Craviotto agiganta su leyenda olímpica en Río

Saúl Craviotto da las últimas paladas hacia una nueva medalla olímpica. /
Saúl Craviotto da las últimas paladas hacia una nueva medalla olímpica.

El palista gijonés de adopción engrosó su brillante palmarés al conquistar dos de las diecisiete medallas españolas en Brasil

IVÁN ÁLVAREZ

«Te juegas el trabajo de cuatro años en medio minuto», explicó a su regreso a Asturias Saúl Craviotto con una frase que recoge la esencia de la enorme complejidad del ciclo olímpico. La pronunció con dos medallas colgadas de su cuello, las conquistadas en Río, que agigantan su leyenda en los Juegos tras el oro en Pekín y la plata en Londres.

Los 200 metros del canal de Lagoa fueron su pasarela hacia la gloria, edificada en largas jornadas de entrenamiento en el embalse de Trasona junto a Christian Toro. El palista nacido en Lleida, gijonés de adopción, se subió a lo más alto del podio junto a su compañero gallego al llevar a cabo la carrera que habían planeado en la final del K-2. Con más suspense conquistó su presea en K-1 Craviotto, protagonista de una espectacular remontada que le permitió cruzar la meta al mismo tiempo que el alemán Rahuer para abrillantar con su bronce un palmarés en el que figura un repóquer de medallas olímpicas.

Cuatro metales, los mismos que cosechó su disciplina en Río para liderar el medallero de la delegación española en Brasil, donde se igualaron las diecisiete preseas de Londres, pero superando el número de oros. El desafío a los pronósticos de Marcus Cooper Walz con una espectacular recta final en el K-1 1000 metros para colgarse los metros y el perfecto recorrido efectuado por Maialen Chorraut que le llevó a superar a todas sus rivales completaron las alegrías sobre las juegos en un evento que volvió a poner de manifiesto el dominio femenino en el olimpismo nacional.

Mireia Belmonte se afianzó en el Olimpo de la natación con su victoria en los 200 metros mariposa, acompañada por su tercer puesto en 400 metros estilos, y Carolina Marín impuso su superioridad en la escala mundial del bádminton al confirmar su vitola de favorita en un deporte tradicionalmente dominado por jugadoras asiáticas que ahora sucumben ante su voracidad competitiva. La selección femenina de baloncesto solamente dio su brazo a torcer en la final ante la tiranía estadounidense y Ruth Beita se encargó de poner el colofón con el broche dorado a su larga trayectoria.

En unos Juegos que consagraron a Bolt y Phelps, además de alumbrar a una estrella de la gimnasia como Biles, Nadal dio la muestra de su carácter indómito al morder el oro junto a Marc López y pelear hasta la extenuación por una medalla individual que finalmente tuvo que ser uno de los 38 diplomas españoles en Río, con marcado acento asturiano. La gijonesa María López lo logró con la selección de hockey, la luanquina en el debut del rugby y Hernanz como integrante del K-4.

 

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