Los Franco darán la batalla en los tribunales para impedir la exhumación del dictador

Flores en la tumba de Franco. /Reuters
Flores en la tumba de Franco. / Reuters

Afirman que los nietos son «los únicos legitimados» para decidir sobre los restos y garantizan que nunca colaborarán con el traslado

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Habrá batalla legal por la exhumación de los restos de Francisco Franco. Después de que uno de los nietos del dictador, su homónimo Francis Franco, dijera que no recurrirían en los tribunales el decreto ley que brinda el marco legal para el traslado del cadáver, la familia emitió un comunicado a última hora de la tarde de ayer en el que anunció que «agotarán todos los recursos legales» para impedir que el féretro salga del Valle de los Caídos.

El cambio de postura obedeció, según los Franco, a que hubo «una tergiversación» de las declaraciones del segundo nieto del dictador al diario 'La Razón'. Para «evitar cualquier malentendido», dice el escrito suscrito por la familia Martínez-Bordiú Franco, garantiza que «bajo ningún concepto colaborará activa o pasivamente» con el traslado del féretro.

Los siete nietos advierten asimismo al Gobierno que presentarán batalla en los tribunales porque la exhumación vulnera sus derechos por considerarse ellos los «únicos legitimados para decidir el destino de los restos mortales» de su abuelo. El traslado, añade la nota, solo busca «vejar» a la familia Franco «en un acto de revanchismo retrospectivo sin precedentes en el mundo civilizado».

El comunicado llegó horas después de unas declaraciones de Francis Franco en las que anunció que su familia no llevaría a los tribunales el real decreto aprobado el viernes por el Consejo de Ministros para el traslado del cadáver del Valle de los Caídos a otro lugar. Se comprometió además a que se harían cargo de los restos, aunque no tenían decidido a qué lugar los llevarían.

Francis Franco señaló en su entrevista con el rotativo conservador que sería estéril plantear un pleito judicial contra la decisión gubernamental. «Gastar dinero en contra del Gobierno es perder el tiempo», sentenció. «Sería -abundó- un brindis al sol». Una vez que se produzca la exhumación -antes de fin de año, según la Moncloa- los nietos, de acuerdo a la versión de Francis, se harían cargo de los restos porque de ninguna manera iban a dejar el nuevo enterramiento «en manos del Gobierno». Descartó además por «seguridad» que el destino vaya a ser el panteón familiar del cementerio de El Pardo.

La Archidiócesis de Madrid se ofreció de inmediato y mostró en otro comunicado su «disposición para acoger en terreno sagrado los restos mortales de un bautizado». La Conferencia Episcopal no ha expuesto ningún reparo a la exhumación y ha silenciado las protestas iniciales del prior de los benedictinos, Santiago Cantera, máxima autoridad religiosa del Valle de los Caídos. Pedro Sánchez mantuvo en julio una reunión con el presidente de los obispos, Ricardo Blázquez, y de aquel encuentro salió la conformidad con el traslado del cadáver de Franco.

Consenso

El primer paso para llevar a cabo la operación se produjo ayer con la publicación en el Boletín Oficial del Estado con la firma del rey Felipe VI del real decreto ley aprobado la víspera en el Consejo de Ministros , y que introduce en el artículo 16 de la Ley de Memoria Histórica el requisito de ser víctima de la Guerra Civil para yacer en el Valle de los Caídos. Se detallan además todos los pasos legales que deben dar a partir de ahora el Gobierno, la familia Franco y las diferentes administraciones implicadas para la exhumación.

Pero la decisión de la familia de abrir un frente legal puede entorpecer el procedimiento, aunque en la Moncloa afirman que no hay resquicios legales para atacar el decreto ley. La familia del dictador además no estará sola en esa batalla porque la Fundación Francisco Franco también anunció ayer que interpondrá las «acciones legales que estime oportunas» para evitar la exhumación. La entidad privada señaló en un escrito que el traslado de los restos del Valle de los Caídos a otro lugar es «un mezquino ejercicio de revanchismo».

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