Tini

Es muy difícil encontrar las palabras justas cuando la emoción y la tristeza son sacudidas por recuerdos muy queridos

Luis Sepúlveda
LUIS SEPÚLVEDA

Es muy difícil encontrar las palabras justas cuando la emoción y la tristeza son sacudidas por recuerdos muy queridos, y me duele escribir la palabra recuerdo para referirme a Vicente Álvarez Areces, a mi amigo y compañero Tini, mientras los informativos avisan de su deceso y ya es habitante de mi memoria.

Si tengo que elegir entre los recuerdos y anécdotas de tantos años de amistad compartidos la memoria me lleva a un viaje de Gijón a Madrid. Mi compañera y yo volábamos a Chile al día siguiente y Tini se disponía a hablar esa tarde en el Club Siglo XXI como recién elegido presidente del Gobierno de Asturias. Durante el viaje hablamos de libros, de política regional, nacional y mundial, y entre todo eso estaban las preguntas del hombre solidario: ¿sabes cómo va lo de Gelman y la búsqueda de su nieta? ¿Y el uruguayo Rosenconff, sigue escribiendo teatro?

Hablar en el Club Siglo XXI era, absurdamente para algunos, entrar por la puerta grande en la escena política nacional, pero Tini iba tranquilo, con la serenidad de los que ignoran el tamaño de las puertas porque sus ideas tenían la solidez que supera las barreras.

Me había pedido que lo presentara antes de su intervención y me atreví a preguntarle por qué yo y su respuesta fue: porque no quiero un panegírico sobre mi persona, porque tú has visto Asturias con otra mirada y quiero que hables de eso, de Asturias, de su gente.

Tuve el honor de presentarlo y, al oír su exposición, mesurada pero llena de pasión, certera en los objetivos propuestos, rigurosa en los datos pero libres de la frialdad estadística, sentí la admiración por el dirigente de otro estilo, del hombre consciente de la magnitud del desafío y de los altibajos que le deparaba el camino.

Nos encontramos por última vez en el aeropuerto de Asturias. Tini venía del Senado y yo regresaba de algún viaje. Llovía con esa lluvia quieta tan asturiana. Ningún coche oficial lo esperaba, ningún escolta y de inmediato me ofreció viajar con él en un taxi. Yo tenía el coche aparcado en el aeropuerto y le llevé hasta las proximidades de su casa.

Llovía en Gijón cuando vi por última vez a mi amigo y compañero Tini caminando rápido por las calles tranquilas de su ciudad.

Fue un honor conocerlo.