La ONU advierte de la necesidad de cambiar la alimentación para frenar el calentamiento global

Un tractor, en una plantación en Argentina. / Reuters

Concluye que la humanidad debe consumir más legumbres, frutas y verduras y menos carne y reclama acabar con el desperdicio alimentario

ÁLVARO SOTO / ALMUDENA SANTOSMadrid

El cambio de la alimentación humana es uno de los factores que más podrían contribuir a la lucha contra el cambio climático. Comer más legumbres, frutas, verduras y frutos secos y reducir la cantidad de carne que se consume ayudarán a mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados, la meta del Acuerdo de París. También lo hará reducir el desperdicio alimentario, responsable de entre el 8 y el 10% de las emisiones globales. Actualmente, el 30% de los alimentos que se generan acaba en la basura. Y por si fueran pocos los beneficios de variar estos hábitos, también rebajarían los niveles de obesidad en el mundo, según las conclusiones de un informe especial del Panel contra el Cambio Climático (IPCC, dependiente de Naciones Unidas) hecho público este jueves y que vuelve a poner el acento en el papel del ser humano como causante de la emergencia climática .

Los 107 expertos de 52 países reunidos en Ginebra durante los últimos cinco días dan la voz de alarma. Han analizado por primera vez la relación entre el cambio climático y los usos de los suelos y consideran absolutamente imprescindible un giro radical en la dieta de los seres humanos para salvar el planeta. De acuerdo al informe, el 23% de todos los gases de efecto invernadero provienen de la agricultura, la silvicultura y el uso de la tierra (principalmente para alimentar al ganado), una cifra que se eleva hasta el 37% para el conjunto de la producción de alimentos y que se prevé insostenible cuando la población del planeta alcance los 11.000 millones de personas, según está previsto para finales de siglo. El informe de la ONU también invita a reflexionar sobre el uso de los recursos hídricos. La agricultura utiliza el 70% del agua del mundo y la extensión de las zonas que sufren sequías crece a un ritmo del 1% anual.

«Nuestro uso de las tierras no es sostenible», afirmó la copresidenta del IPCC, Valérie Masson-Delmotte, que resaltó la necesidad de «actuar de inmediato». «Las tierras están bajo la presión creciente de las actividades humanas y el cambio climático es una presión suplementaria», indicó la climatóloga francesa tras la presentación del informe.

El informe de la ONU, que se utilizará como base para la cumbre climática anual, que este año se celebrará en diciembre en Santiago de Chile, sugiere políticas para cambiar el uso forestal y agrícola del suelo, ya que los bosques absorben alrededor de un tercio de las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Por otro lado, propone retomar prácticas de las poblaciones indígenas tradicionales, pues según dice el escrito «su experiencia puede contribuir a los desafíos que presentan el cambio climático, la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y el combate de la desertización». Es la primera vez que la ONU establece una relación tan directa entre el cambio climático, la degradación del suelo y fenómenos como la desertización, el aumento de sequías en zonas del Mediterráneo o África del Sur o el mayor riesgo de incendios forestales y de plagas.

El estudio del IPCC publicado este jueves es el segundo de una serie de tres «informes especiales» encargados por la ONU. El primero, el año pasado, se cuestionó sobre si es posible contener el calentamiento global en 1,5°C, sin llegar a los dos grados, que se considera el punto de no retorno climático (la conclusión fue que si no se lograban reducciones significativas de emisiones en el corto plazo, no se conseguiría). El tercero y último, previsto en septiembre, tratará sobre los océanos y la criósfera (los glaciares, por ejemplo).