El Comercio

Sonrisas tejidas con retales de tela

Susana Pérez muestra algunas de las telas y gorros que se elaboran para la iniciativa Kimo-Kap.
Susana Pérez muestra algunas de las telas y gorros que se elaboran para la iniciativa Kimo-Kap. / M. A.
  • La avilesina Susana Pérez lidera en Asturias el proyecto de confección Kimo-Kap

Cuesta creer que un simple pedazo de tela de pequeño tamaño pueda llegar a influir en el estado anímico de una persona, sin embargo, hace pocos días que Susana Pérez ha comprobado que un objeto tan aparentemente humilde realmente tiene la capacidad de causar ese efecto. Y es que la semana pasada esta vecina de Avilés se convirtió en la primera representante en Asturias de la iniciativa Kimo-Kap, una plataforma sin ánimo de lucro que confecciona gorros de estilo pirata para regalarlos a niños sometidos a tratamientos oncológicos. Una idea absolutamente novedosa que, hasta la fecha, ya tiene arraigo en prácticamente todas las provincias.

Fue a través de la universal red social Facebook como Pérez descubrió este proyecto, que ha tenido en Madrid su lugar de nacimiento. «Las creadoras fueron un grupo de chicas que se dedicaban a entretener a los niños ingresados en hospitales por cánceres o leucemia», explica. «Se dieron cuenta de que, en invierno, podían disimular la falta de pelo con gorros de lana, pero que no tenían nada para hacer lo mismo en verano. Se pusieron de acuerdo y empezaron a confeccionar gorros pirata con telas estampadas con motivos alegres, para regalarlos en los hospitales».

La profunda humanidad de tan sencillo gesto cautivó a Pérez, que de inmediato consultó a las fundadoras de Kimo-Kap cómo podía contribuir. «Me propusieron montar un grupo en Asturias, y acepté sin dudarlo. A través de las redes sociales busqué contactos, gente dispuesta a enviarme telas y patrones, o a confeccionar gorros. En poco más de una semana ya estamos colaborando muchísimas personas», revela con satisfacción. Su acción ha traspasado las fronteras nacionales, pues «hay una chica de Francia que quiere mandarme patrones, y hasta en Latinoamérica se han interesado».

Gran parte de la imparable expansión de esta plataforma se justifica por la ausencia de un afán lucrativo. «La gente es muy escéptica a dar dinero a proyectos como este, porque nunca se tiene la certeza de que realmente sirva», reconoce Pérez. «Pero aquí la gente dona telas o retales, proporciona diseños y patrones, y saben que eso se utiliza para algo tangible. No cuesta casi nada, pero puede hacer felices a muchos».

Tanto esta emprendedora solidaria como las decenas de personas que se han unido a su estela no tardarán en comprobar si los frutos de su esfuerzo están a la altura de los éxitos cosechados en otras partes del país. «Estamos esperando a tener suficientes gorros, y a ponernos de acuerdo con la Asociación de Cáncer Infantil Galbán, para empezar a distribuirlos entre los centros médicos», puntualiza Pérez, quien sabe que «en otras partes donde ya los han repartido a los niños les ha ilusionado muchísimo. Hay historias preciosas. A uno de cuatro años le hicieron un gorro de dos colores, negro por un lado, y con una sonrisa por el otro. Cuando se despierta se lo pone por el lado negro, pero conforme el día mejora lo va girando».

Su siguiente paso será afianzar el proyecto para que «no se quede en esto. Tenemos pensado incluir cuentos infantiles, una maratón de confección... Esta muestra de solidaridad no tiene por qué terminar ya».