Krzysztof Wielicki: «En la montaña hay una delgada línea roja a partir de la cual la suerte lo es todo»

Krzysztof Wielicki: «En la montaña hay una delgada línea roja a partir de la cual la suerte lo es todo»
Krzysztof Wielicki, en el Hotel de la Reconquista. / JORGE PETEIRO

«Seré feliz si alguien holla el K2 en invierno, los polacos iniciamos las ascensiones invernales y creo que vamos a ser los que lo consigamos»

M. F. ANTUÑA OVIEDO.

Subir ochomiles es una bendita locura; hacerlo en invierno, el culmen de la aventura. Krzysztof Wielicki (Szklarka Przygodzicka, Polonia, 1950) entró en la leyenda del alpinismo un día de 1980 en que coronó el Everest en pleno invierno. Solo queda un pico por conquistar cuando el frío es más intenso: el K2. Él, que capitaneó este mismo año una expedición que lo intentó sin éxito, dice que habrá que seguir luchando, que el empeño y la pasión acaban por hollar todas las cumbres.

-Dice que el alpinismo es un sueño interminable. ¿El suyo sigue siendo el K2 en invierno?

-El alpinismo es un sueño infinito, sí, porque es una pasión y las pasiones no se pueden abandonar. Un 'hobby' se puede dejar, pero una pasión es para toda la vida. A veces surge por casualidad, pero en cualquier caso todo empieza por un sueño, continúa por marcarse un objetivo y luego hay que andar el camino para conseguirlo. Es pura pasión y también es una especie de adicción, aunque una adicción buena.

-¿Pero cree que verá a alguien hollar el K2 en invierno?

-Yo seré feliz si alguien lo consigue. Eso sí, quienes lo hagan tienen que ser muy buenos, y eso significará que merecen conseguir esa última cumbre. Los polacos empezamos las ascensiones en invierno, pero no necesariamente tenemos que ser nosotros los que las terminemos. Dicho lo cual: creo que vamos a ser nosotros.

-¿Qué otros desafíos le quedan al alpinismo?

-Hay otros. Quizá en la dimensión histórica hay bastante conseguido, se puede decir que está casi todo, pero lo que estamos viendo ahora es la mejora del estilo, porque gracias a las nuevas técnicas se puede mejorar. Pero no hay que olvidar que en cuanto a la dimensión personal, cada montaña es una nueva para quien la escala por primera vez. Aunque alguien la haya ascendido, en lo personal siempre es un reto.

-¿Qué es lo más importante, en su opinión, para subir una montaña?¿La cabeza, el corazón, los pulmones, las piernas?

-¡Lo más importante es que sigo vivo! Llevo 48 años haciendo alpinismo y, estadísticamente, no necesariamente tendría que estar vivo. Pasé unos nueve años en la montaña y cuanto más tiempo estás más probabilidades hay de que te vaya ocurrir algo. Lo más importante es no parar en nuestro camino, seguir planteándonos objetivos nuevos. Gracias a Dios el alpinismo es una disciplina que se puede practicar sin interrupción, por supuesto hay que pensar en bajarse el listón y eso es muy difícil y subjetivo, porque cada uno todavía no cree que ha llegado al límite. Mire por ejemplo a Carlos Soria.

-¿Cuál es su secreto para sobrevivir?

-En la alta montaña está la genética en primer lugar, luego está la forma de trazar el camino. Yo he empezado por abajo y he ido subiendo poco a poco. Es decir, el secreto es la experiencia. Es muy importante el conocimiento adquirido, en la montaña no se pueden tomar atajos. Cuanta más experiencia tienes más segura es la escalada. Y al final, está la suerte. He sobrevivido a tantas situaciones diferentes... Algunos lo hemos conseguido y otros no. Hay una delgada línea roja a partir de la cual la suerte lo significa todo.

-Sabe lo que es la tragedia en la montaña. ¿Cómo se puede sobreponer a la muerte de compañeros y volver a subir?

-La montaña es una pasión muy fuerte. He conocido a muchos alpinistas amigos y solo a uno que después de un suceso traumático dejó la escalada; eso quiere decir que los alpinistas tienen una ventaja o desventaja y es que siempre creen que van a conseguirlo, a superar a la montaña, a sobrevivir. No es del todo verdad, pero hay que creer que vamos a ser capaces. Por supuesto, hay momentos de duda, cuando uno pierde a un amigo, después de una situación trágica, pero no es miedo, es esa incertidumbre de saber que no todo depende de ti, que aunque podamos hacerlo, puede producirse un alud que nunca caía a esa alturas del año y ese día cae. Podemos tener esas dudas, sí, duran una semana o dos, pero al final es una pasión con la que uno muere.

-¿Algo de locura también tiene?

-Quizá tenga algo de locura, sí, pero en la montaña estamos muy centrados, muy determinados y dispuestos a alimentarnos de la experiencia. Hay diferencias entre el riesgo atrevido, por decirlo de alguna manera, y el riesgo superfluo, innecesario, pero no, quizá no es locura. Una locura es que un joven alpinista sin experiencia se ponga a escalar una pared vertical complicadísima, no lo que nosotros hacemos. Los amigos me reprochan que he corrido riesgos innecesarios cuando escalé yo solo la pared del Dhaulagiri, pero no lo creo, porque cuando lo hice tenía una experiencia de 20 años.

-¿Es una locura lo que está pasando en el Himalaya, y en especial Everest, con la comercialización del alpinismo?

-Esa no es nuestra historia. Hay muchas montañas donde no hay nadie y se puede ir. Hace poco me encontré a Chris Bonington, icono del alpinismo británico, en Kala Patthar, y estuvimos charlando. Él recordaba que en 1975 no había nadie en el Everest; en 1980, tampoco. Me dijo: «Hay que nacer en el momento adecuado». Y nosotros sí nacimos en el momento adecuado.

-Subió el Everest en invierno en 1980. Las cosas han cambiado mucho. ¿Hasta que punto la tecnología facilita las ascensiones?

-Ha habido un gran progreso. Tenemos satélites, drones, GPS, todo esto ha mejorado la seguridad, pero el equipamiento para la escalada no ha cambiado mucho. Siempre decimos que no son las herramientas, es el hombre. Si alguien no es buen alpinista no le van a ayudar las herramientas; el hombre es la clave. El equipamiento solo puede ayudar a mejorar el confort.

-Y entre ese equipo humano, el meteorólogo.

-Ese sí ha sido un cambio muy grande. Gracias a las previsiones del tiempo no hay salidas vacías, ahora solo salimos cuando el tiempo lo permite. Hace 20 años había seis equipos y cada día salía uno encomendándose a la suerte. Ahora nadie se aventura si no hay una buena previsión y se pueden ahorrar muchas fuerzas.

-Además de estilo, también se busca la velocidad.

-La velocidad es importante porque cuanto más rápido vas es más seguro, porque estamos menos tiempo en la zona de riesgo. Pero sobre todo el estilo va a cambiar porque los equipos van a ser más pequeños y porque lo que hacemos está basado en la experiencia de los que escalaron antes. Hoy un hombre joven cuando empieza tiene conocimiento de cómo se han conseguido las paredes o las montañas y eso es muy importante. Por eso tengo un gran respeto a los que hace cincuenta o sesenta años fueron a la montaña y solucionaron los problemas que surgieron cuando no tenían ningún conocimiento ni del terreno, ni de sus cuerpos, ni de sus limitaciones. Ahora lo sabemos, hemos mejorado las comunicaciones, las previsiones y eso permite mejorar el estilo.

-Está en Asturias, tierra de hermosas montañas. ¿Las conoce?

-Oh, los Picos de Europa, es un sitio importante para los alpinistas. Pero nunca he venido a España a escalar. Siempre he aspirado a las montañas más altas y esas están en Asia.

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