíbulo permitirá calificar su superficie como de riesgo mínimo y recuperar el uso de estos casi 2.223 metros cuadrados en planta, antes utilizados para expositores en congresos, siempre que se limiten los materiales para que tengan una carga de fuego máxima de 12.888 megajulios, es decir, una masa de madera o papel de 684 kilogramos.

El concejal, en última instancia admitió que el proceso «va a crear problemas», pero que es algo «necesario» y que «la obra, tenemos que hacerla de una forma definitiva para que en los próximos treinta años no haya ningún problema de esas características», sentenció. Además, aprovechó la coyuntura para cargar contra sus adversarios políticos al calificar de «auténtica locura» el hecho de que un auditorio «tan joven» se haya hecho «a patadas». «Es un desprecio a la ciudadanía hacer esos proyectos de esa manera, pero tenemos que echarles pecho a esas dificultades», concluyó.