«La Fábrica de Gas es un icono de la ciudad»

Una antigua fábrica de cerveza recuperada en pleno Berlín como centro de actividades culturales le dejó hace ya un par de años con la sensación de que solo hay que querer para poder hacer bien las cosas

POR MARÍA LASTRA
«La Fábrica de Gas es un icono de la ciudad»

Una antigua fábrica de cerveza recuperada en pleno Berlín como centro de actividades culturales le dejó hace ya un par de años con la sensación de que solo hay que querer para poder hacer bien las cosas. Abrir los ojos y transportar aquella realidad a la Fábrica de Gas de Oviedo es uno de los deseos de José Ramón Fernández Molina. Un lugar soñado e imaginado, con el que poner en valor un «icono importante de la historia de nuestra ciudad», explica el arquitecto.

Fernández Molina pertenece a una generación de profesionales, la de los años 70, influenciada en gran medida por la escuela italiana y por la sensibilidad hacia el patrimonio histórico. Un interés por regenerar y renovar la ciudad, y por dotar de importancia a la historia ya desaparecida. En el año 1899, aquí en Oviedo, entre las calles del Paraíso y del Postigo Bajo, tras un cuerpo de oficinas y almacenes, se levantó un gran gasómetro. También una sala de hornos, y talleres de fabricación de yeso y de destilación, además de varias chimeneas que completaban este paisaje industrial. «La primera aproximación de Oviedo a la industrialización, que dotó de energía a toda la ciudad». La fachada de la sala de máquinas y calderas, de un estilo ecléctico que oscila entre el clasicismo y el modernismo, se caracterizaba, y aún lo sigue haciendo, por un portal de entrada flanqueado por dos alas de ventanales semicirculares entre elegantes pilastras jónicas. Y quizás sea este, precisamente, el rincón favorito del arquitecto, convencido plenamente de que debe preservarse este conjunto «como ya se hizo con la plaza de la Catedral».

Fernández Molina participó hace años en el equipo de Gas Ciudad y luchó, junto con otros compañeros y amigos, en convertir este lugar en Bien de Interés Cultural, algo que nunca llegó a producirse. Quizá porque «no se ha tenido ni el interés ni la sensibilidad suficientes para tratar el tema». Lo cierto es que «Oviedo es 'Oviedín', y a pesar de la impresionante Temporada de Ópera o de la actividad cultural existente, hay ciertos aspectos que no se sienten como propios». ¿La solución? Un mayor «dinamismo social», alejado un poco de esta sociedad «acomodada y burguesa».

En 2007, César Portela redactó un proyecto para reaprovechar el conjunto industrial, propiedad de la empresa Hidroeléctrica del Cantábrico, que se encontraba ya por entonces fuera de mantenimiento. Una apuesta por conservar y reutilizar sus principales vestigios industriales, en la que José Ramón coincide. Eso sí, con algunos matices. «No se trata de venderse a buenas prácticas, ni de tratar de encajar el máximo de viviendas posibles, hay que buscar objetivos patrimoniales, no mercantiles», explica.

Un teatro, restaurantes en concordancia con la iconografía del lugar, espacios para las artes plásticas o para un buen concierto, museos de arte contemporánea, hoteles de empresas, o incluso cervecerías, al estilo de aquella antigua fábrica de Berlín es la propuesta de Fernández Molina. «Una actitud soñada, un reflejo sobre un lugar concreto, que la clase política no ha sido capaz de transformar», pero en el que todavía se puede creer.

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