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Premios Princesa

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Un momento dle encuentro. / Reuters

«No debemos avergonzarnos de no querer ir a Siria»

  • James Nachtwey se muestra confiado en el futuro durante un encuentro con compañeros de profesión: «Daremos con la manera de seguir trabajando»

James Nachtwey se enfrenta al otro lado de la trinchera con cierta incomodidad, según sus palabras, a estar delante del objetivo en lugar de detrás de él. Al otro lado, un nutrido grupo de compañeros le interrogaban sobre el futuro de la profesión, si es posible sobrevivir de la fotografía periodística como autónomo, si es más difícil ahora trabajar en los territorios en conflicto o si tiene sentido su trabajo cuando se comprueba, años más tarde, que siguen ocurriendo las mismas tragedias en diferentes puntos del planeta.

El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de este año no tiene respuestas simples ni concretas, pero sí un profundo amor por su profesión. Una pasión que le hace olvidarse de enviar algunas facturas, que le lleva a recorrer el mundo en busca de situaciones desesperadas o injusticias sociales para denunciarlas porque cree que el mundo “necesita su trabajo”, no el de él concretamente, sino del de todos los fotoperiodistas que diariamente documentan la realidad. Cuyo trabajo no es sólo hacer fotos, sino encontrar historias que merezca la pena sacar a la luz pública y encontrar el marco idóneo para que sobresalgan del resto de instantáneas banales que inundan las publicaciones y las redes sociales hoy en día.

Entiende que el fotoperiodista de hoy en día “también tiene que ser un poco emprendedor”, encontrar la manera de sacar beneficio económico por su trabajo. Algo que a él nunca se le dio bien, por lo que se alegra de haber trabajado en el viejo modelo asalariado para una publicación o agencia. Pero aseguraba que los jóvenes profesionales “encontrarán el camino” para sobrevivir y mantener vivo el oficio. No ocultó la dificultad que existe hoy para trabajar en el epicentro del conflicto, sobre todo en los países árabes, donde lo más probable es que acabes secuestrado, torturado o asesinado. Por ello afirma que «no hay que avergonzarse» de no querer adentrarse en lugares como Alepo, Mosul o Damasco, ya que las condiciones de inseguridad son excesivas, al tiempo que reconoce la valentía de los que se arriesgan en busca de mostrar lo que muchos quieren esconder.