De la Rosa: «Conocer los genes que frenan el cáncer agranda el abanico terapéutico»

Jorge de la Rosa. /
Jorge de la Rosa.

El científico, coautor del estudio que acaba de descubrir cien genes que ayudan a parar los tumores, continúa trabajando en Cambridge en líneas de investigación derivadas del proyecto

M. F. A. GIJÓN.

Entre 2008 y 2013 trabajó en Oviedo y desde 2014 está en Cambridge, en el laboratorio de Allan Bradley. En uno y otro lugar, Jorge de la Rosa (Gran Canaria, 1985, aunque afincado en Oviedo desde los 5 años) se ha afanado en idenficar esos genes que ayudan a frenar el cáncer. La paciencia, la perseverancia y el trabajo en equipo -el IUOPA, el IMOMA, la Univesidad Técnica de Múnich y el Welcome Trust Sanger Institute- han dado sus frutos y han permitido la publicación en 'Nature Genetics' de la identificación de un centenar de genes que contribuyen a frenar el cáncer. Él lo explica y lo contextualiza así: «El cáncer surge como consecuencia de la acumulación de alteraciones en el material genético de las células. Una de las alteraciones más frecuentes afecta al gen conocido como PTEN, entre cuyas funciones destaca servir de freno de la división celular, evitando que las células se dividan de manera descontrolada. En este estudio hemos identificado otros genes que cooperan con PTEN para controlar este proceso y evitar el cáncer. Conocer estos genes facilita entender cómo se desarrolla esta enfermedad y plantear nuevas estrategias terapéuticas».

Bajo la dirección de Juan Cadiñanos y Carlos López-Otín, durante sus años de tesis doctoral (2008-2013) comenzó la búsqueda de De la Rosa, que inicialmente no obtuvo los resultados deseados, en parte porque la tecnología no ayudaba. Con el tiempo y el refinado de las técnicas de laboratorio, se han obtenido los resultados que acaban de ver la luz, que son mucho más que positivos y que abren muchas puertas. «Cuando PTEN está 'dañado', se ponen en marcha en las células mecanismos que las van transformando en células cancerosas. Actualmente ya existen terapias para tratar de revertir estos comportamientos celulares anómalos causados por la falta de PTEN. Sin embargo, las células cancerosas acaban por hacerse resistentes a estas terapias y continúan así su curso 'maligno'. La implicación por primera vez de estos genes en el cáncer permite agrandar el abanico de posibilidades terapéuticas frente a estos tumores deficientes en PTEN, que son muy frecuentes en la población», añade el investigador.

Pero aún queda trabajo por hacer: «Por un lado, estamos analizando otro tipo de tumores desarrollados en estos ratones para conocer qué mecanismos son responsables de su aparición y desarrollo. Por otro lado, estamos interesados en entender en qué procesos dentro de la célula se hayan involucrados estos genes, es decir, llegar a comprender qué hacen y cómo lo hacen. Esto es fundamental antes de llegar a plantear cualquier estrategia terapéutica», afirma Jorge de la Rosa, que en la actualidad está trabajando en algunas de estas líneas, como es la caracterización molecular de varios genes identificados en este estudio. «Para ello estamos generando ratones modificados genéticamente donde estos genes son parcialmente 'borrados' del genoma, y a continuación observamos el efecto que esto desencadena en el desarrollo de tumores en estos ratones», explica. Además, trabaja con muestras de pacientes de cáncer «para comprobar si los cambios en los niveles de estos genes son capaces de predecir el comportamiento de los tumores».

El trabajo también prosigue en Oviedo, donde Carlos López-Otín, su codirector, le daba un valor relevante: «Representa un excelente ejemplo de aproximación funcional al estudio del cáncer», apunta. Y añade que en los últimos años, su laboratorio y algunos otros en el mundo, han impulsado el estudio de los genomas del cáncer como una estrategia innovadora para identificar las mutaciones que causan cada tumor en cada paciente. «Estos estudios del paisaje genético de los tumores han abierto una nueva era en la oncología que permitirá desarrollar lo que llamamos Medicina Personalizada de Precisión, dirigida a utilizar tratamientos individualizados para cada paciente. Pero no basta con esto, para desarrollar tratamientos adecuados, es fundamental entender las funciones de los genes que se encuentran mutados en el cáncer», afirma. Por eso, considera que el trabajo que ahora publica 'Nature Genetics' «profundiza en esta idea y trata de buscar las posibles relaciones funcionales de un gen bien conocido en el cáncer denominado PTEN, con otros genes con los que puede cooperar en sus labores celulares». Sostiene Otín que su estudio es «innovador en la metodología utilizada y excelente en el rigor con el que se manejan múltiples datos de enorme complejidad experimental»,. Las conclusiones, subraya, «son espectaculares». Pero más allá de la trascencendia científica, para Otín este estudio es un ejemplo de trabajo duro y en especial de dos personas, Juan Cadiñanos y Jorge de la Rosa. «Son dos de mis más brillantes discípulos, que han dedicado muchos años y mucho esfuerzo a este trabajo concreto», señala. No se olvida Otín de otros nombres como Aurora Astudillo y sus colaboradores o Sandra Bernaldo de Quirós, que han contribuido, como otros grupos británicos y alemanes. «Pero sin duda, este es un trabajo cuyo mérito central corresponde a Juan y Jorge, que además pertenecen a distintas generaciones, lo cual indica que hay proyectos que si se quieren abordar con profundidad deben extenderse en el tiempo muchos años con la incertidumbre que ello genera», afirma Otín.

La satisfacción por el trabajo bien hecho se dejaba sentir también en el Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias (IUOPA). Antonio Fueyo, su director, barre para casa y pone a los equipos asturianos de investigación en su sitio: «Asturias se encuentra en un lugar destacado en lo que respecta a investigaciones encaminadas a desentrañar los mecanismos responsables del cáncer y, especialmente, en aquellas que estudian los genomas del cáncer».