La muerte de Amets y Sara, una tragedia que hizo llorar a toda Asturias

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José Ignacio Bilbao Aizpirua mató a sus hijas en San Juan de la Arena con una barra de hierro envuelta en papel de regalo

OLAYA SUÁREZ / MARCO MENÉNDEZ / ISABEL GÓMEZsoto del barco

Las mató entre las cuatro y las cinco de la tarde del 27 de noviembre, una fecha que quedará para siempre grabada en la mente de los asturianos coo un día trágico. En el piso de San Juan de la Arena, en el que vivía desde que regresó de Bilbao, se suponía que para estar cerca de sus hijas tras separarse de Bárbara, la madre de las criaturas. Ahora Amets y Sara están muertas porque en un acto incomprensible, su padre, José Ignacio Bilbao Aizpirua, conocido como Iñaki, las asesinó a sangre fría con una barra de hierro envuelta en papel de regalo. Este horroroso detalle y algunos datos de la autopsia realizada en el Instituto Anatómico Forense de Oviedo permiten deducir que planificó el crimen.

Concentración de repulsa

en Soto del barco

El Ayuntamiento de Soto del Barco ha celebrado este mediodía, ante la Casa Consistorial, una concentración para «mostrar nuestro rechazo a esta violencia injustificada y cruel». El alcalde, Jaime Menéndez Corrales decretó en el municipio tres días de luto oficial, con banderas a media asta. La misma medida ha adoptado el Ayuntamiento de Cudillero, cuyos miembros de Corporación participaron en la concentración en el concejo vecino. Además, en la sesión plenaria pixueta se guardó un minuto de silencio y se leyó un comunicado de repulsa por «este acto tan cruel y absurdo».

Ni siquiera para los expertos forenses el caso es fácil. Las niñas fueron asesinadas a golpes con una barra de hierro, una de esas estructuras contundentes que sirven en las obras para armar los encofrados y que Iñaki trató de disimular envolviéndola en papel de regalo. Ni siquiera retiró el envoltorio para golpearlas. Primero fue hacia la mayor. Amets. Nueve años. Una niña de metro y medio, alta para su edad, porque había dado recientemente un buen estirón. La autopsia revela que trató de defenderse a la desesperada. Tenía heridas diversas en los brazos y en las manos.

La secuencia que tratan de definir los investigadores es estremecedora. Su padre la golpeó en la cabeza varias veces con la intención de que la muerte fuera rápida, pero cuando se volvió hacia la pequeña comprobó que se movía y volvió para rematarla. A la pequeña, Sara, de siete años, le arrebató la vida en un solo ataque.

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También Sara, sin embargo, puso las manos delante de la cara en un gesto de autoprotección. Se da la circunstancia de que la pequeña había cumplido 7 años el día anterior al de su muerte, el miércoles día 26. Eso podría explicar -según la Guardia Civil, que se ha hecho cargo del caso- el hecho de que envolviera el arma homicida. Quizá trató de disimularla o de esconderla.

Desde el Anatómico Forense partieron muestras de orina y sangre de las pequeñas -también de los restos de su padre- al Instituto de Toxicología con sede en Madrid con el fin de comprobar si presentan algún tipo de sustancia tóxica o médica.

Por expreso deseo de los familiares de Amets y Sara, los restos de las menores fueron incinerados en la más estricta intimidad y descansaron anoche en el Tanatorio de Pravia. La madre, Bárbara García, muy conocida en Cudillero -de donde es toda su familia- apenas se pudo mover ayer de su habitación.

El jueves, como cada semana, había dejado a sus niñas con su expareja de cuatro a seis de la tarde -tal y como quedó acordado en las medidas paternofiliales decretadas por un juez- sin saber la tragedia que se ceñía sobre sus vidas. Aproximadamente hacia las cinco y media de la tarde, el cadáver de Iñaki aparecía bajo el viaducto de la Concha de Artedo. Se había precipitado al vacío desde una altura de 110 metros. De inmediato se avisa al entorno de la madre de las niñas y acuden al domicilio paterno con el temor de que pudiera haberles pasado algo.

Al llegar a la puerta, en el número 56 de la avenida de los Quebrantos en la localidad de San Juan de La Arena, los malos presagios se cumplieron. Nada más abrir la puerta, los agentes de la Guardia Civil comprobaron con pavor que en el interior yacían los cuerpos de las dos niñas y que en la estancia en la que se encontraban había abundante sangre. Nadie puede explicar lo sucedido y, de hecho, familiares cercanos a la madre aseguraban ayer que nunca pensaron que Bilbao Aizpurua pudiera dañar a las niñas. Menos aún cuando una de las personas que pensó que mejor le conocía, la madre de las pequeñas, solicitó al juez una orden de alejamiento para ella pero quiso expresamente que Amets y Sara no perdieran el contacto con su padre, al que adoraban.

 

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