«Es el Shakespeare del cine contemporáneo»

«Es el Shakespeare del cine contemporáneo»
Por la izquierda, Juan Jesús Alonso, Eduardo Torres-Dulce, Luis Alberto de Cuenca y Carlos Losilla, ayer, en un almacén de la 'Fábrica Scorsese' abarrotado.

Luis Alberto de Cuenca, Eduardo Torres-Dulce y Carlos Losilla analizaron la obra del realizador en la Fábrica de la Vega

A. VILLACORTA OVIEDO.

Como Martin Scorsese tiene querencia por los finales abiertos y toda vez que su obra resulta inabarcable, la tertulia que bajo el título 'Scorsese en esencia' tuvo lugar ayer tarde en la Fábrica de Armas de La Vega se quedó sin cerrar, con las conclusiones que cada uno quisiera extraer de ella flotando entre celuloide, pero no sin antes llevarse a casa un alarde de sapiencia que corrió a cargo de Luis Alberto de Cuenca (miembro de la Real Academia de la Historia y cinéfilo), Carlos Losilla (ensayista y crítico de cine) y Eduardo Torres-Dulce (también crítico y abogado, además de ex fiscal general del Estado). Todos ellos, 'scorseséfilos' confesos.

Moderada por el profesor de Filosofía Juan Jesús Alonso, la charla arrancó de los filmes preferidos por cada uno de ellos: 'La edad de la inocencia' para Torres-Dulce; 'Taxi driver' para Losilla y De Cuenca, una película «absolutamente admirable, nuclear y central» en la que «el 'quid' es la transformación de su protagonista». Toda una «lección de antropología» de la que el ensayista se declaró «fan absoluto» y que demuestra que «Scorsese es uno de los grandes cineastas vivos, con un legado que podemos disfrutar en muchas películas actuales».

«Religión, locura, transcendencia y, sobre todo, soledad... son algunas de las cuestiones presentes en sus cintas», recordó Torres-Dulce. En suma, «un cine que habla de seres humanos tocados, con ideales rotos, gente que sueña, que sufre, que pierde un amor». Porque, en opinión de Luis Alberto de Cuenca, «lo grande de Scorsese, un autor universal, es que refleja como nadie la comedia humana», a la manera de los griegos, convertido ya en «el Shakespeare de la cinematografía contemporánea».

Y lo hace, además -apuntó Carlos Losilla-, en una obra plagada de referencias a quienes le precedieron en el séptimo arte y «tratando de recoger la tradición del cine clásico de Hollywood, pero mezclándola con el cine europeo de los 60 y 70 y convertiéndola en otra cosa. Ese es su gran secreto».

Así que, resumió Eduardo Torres-Dulce, hoy por hoy, «resulta imposible hacer una película sobre gánsteres, sobre boxeo o sobre Nueva York sin pensar en él. Cuando ves una cinta de Scorsese sabes que es de Scorsese y que ningún movimiento de cámara en ella es gratuito».

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