San Claudio más allá de la estética

El estado actual de la fábrica de loza de San Claudio. / MARIO ROJAS
El estado actual de la fábrica de loza de San Claudio. / MARIO ROJAS

María Fernanda Fernández reivindica que la recuperación de la locería incluya la reconstrucción de su historia industrial

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Partiendo de la intención del Ayuntamiento, de la que informó este diario, de comprar los terrenos de la abandonada fábrica de loza de San Claudio para convertirla en un centro de interpretación, de la que se «alegra», la historiadora del Arte María Fernanda Fernández reclamó una actuación más ambiciosa en su conferencia de ayer en el Salón de Té en el Teatro Campoamor. «Que no se quede solo en el análisis estético y las flores decorativas, que reconstruyamos la historia de la producción industrial», pidió.

Fernández, que realizó junto a Roberto Álvarez el informe de 2007 para que la factoría fuese declarada BIC por el Principado (algo que después anularían los tribunales), reivindicó que la de San Claudio «no es una historia de decoración, es una historia de la vida cotidiana», por lo extendida que llegó a estar la loza entre la población de Asturias, de España y hasta de América. Por ello, su valor «radica en conservar las piezas excepcionales» elaboradas siguiendo el mismo proceso desde la fundación en 1901 hasta el cierre en 2009 (eso sí, con medios más modernos). La ponente explicó cómo en todo el proceso, desde el dibujo de diseño hasta la elaboración de los moldes, se seguían empleando herramientas casi centenarias, que los trabajadores consideraban «las más fiables. No hay calibre como el hecho en Buenavista».

Relató asimismo las dificultades que sufrió para catalogar 9.200 piezas, con un archivo en el que entraba el agua y nidos de palomas por todas partes: «Movimos 700 kilos de guano». También, con una propiedad en contra que les complicó su labor cuanto pudo, prohibiéndoles mover ningún objeto, no permitiéndoles usar su electricidad y hasta negándoles e ir al baño.

La historiadora también criticó duramente a la administración local y la regional porque «lo hicieron todos muy mal» al no interesarse por el patrimonio, y al último propietario, Álvaro Ruiz de Alda, que deslocalizó la producción en Marruecos. También lamentó la falta de apoyo de la población de San Claudio, que «entendió que proteger la fábrica era perder el trabajo», cuando cerró por causas «económicas».

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