Restaurantes para disfrutar en pareja

El restaurante Sacha, en Madrid./
El restaurante Sacha, en Madrid.

No hace falta que sea San Valentín para disfrutar de una cena romántica pero lo cierto es que llegada la fecha, los planes en pareja apetecen mucho más

GUÍA REPSOL

No hace falta que sea San Valentín para disfrutar de una cena romántica pero lo cierto es que llegada la fecha, los planes en pareja apetecen mucho más. Aunque en estas ocasiones siempre se dice que lo único importante es la compañía, siempre ayuda que el local, la atención y por supuesto la comida, acompañen. Te proponemos hasta 12 restaurantes donde tienes garantizada una cena perfecta para dos. Solo tienes que elegir uno y disfrutar.

Los más tradicionales disfrutarán en Sinfonia Rossini, un pequeño local junto al Hotel Palace de Madrid en donde oficia el italiano Gianni Pinto. El restaurante es ya uno de los clásicos de la capital, con sus pastas caseras y su surtida bodega del país de la bota. También Sacha es otro que no decepciona. Su botillería es coqueta, elegante y con ese punto canalla que a veces se echa de menos en este tipo de establecimientos.

Para quienes busquen experiencias diferentes, el Oceanogràfic de València es su destino. La estancia de su restaurante, de cocina fusión, la rodea un inmenso acuario donde ver la fauna marina desde otro punto de vista. Eso sí, no es apto para claustrofóbicos. Una experiencia diferente a la que se encuentra en Panoramic 360, en Granada, con vistas móviles a La Alhambra y Sierra Nevada. ¿Qué quiere decir móvil? Pues que el restaurante se encuentra sobre una plataforma giratoria, para no perderse ningún ángulo de la ciudad nazarí.

En Madrid existe un local que esconde la historia de la ciudad en sus paredes. Se trata de la Bodega de los Secretos, una antigua bodega del siglo XVII renovada el pasado año que ha recibido a Templarios, adversarios de Napoleón y disidentes de la Guerra Civil. En la actualidad, las hornacinas donde en su día se guardaron las barricas ayudan a que las mesas tengan cada una su intimidad. En el mismo Barrio de las Letras, la Vinoteca Moratín está haciendo cada vez más ruido. Su bodega es muy amplia, su comida casera, su carta corta y su iluminación muy sutil. Las mesas, prácticamente desnudas, convierten el lugar en ideal para una cena romántica, pero informal.

Del mismo estilo del anterior es Suculent, en plena Rambla del Raval. Lo que antiguamente era una bodega de barrio es ahora centro de operaciones de gastrónomos que busquen las raíces de la cocina catalana. En su carta se encuentran fricandó, all i pebre de anguila o morro de bacalao con caracoles de tierra. Todo acompañado, claro, de una muy extensa carta de cavas de la zona.

También hay opciones para los amantes de las escapadas. En Málaga, Anne Marie y su marido Benjamin, una holandesa y un australiano, montaron hace un tiempo Casa Laila. Según sus dueños, este es un glamping, es decir, un camping con glamour. Además de contar con tiendas de campaña de diseño, su restaurante tiene unas vistas inigualables al Valle de Guadalhorce, con comida preparada a diario por Anne Marie. Otro que cuenta con opción de alojamiento es El Portal Echaurren, del tres soles Francis Paniego. Las croquetas de Marisa (la madre), las albóndigas o cualquiera de sus pescados y carnes harán las delicias de los enamorados.

Para los románticos empedernidos, nada como el restaurante Comartir, de Oriol Castro, Mateu Casañas y Eduard Xatruch. Y es que tras una cena con el sello de quienes aprendieron en el Bulli, podemos dar un paseo por la orilla del Mediterráneo en un pueblo tan encantador como Cadaqués. Y para los más exclusivos, el patio de La Virginia, en Marbella, es ideal para compartir confidencias a la luz de las velas tomando un buen menú con sello belga, nacionalidad de sus impulsores.

Acabamos por un restaurante efímero, al que apenas le quedan unos meses de vida en la capital. The Table by es un proyecto que muta cada mes, pero que no cambia de ubicación, el Hotel Urso de Madrid. Abastos 2.0, El Cenador de Amós y Etxanobe ya pasaron por su cocina y ahora el testigo lo tiene Kiko Moya, jefe de cocina de LEscaleta, en Cocentaina. El viaje, en este caso, no lo hacen los enamorados, sino el cocinero. ¿Existe mejor manera de celebrar el amor que a través de la cocina?

Fuente: Guía Repsol