«Si está duro para la máquina, imagínate para el brazo», dicen los mineros asturianos en Totalán

Los mineros asturianos, a su llegada a la zona donde se llevan a cabo los trabajos de rescate. / EFE

Los miembros de la Brigada de Salvamento Minero aguardan con tensa calma su decisiva participación en el rescate del pequeño Julen en Totalán

Eduardo Paneque
EDUARDO PANEQUEGijón

Quien los conoce dice de ellos que son herméticos, acostumbrados a pasar desapercibidos. No basta más que ver las imágenes de televisión para comprobar que la Brigada de Salvamento Minero es un equipo unido. Se cumple una semana desde que recibieron la llamada de emergencia para acudir a Totalán, en Málaga, al rescate del pequeño Julen. «Se fueron sin coger siquiera ropa, estaba desayunando con su hermano», comenta el familiar de uno de ellos. Sí les dio tiempo a coger una bandera de Asturias que ondea en el balcón donde se alojan.

La brigada se enfrenta a un entorno desconocido: la excavación de una galería en horizontal para conectarla al pozo menor y así acceder hasta donde todo apunta que se encuentra Julen, el niño de apenas dos años del que todo el mundo está pendiente. También ellos. A pesar de los contratiempos y el nerviosismo que pudiera cundir tras los largos e intensos días de espera, siguen mostrando templanza. «Conviene que estén aislados, pensando en el arduo trabajo que realizar», explica Santiago Suárez, exdirector de la brigada entre los años 2005-2009. Esta máxima la llevan a rajatabla sus compañeros en El Fondón (Langreo), que tampoco tienen mucha más información: «Nos cruzamos algún mensaje pero en muchas ocasiones nos enteramos antes por la prensa que por ellos».

Los mineros son de caracter reservado, acostumbrados a pasar desapercibidos

Esta preparación psicológica se suma a la capacidad para recibir mucha información y también a la fortaleza física. No en vano, el acceso a este cuerpo de rescate no es apto para cualquiera: deben ser menores de 35 años quienes lo intenten, llevar una década en la plantilla de Hunosa y un mínimo de seis en una categoría profesional. Entonces pasarán a ser candidatos a afrontar esta complicada labor.

Al frente del dispositivo asturiano se encuentra el ingeniero de Minas Sergio Tuñón. Hace las veces de líder pero a ojos de todos, es uno más de ellos. De igual a igual, tomando la iniciativa en las decisiones pero poniéndolas en marcha de forma consensuada. «La brigada ha evaluado los riesgos y tiene todas las soluciones previstas en la excavación del túnel para acceder al pozo donde cayó el pequeño», subrayó Juan López-Escobar, delegado del Colegio de Ingenieros de Minas del Sur.

La ilusión está intacta; las fuerzas, también. Los mineros no han estado quietos los siete días que se ha retrasado su intervención. Diariamente se les ha visto en una misma rutina: llegar temprano a la zona de la excavación y adelantar todo lo necesario antes de subirse a las jaulas que les bajarán por el túnel vertical. Según las últimas explicaciones, la galería que excavarán tendrá unas dimensiones de un metro de ancho por 1,20 metros de alto y no será exactamente horizontal, sino ligeramente ascendente para facilitar la caída de material.

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Aunque la historia de este rescate es la de una suma de inconvenientes, sobre los hombros de los mineros asturianos recaerá la penúltima y más pesada losa, para el resultado de la operación y la que supondrá el mayor riesgo de todo el despliegue.

No estarán solos. El Consorcio Provincial de Bomberos y el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (Geas) han venido trabajando estos días en el protocolo de coordinación que se activará durante la fase de excavación. Según se ha sabido, está previsto que trabajen desde la cápsula, pero los especialistas también llevarán a cabo una instalación de cuerdas en la galería por si se presenta alguna complicación. De hecho, se está barajando preparar varios anclajes en el interior de los tubos que forman el encamisado del túnel para enganchar cuerdas de seguridad adicionales.

Entrenar la mente

Para afrontar retos de estas características es imprescindible una preparación previa y exhaustiva. Los integrantes de la Brigada de Salvamento Minero trabajan un mes en la estación con entrenamientos constantes y otros treinta días los emplean directamente en un pozo para no perder ni el contacto con los compañeros ni con los avances en los métodos de explotación. Es decir, para no perder el contacto con la realidad del día a día.

¿Los entrenamientos? No solo hablamos del cuerpo, que resulta evidente, sino también de la mente, de conocimientos, aprender cosas nuevas. Formación teórica y gimnasio a partes iguales.

El exjefe de los mineros de Hunosa no ha precisado el tiempo que tardarán en realizar este acceso dada la complicación del trabajo y a la dureza del terreno. Los mineros irán equipados con mascarillas y detectores de oxígeno y se comunicarán con el resto de técnicos encargados del operativo vía telefónica.