«Las políticas contra la pobreza deben ser imaginativas y experimentar cosas nuevas»

La catedrática de Economía del Desarrollo del MIT Esther Duflo. /
La catedrática de Economía del Desarrollo del MIT Esther Duflo.

Premio el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales por su novedosa forma de estudiar la desigualdad

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Esther Duflo (París, 1972), economista e historiadora, es la flamante Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. Estas son las razones: «Ha aplicado con originalidad métodos experimentales para evaluar la eficacia de las políticas contra la desigualdad económica y social, especialmente en África, Asia e Iberoamérica. Los resultados de su investigación han renovado profundamente el diseño de estrategias en los ámbitos de la educación, la salud, las microfinanzas y el empleo». Así lo ha dejado escrito para la historia el jurado que ponía su nombre en el palmarés y con él apuntaba de pleno hacia un problema que exige soluciones.

Duflo, cofundadora y codirectora del Laboratorio para la Acción contra la Pobreza del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), lidera una de las mayores redes de investigación mundial para el fomento del desarrollo y ha dado un vuelco en la manera de mirar a la pobreza. Formada en París en Historia y Ciencias Económicas, fue en el Instituto Tecnológico de Massachussetts donde comenzó a indagar en nuevas vías de estudio de la política para el desarrollo. Lo que ha buscado y sigue buscando es saber, con certeza científica, qué funciona y qué no, qué medidas aplicadas en áreas subdesarrolladas tienen efectos realmente positivos. Sus estudios se han hecho empleando una metología aleatoria que también ha despertado algunos recelos. De esta forma, ha ido creando una red que implica a 117 profesores afiliados por todo el mundo que tratan de dar con esas evidencias científicas con las que optimizar la ayuda al desarrollo.

¿Qué significa el Premio Princesa de Asturias?

Me siento muy honrada. Reconoce el trabajo de muchísima gente, de cientos de investigadores, de miembros del equipo, de personas que trabajan en este campo...

La pregunta del millón de dólares: ¿Es posible ganar la batalla a la pobreza?

Por supuesto que sí. Pero no es una batalla, es un buen número de pequeñas batallas: contra la ignorancia, los problemas de salud pública, la desesperación... El camino para ganar es afrontar cada una de esas luchas una por una.

Dígame por qué debemos ser optimistas.

Cada día aprendemos más y más. Esa es la razón para ser optimistas.

'Repensar la pobreza: Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global' es el título de su libro. Imagine que ocurre un milagro y de pronto hay todo el dinero y todo el apoyo de todos los países del mundo para este fin. ¿Qué haría en primer lugar?

Intentaría poner en marcha una cultura del aprendizaje en cada departamento de cada ministerio de cada país del mundo. De esta forma, en cada uno de estos lugares podrían aprender cuál es la mejor manera de alcanzar sus objetivos. Al mismo tiempo, les guiaría a través de lo que nosotros ya hemos probado como efectivo para que se puedan marcar objetivos en otros contextos. Es importante también animarles a que experimenten con todas esas ideas. Así, muy pronto ellos encontrarán su propia senda.

El Laboratorio Abdul Latif Jameel de lucha contra la pobreza lleva ya doce años trabajando. Dígame cuáles son las principales conclusiones a las que ha llegado en este tiempo.

Es muy complejo sintetizarlo. Hemos obtenido grandes éxitos fruto de intervenciones simples, como la desparasitación de niños, informar a la gente sobre la calidad de sus políticos, dándoles pequeños incentivos para vacunar a sus pequeños, y resultados mucho más desfavorables con lo que se suponía que eran recetas mágicas. Quizá la lección más importante que hemos extraído es que debemos tener los ojos muy abiertos y estar preparados para ser sorprendidos.

¿Cuáles son las líneas de trabajo futuro que se marcan en el laboratorio?

Recientemente hemos conseguido una nueva aportación económica de Mohammed Jameel [ filántropo saudí que da nombre al laboratorio] para comenzar a trabajar de manera muy cercana con los gobiernos y desarrollar esa cultura del aprendizaje de que le hablaba para que sean ellos quienes encuentren por sí mismos cuáles son las fórmulas que funcionan en su propio contexto.

Es europea y aquí estamos ahora mismo siendo testigos del drama de la emigración en el Mediterráneo. ¿Cuál es su opinión?

La solución es abrir más las fronteras. Necesitamos gente joven, y no solamente para pagar las pensiones de las personas mayores. La vida que nosotros ofrecemos, a pesar de los problemas, siempre será mejor que la suya, de modo que siempre habrá alguien que intente llegar. También es cierto que la gente ama su país, así que por mucho que esas fronteras se abran no se va a producir un aluvión de personas. La estrategia de restringir la emigración tiene un alto coste y yo pienso que no aporta ningún beneficio.

¿Qué opina en términos generales de las políticas europeas contra la pobreza?

Como en cualquier otro lugar, podrían ser mucho más imaginativas, trabajar con formas fuera de lo convencional, experimentar cosas nuevas y testarlas después.

 

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