«En la ópera, si pierdes la ilusión y las ganas de mejorar, se acabó el camino»

Simón Orfila, en el escenario de 'Il turco in Italia'./HUGO ÁLVAREZ
Simón Orfila, en el escenario de 'Il turco in Italia'. / HUGO ÁLVAREZ

Simón Orfila regresa el domingo al Teatro Campoamor a las órdenes de Emilio Sagi dando cuerpo y voz a Selim, el turco queRossini hizo viajar a Italia

Paché Merayo
PACHÉ MERAYOGijón

Es de esos cantantes de ópera que no llevaban un divo en la voz ni en el alma. Simón Orfila, menorquín del 76, dice de sí que es un «obrero de la escena». Uno que se pone retos cada día y que sonríe sólo con ver su agenda completa. En la página del domingo tiene una cita en Oviedo. Levanta el telón de 'Il turco in Italia', de Rossini, segundo título de la temporada del Teatro Campoamor, que estará en cartel tres días más. El 9, el 11, el 12 y el 13. Orfila y su tesitura de bajo barítono darán vida, precisamente al turco que da título, a Selim, un personaje sin aria propia que, sin embargo, le da muchas alegrías y no sale prácticamente del escenario.

–Un nuevo Rossini en su repertorio y un nuevo personaje. Dicen que es muy difícil, ¿es cierto?

–Lo es. Tiene mucha coloratura. Es decir, te exige tener una enorme capacidad para ejecutar sucesiones de notas rápidas, sobre todo cuando la vocal de una sílaba se extiende a varias notas.

–¿Pide mucho movimiento escénico?

–Sí, no paras. Si quieres, además, hacer todo lo que está escrito, es muy complicado. Pero lo más difícil está en la estructura vocal. Tienes que trabajar con las coloraturas, dividirlas en partes para que tu instrumento, tu voz, se haga a ellas.

–¿Cómo es Selim, su personaje?

–Es un poco diferente a todos los Rossini que he hecho. Está mucho tiempo en escena, pero no tiene un momento total para él, un solo, un aria. Por otro lado, es un seductor fino que gusta a las mujeres. Es en cierto modo también un chulito que va en busca de placeres en las mujeres con la mentalidad de que no pasa nada. Esa mentalidad que todavía tienen algunos hombres.

–'Il turco in Italia' es una pieza bufa. ¿Qué Rossini le atrae más, este o el serio?

–Eso es como preguntarle a un padre a quién quiere más de sus hijos. Me gustan los dos. Pero lo que más gracia tiene es que lo que para él es gracioso, para mi personaje no tiene ninguna gracia.

–Se dice que esta ópera tiene momentos mozartianos.

–Sí, claro que los tiene, con referencias a 'Cosi fan tutte', y a mi modo de ver también, y muy claras, a 'Don Giovanni'.

–¿Eso es plagio?

–Antes no había de eso. Además, lo primero que Rossini plagia es a él mismo. Aquello que le funcionó una vez, le funcionó varias veces. Pero no pasaba nada. Eran otros tiempos.

–Esta es una ópera con todos los elementos para gustar. ¿Por qué no gustó en su tiempo?

–Nadie sabe qué pasó, por qué fue. Quizá era muy moderna para la época, quizá Rossini había hecho reír mucho con las bufas anteriores. No sé. Está claro que las ideas nuevas siempre dieron un poco de miedo.

–¿Qué tal es trabajar a las órdenes de Emilio Sagi?

–Una gran experiencia. Te explica muy bien la acción. Siempre es un placer trabajar con él. Además de ser un gran director de escena que te lleva a su terreno nunca te obliga a hacer cosas que no quieras hacer.

–¿Qué queda hoy de aquel joven de 19 años que debutaba al lado de Carlos Álvarez?

–Muchas cosas, pero sobre todo la ilusión. En la ópera, como en todo, si pierdes la ilusión se acabó el camino. Lo mismo que si pierdes la intención de mejorar.

–¿Eso lo aprendió de Alfredo Kraus, su mentor?

–De él aprendí muchas cosas. Fue quien me dio el primer empujón. Yo era un niño en un coro y él me escuchó y me pidió que fuera a Madrid a recibir sus clases. Me apadrinó y me dio la oportunidad de mi vida

–Dicen que quería ser cómico y músico. ¿Cuándo ganó lo segundo?

–Probablemente cuando apareció Kraus. Pero sigo con esa vena cómica.De hecho, cuando canto en una ópera bufa soy doblemente feliz. En realidad lo soy por seguir trabajando y aprendiendo cada día. Tengo el calendario lleno y eso ya me hace muy feliz.

 

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