El atractivo de lo más desconocido

Un periodista toma imágenes de una televisión en la que se muestra al acusado Patrick Nogueira. /Pepe Zamora (Efe)
Un periodista toma imágenes de una televisión en la que se muestra al acusado Patrick Nogueira. / Pepe Zamora (Efe)

Criminólogos y psicólogos intentan comprender las mentes de los asesinos seriales y múltiples

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

La juez María Elena Mayor leyó la condena: tres penas de prisión permanente y una cuarta de 25 años de cárcel. Patrick Nogueira escuchaba la sentencia por el asesinato de sus dos primos pequeños y sus tíos en la casa familiar de Pioz. Apenas se inmutó. Solo mostró cierta humanidad durante el juicio cuando pidió perdón. Nada más. «Es una combinación que no es habitual: la psicopatía y el asesinato múltiple», señala Vicente Garrido, psicólogo, criminólogo y autor de 'Asesinos múltiples y otros depredadores sociales' (Ariel). «Es un psicópata consciente, que comprende y expresa la maldad que le domina. Patrick actúa como némesis de su familia por fastidio, irritación y hostilidad, pero no porque haya sido aplastado por la experiencia subjetiva de la humillación, que es la clave en los asesinatos múltiples. No hay nada en sus antecedentes o experiencias que le empujen al mal, lo elige», explica el profesor de la Universidad de Valencia.

El asesino múltiple «representa la amenaza de la mayor violencia posible en tiempos de paz, ya que puede matar a docenas de personas (en los casos más extremos) en cuestión de minutos». «Es, además, una violencia misteriosa, en el sentido de que muchas veces no queda muy claro el móvil del asesino», apunta Garrido. «Por ejemplo, en el caso de Stephen Paddock, que mató a 58 personas en un tiroteo apostado desde la ventana de su hotel contra los asistentes a un concierto, el FBI todavía no ha podido descubrir el móvil, ya que no dejó nota alguna ni dijo nada a sus allegados», añade el profesor. Una búsqueda de los motivos que atrae no solo a los investigadores sino al público en general. «Nos produce asombro y miedo, algo que atrapa poderosamente nuestra atención», dice el profesor.

Porque la sociedad busca una explicación racional, sin flecos, a una actuación de estas características. Lo mismo ocurre con los asesinatos en serie. «No entendemos cómo el Homo sapiens puede llevar a cabo acciones tan aberrantes hacia otro ser humano. Y eso nos lleva al morbo de querer saber más», apunta la abogada y criminóloga Paz Velasco de la Fuente. Una búsqueda de explicaciones hacia dos tipos diferenciados de mal. Un asesinato múltiple, como señala Garrido, implica matar a tres o cuatro personas en un mismo acto. «No existe un enfriamiento emocional», añade el profesor. En cambio, un asesino serial mata de forma ocasional mientras «sigue con su vida ordinaria, ocultando ante la sociedad su condición de asesino». Velasco, autora de 'Criminal-mente' (Ariel), explica algunos de los mitos de los asesinos en serie. Ni todos son hombres blancos, ni todas las víctimas son mujeres ni tampoco quieren ser detenidos para alardear de sus trofeos, que muchos no poseen.

«Ni todos son enfermos mentales o genios inteligentísimos», indica. Los asesinos múltiples, tampoco. «En algunos casos encontramos tendencias depresivas y una falta de integración emocional y relacional; son personas resentidas o desubicadas. Lo que mejor les caracteriza es una pérdida del sentido de la vida, un nihilismo junto a un sentimiento de ser objeto de actos de injusticia. Suelen ser narcisistas, lo que aumenta la indignación con la que viven los agravios que (en su creencia) les hacen otras personas, empresaS, o quizás las instituciones políticas o administrativas. Pero si hablamos de una enfermedad mental, el porcentaje es pequeño, quizás menos de un 25%», explica Garrido.

Descenso brusco

Los asesinos en serie han actuado a lo largo de toda la historia, aunque es Jack el Destripador quien inicia la época moderna con los asesinatos de al menos cinco prostitutas en el barrio londinense de Whitechapel en 1888. «Antes se creía que estaban endemoniados, que eran hombres lobo», dice Velasco. El gran salto en la caza de estos delincuentes tan brutales se ha producido en las últimas tres décadas. «El número de asesinos en serie ha disminuido un 85% en 30 años», destaca Velasco, gracias a las técnicas de investigación y el avance de las ciencias forenses.

John E. Douglas fue uno de los culpables de que los expertos comprendan más a estos asesinos. Entrevistó a decenas de los criminales más sangrientos de Estados Unidos para intentar comprenderlos. «La única manera de atraparlos es aprender a pensar como ellos», explica este agente del FBI en su libro 'Mindhunter. Cazador de mentes' (Crítica). En esas conversaciones, en las que podía «preguntarles por qué lo hicieron, averiguar cómo era a través de su mirada», aprendió que la dominación, la manipulación y el control eran las tres motivaciones de cualquier asesino en serie.

 

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