Todos quieren el bastón de mando

De izquierda a derecha, José Muñiz, Pedro Sánchez Lazo, Agustín Costa y Santiago García Granda. /
De izquierda a derecha, José Muñiz, Pedro Sánchez Lazo, Agustín Costa y Santiago García Granda.

Los cuatro candidatos a rector de la Universidad de Oviedo muestran sus cartas en la campaña más larga y reñida de la institución académica

AZAHARA VILLACORTA

«Parece que aquí hace falta un psicólogo para tranquilizar las cosas», bromeaba José Muñiz, psicólogo y uno de los cuatro candidatos a ocupar el Rectorado de la Universidad de Oviedo, el más afín al actual rector, Vicente Gotor. Porque sus rivales en liza en la carrera que empezó el pasado día 2 son, por orden de aparición de sus candidaturas, los químicos Pedro Sánchez Lazo, Santiago García Granda y Agustín Costa. Tres adversarios de Ciencias frente a uno de Humanidades en la campaña más larga y reñida de la institución, que los conducirá al disputado bastón de mando tras la votación que tendrá lugar el próximo día 22. Aunque las quinielas están tan abiertas que todos apuestan a que habrá segunda vuelta.

Son estas las elecciones del tres contra uno. Porque, además de tres químicos y un psicólogo, también tres de ellos han tenido experiencia en la gestión (Muñiz fue vicerrector con Gascón, Lazo con Marcos Vallaure y Juan Vázquez, por lo que anda ocupado en reunir los apoyos del sector 'vazquista', y Granda durante el primer mandato de Gotor, del que salió por la puerta de atrás), mientras que Costa se autodefinió como 'un outsider' en el primer debate de esta carrera electoral, celebrado en EL COMERCIO.

Los cuatro aspirantes a hacerse con el poder de la institución académica miden en él sus fuerzas para gobernar una comunidad con 25.000 miembros y comparten «optimismo», convencidos de que «se puede mejorar mucho la situación de la Universidad», pero difieren en el diagnóstico que hacen de ella. Y, así, mientras que los tres químicos defienden que se encuentra sumida «en una desilusión que, en ocasiones, llega a ser depresión» - en palabras de Costa-, Muñiz se declara «en total desacuerdo».

Coincide, además, este 3+1 en el que Granda juega la baza de la edad (sus tres oponentes rebasarían los 70 años al término de su primer mandato) en que uno de los principales retos del ganador será el de abordar la piedra angular de la financiación.

Conseguir más financiación

Profesores por 500 euros

José Muñiz dibuja la situación: «La Universidad tiene un presupuesto anual de 196 millones de euros, de los que el 70% viene del Principado, un 14% lo aportan los estudiantes con su matrícula, otro 14% lo aportan los investigadores con sus proyectos, contratos y convenios y un 2% son ingresos atípicos. Y, así, aunque piensa que «las matrículas deben continuar tal y como están, quedan los otros dos parámetros: negociar bien con el Principado y mejorar también la otra pata, que es la relación con las empresas».

«Necesitamos más financiación. Entre otras cosas, porque me avergüenza decir que hay una buena parte del profesorado mal pagado. Y no se puede hablar de una Universidad de excelencia que malpaga a su profesorado, con asociados que ganan 500 euros», abunda Costa. «Y, por lo tanto, es lógico que haya decepción y que la gente pida más transparencia, incluso a través de los tribunales».

Para Sánchez Lazo, «si bien hay un desánimo generalizado», aún se puede hablar de una buena Universidad. «El último ranking, de la de Granada, sitúa a la asturiana como la número 14 de 48» y el objetivo, según Muñiz, debería ser «colocarla entre las diez primeras».

O lo que es lo mismo: «Es una universidad decente en el contexto de las universidades españolas. Se sigue formando bien a la gente, aunque ya con dificultades», alerta Lazo, algo que, alega, «guarda relación con la pobreza en la que nos vemos sumidos».

Para su colega Granda, «la única manera de que el funcionariado rinda como tiene que rendir es motivarlo y, para eso, necesitamos que la Universidad ponga los recursos que requiere a su disposición». Y el catedrático de Química Física ofrece un ejemplo: «El Campus de Excelencia Internacional, que solicitamos en 2009 con una gran ilusión y que es un gran proyecto estratégico para la Universidad, desafortunadamente se murió a los pocos meses. Y fue porque la financiación que se obtuvo no era comparable con la que se estaba obteniendo en Alemania. A veces, había dos o tres ceros de diferencia. La falta de fondos mató ese proyecto ilusionante que sigue ahí y que se podría seguir trabajando en él». Pero, en su opinión, «el fallo más importante que tuvo ese proyecto fue que la mayor parte de la Universidad no creyó en él. Incluida la mayor parte del equipo rectoral actual», espeta.

Motivar al personal

«No se puede cargar a los docentes con tantas clases»

Otro de los consensos es que «el mayor capital de la Universidad es su capital humano». Y, en ese punto, Santiago García Granda tiene claras sus propuestas: «Implantar mejores métodos de gestión, motivar a las personas que trabajan más, dar más recursos a las iniciativas». Y eso significa, por ejemplo, «no cargar a los profesores con una dedicación docente de 320 horas que no les permite centrarse en otras actividades. Porque estamos empleando una gran parte de los recursos que recibe la Universidad en pagar a unas personas de las que luego no sacamos rendimiento. Tenemos grandes profesionales, pero la manera de trabajar les desmotiva. Hay que darles los medios para que desarrollen esas iniciativas. Y, además, tenemos que cuidar la pirámide de edad, que se ha descuidado».

Porque, según el candidato Granda, volcado en visitar centros y departamentos para pulsar sus necesidades, «el ahorro por el ahorro es malo. Tenemos que tener una previsión de plantillas en la que los jóvenes estén haciendo una carrera académica y tengan oportunidades. Pero no de dar todas las clases del mundo, sino de formarse y de tener el mejor currículum del mundo. Es la única forma de progresar: darles lo que necesitan, además de seleccionarlos bien».

Y Lazo, además de proponer eliminar «todos los corsés burocráticos» que lastran el sistema, añade a la desmotivación el peso de «una profunda carga ideológica» con la que «se ha tratado de convertir a la Universidad en un 'community college' (colegio universitario) para enseñar con un nivel de Secundaria elevado. Y detrás de eso hay una intención muy perversa. Los 32 créditos, el que haya pocos proyectos de investigación... Es verdad que ha habido una crisis económica, pero también que se podía haber toreado de otra manera».

«Está claro: en cuanto motivemos al personal, vamos a tener una gran Universidad», resume Costa. Y eso, sin perder la experiencia acumulada, añade García Granda: «Que cuando una persona tenga un carné de la Universidad, lo tenga para toda la vida. Que no echemos a nuestros jubilados y a nuestros eméritos».

Conectar con la sociedad

«No se trata de que nos quieran, sino de ser fuertes»

Una idea de fondo también compartida es que la institución no termina de conectar con la sociedad asturiana, de que no comunica bien. «La imagen que transmitimos es la de nuestras deficiencias. Hay toda una serie de juicios, discusiones, sentencias en contra que son tremendamente negativas para la Universidad», defiende Granda. Y ofrece un ejemplo: «Cuando dejamos de poner dos horas de calefacción, algo que supone un dinero que no es nada, eso transmitió una imagen fatal de la Universidad. Y la realidad no es así de mala. La realidad es que hay personas que llegan muy temprano y se van muy tarde. Personas que están dedicando sábados, domingos y festivos a preparar su investigación. O aquel que se está yendo a un congreso en unas condiciones no muy buenas. Pero eso no se está viendo fuera».

«No se trata de que queramos que nos quieran. Se trata de que transmitir una imagen potente a nuestro financiador, que es la sociedad. Porque, cuando vayamos a reclamar fondos al Principado, va a ser muy distinta nuestra fuerza en función de la concepción que tengan de nosotros».

Sobre esos estereotipos, el catedrático de Psicometría y exdecano Muñiz cuenta que es habitual que llegue a su pueblo, Sograndio, en julio, y que le digan: «Bueno, ya hasta octubre no tienes nada que hacer». «Y yo ya ni lo desmiento, porque esa es la imagen que tienen. Es increíble».

Y de la misma opinión es el sevillano Sánchez Lazo: «Es un déficit histórico. Cuando estudiaba en Salamanca, la gente decía: 'Ese no vale para nada. Pues a la Universidad'». «Aquí era para Ensidesa», bromeaba, acto seguido, Costa.

«Lo que piensan los vecinos de Sograndio lo hemos vivido todos. Es lo que yo llamo bipolaridad, porque la Universidad se supone que tiene mucho peso, pero, a la hora de tomar decisiones sobre financiación, la ponemos en la cola», añadía Lazo.

«A mí siempre me decían lo de 'vaya bien que vivís los docentes'. Y llegaba a las once de la noche», recordaba Granda, que reclama «una institución proactiva en reivindicarse y posicionarse en el ecosistema del I+D+i asturiano, que se está desarrollando al margen de la Universidad».

Aportar más al tejido productivo

«Los chinos piensan en el dinero, no en la Academia»

También en eso concuerdan. En que, como argumenta el propio García Granda, «la Universidad no está participando con toda la fuerza que podría» en la economía regional. «Y a mí me parece interesantísimo que nosotros, como institución, actuemos proactivamente con el Gobierno del Principado y con todos los actores y que no cerremos otra vez las puertas. Porque hay personas interesadas en presentar a la Universidad como la Academia y la Academia es importante, pero los tiempos modernos nos dicen otras cosas y ahora tenemos otros competidores. Y no creo que los chinos estén pensando en la Academia, sino que están pensando más en el dinero».

Y, si de dinero hablamos, los empresarios coinciden en señalar lo mismo cuando hablan con Agustín Costa: «Todos ellos me dicen que la Universidad tiene que ser el ente tractor de esta sociedad, porque es donde está el conocimiento».

En ese sentido, defiende que una de las claves está en las 'spin-offs', las empresas surgidas en el seno de la institución académica: «Hay que hacer mucha más publicidad de ellas. Y, si no lo entendemos así, es que somos unos ceporros».

«Esa vertiente hay que hacerla crecer al máximo porque supone más marketing que nuestros 400 años de historia. Dos de mis cuatro empresas venden en más de 60 países avanzados. No tenemos que tener ningún complejo. Pero ninguno. Es más: tenemos que ir por ese camino para salir de este atasco. Pero, claro, eso hay que premiarlo, porque no todos son el Cid Campeador como Agustín Costa. Aunque esta Universidad tiene muchos 'capitanes Trueno' y un montón de conocimiento que está enlatado y que se morirá dentro en ella si no damos oportunidades para sacarlo al exterior», concluye el sierense.

Y va más allá: «Lo importante es que Asturias se aproveche de eso. Eso es lo que hay que proclamar a los cuatro vientos. Porque, si no es así, si lo que tú haces aquí se aplica en la Conchinchina y el dinero no se queda en Asturias, adiós muy buenas. Que puedas vender en Japón o el Honolulu, pero que las empresas se queden aquí».

Atraer a nuevos alumnos

«Nunca tomaron en serio los estudios de postgrado»

En un mundo cada vez más globalizado, Muñiz sostiene que «uno de los retos más bonitos va a ser atraer gente de fuera». La razón es muy simple: «La Universidad de Oviedo no va a crecer en alumnos de grado por la demografía asturiana y porque en Cantabria y en León lo han puesto casi todo». Así que «nuestra esperanza, donde se va a fundamentar el éxito de nuestra institución, es en el postgrado: másteres y doctorado. Ojo: actualmente, el postgrado ya tiene 3.000 alumnos. Ya es mayor que la mayoría de los centros y, dentro de nada, va a ser el primer centro de la Universidad. Tenemos que ser muy competitivos en eso».

«Pero, a nivel nacional, nunca nos hemos tomado en serio las enseñanzas de postgrado. A ver si de una vez lo hacemos», rebatió Sánchez Lazo.

Y, como no solo de formación académica vive el alumnado, Muñiz desveló una de sus bazas: «Lo primero que haría en Gijón sería un polideportivo. Porque, en un Campus 7.000 personas, es una vergüenza que no exista. Hablamos de un millón de euros. Hay que complementar trasversalmente la formación académica con otras cosas porque, de lo contrario, se producen los famosos techos de cristal: los que la persona no ve, pero de ahí no pasa».

«Pero no solo necesitamos hacer deporte», repuso García Granda. «Necesitamos atraer alumnos e investigadores y, por lo tanto, necesitamos una residencia universitaria. Eso es lo primero que yo haría en Gijón. Y, en cuanto al tema de los techos de cristal, se vencería en muchas áreas con un pequeña inversión. Estoy hablando de Humanidades, Ciencias Jurídico-Sociales y apoyos puntuales a grupos de investigación punteros».

Y también el independiente Costa lo tiene muy claro: «Asturias tiene las condiciones idóneas para llenar aulas no solamente durante el curso, sino también en verano. Eso es algo que otras universidades están haciendo mientras que nosotros estamos mirando para otro lado. Tenemos unas condiciones excepcionales para que media Europa quiera venir aquí a hacer cursos de verano. Por el clima e incluso por las condiciones tan amigables de los asturianos. Eso es un ingreso de dinero estupendo y es hacer marketing. Si se hace bien, llenaríamos Gijón y Oviedo de estudiantes europeos».

Para Sánchez Lazo, en cambio, «todo tiene que pasar por un plan estratégico que tenga en cuenta la evolución de la población» asturiana. Y, al contrario de lo que defienden sus rivales, cree que «no se nos tienen que caer los anillos porque la clientela de los que van a ingresar en la Universidad sea del entorno regional». Y, asimismo, disiente en cómo atraer estudiantes de otros países: «Más que los grados bilingües, la gente que viene aquí lo hace porque quiere aprender español. Y ese es uno de nuestros grandes activos. Tenemos que explotar eso. No vale con dar malas clases en inglés».

Terminar con la dispersión de sedes

Nuevos grados: Ingeniería de Organización Industrial e INEF

Y si García Granda se refirió a «la necesidad de poner en marcha una administración bilingüe y de contar con una plantilla de profesorado suficiente para impartir sus clases en dos idiomas», Muñiz lanzó varias ideas que deberán someterse «al criterio del Principado y de los campus».

La primera: «Tengo absolutamente claro que Minas debe permanecer en Oviedo. No se puede desvestir un santo para vestir otro, porque le quitarías esos estudios a una ciudad que se iba a rebelar. Eso sí: su destino natural es subir la Escuela a El Cristo. Es el momento oportuno para llevar allí las ingenierías que hay en Oviedo y de subir también Llamaquique y Psicología. De subir incluso El Milán. Ese es mi planteamiento. Un planteamiento serio. Porque aquí se perdió una oportunidad de que la Universidad de Oviedo estuviese toda en Llanera y, si no se hace algo en El Cristo, pasaría lo mismo y sería una pena». Algo que hay que plantear, según el rectorable, «no en tres o cuatro años», sino que «se empezaría por una biblioteca de treinta pisos que articulase todo el campus, como hacen los anglosajones».

La ventaja sería doble: «Una, las sinergias que se crearían al reunir estudios tan diversos. Y dos, la económica. Liberar Minas, liberar la plaza de Feijoo y Geológicas sería muy rentable y cambiaría la faz de la ciudad».

Y, en cuanto a titulaciones, el psicólogo también se moja: «Ya se lo dije a los de Mieres. Que, estratégicamente, era muy simplote ir a por Minas. Que equivocaban el tiro. Y les planteé que, si querían ganar alumnos, mi propuesta iba a ser poner INEF. Ya hay instalaciones deportivas, tiene una gran tradición y sería una carrera que llenaría. Serían 300 alumnos y tenemos una residencia prácticamente cerrada que también se llenaría. Y ellos no lo vieron mal».

En cuanto a su programa para Oviedo, incluye dos propuestas de calado: implantar los grados de Criminología y Traducción e Interpretación, «porque son titulaciones baratas y porque van a tener gente». Y, para Gijón, «unos estudios que siempre han rondado por ahí, que habría que discutir con la EPI: los de Ingeniería de Organización Industrial».

La reorganización de los campus también es una necesidad para Sánchez Lazo, aunque avisa de que «puede tardar 15 años» y se declara «pesimista» ante «la tendencia a dispersar las cosas»: «La última expresión de eso es que nos han partido la Facultad de Medicina en dos cachos. Seguimos pecando. No hacemos propósito de enmienda». Así que, aunque a priori ve bien la concentración de facultades y escuelas en El Cristo, «ahora no se va a hacer con Medicina recién inaugurada en el Hospital».

Lamenta, además, que no se hayan llevado a terrenos La Cadellada todas las titulaciones de Ciencias de la Salud, algo que ya defendió «ante Areces diez o doce veces». «Es una gran oportunidad perdida. Es demencial», le concedió Muñiz. Pero a García Granda, más cauto, todo esto le parece «fuera de lugar» sin un debate previo en el claustro y le preocupa más, sin embargo, «dar contenido a Mieres, algo que pasa por mejorar el acceso, hacer el Campus más atractivo para los estudiantes dándoles buenos transportes, por ejemplo». Y otra objeción: «Yo nunca movería Humanidades de El Milán, tengo mis dudas sobre la zona de colegios mayores y lo que llamo espacio de salud y deporte y el resto, salvo el Edificio Histórico, se iría a El Cristo. Absolutamente todo». Eso sí: siempre con unas condiciones inmobiliarias favorables para «reinvertir y no regalar».

Y si él aplaude la presencia de sedes en lugares como Castrillón o Avilés para fomentar los cursos de Extensión Universitaria, Costa cree que la dispersión no ayuda a nada: «A todos nos gustaría tener una universidad inglesa en la que entras y respiras paz y sensación de estudio».

El Régimen de Permanencia

Normas sí, pero flexibles

Y, para concluir, una petición común: «Hay que mejorar la norma de permanencia y hacerla un poco más accesible para que sean realmente excepcionales los estudiantes que expulsáramos de la Universidad», reclamó Granda. «Ver cada caso en particular. Si ha sido un vago toda la carrera o si, simplemente, ha habido despistes o problemas», apuntó Costa sobre el que llegó a convertirse en uno de los mayores quebraderos de cabeza de Vicente Gotor. «Le pilló con el pie cambiado», zanjó Sánchez Lazo.

 

Fotos

Vídeos