El censo de perros se dispara a 163.600 canes y supera ya al de bebés, niños y adolescentes

Mascota en un bar de La Felguera ataviada con una cazadora similar a la de su dueño. / JUAN CARLOS ROMÁN
Mascota en un bar de La Felguera ataviada con una cazadora similar a la de su dueño. / JUAN CARLOS ROMÁN

La baja natalidad y la abundancia de solteros y viudos espolea el cambio de hábitos. «Los políticos deben adaptarse a ello», reclaman los veterinarios

RAMÓN MUÑIZ

En la peluquería Mi Guau Beatriz García les da un baño de ozono, burbujas e hidromasaje; si el can anda estresado le aplica aromaterapia, reiki y flores de Bach. «Ahora ya hay camareros que lo mismo que te ponen un pincho a ti le dan una galleta al perro», agradece Agustín Ronda, de Fauna Urbana. Tras las habituales chaquetas y gorros, el último grito son los collares con luces que transforman al animal en una suerte de discoteca andante para que el dueño no lo pierda de vista en la noche.

La revolución de las mascotas tardó, pero su fuerza en Asturias admite pocas comparaciones. Durante la última década el censo de perros viene incrementándose a un ritmo sostenido de 10.000 al año. En 2017 ese ritmo provocó un 'sorpasso' histórico: hay ya más canes en la región que bebés, niños y adolescentes. Y la diferencia sigue creciendo.

En el Registro de Identificación de Animales del Principado (Riapa) hay constancia de 163.627 perros, aunque «la realidad es mayor», matiza Armando Solís, decano del Colegio de Veterinarios, el organismo que vela por ese censo. «Existe la obligación de registrar al perro, pero sabemos que hay muchos sin dar de alta. Ciertos estudios apuntan a que en las ciudades se cumple más la norma, pero no estamos seguros», comenta.

En lo tocante a personas, el último recuento del Instituto Nacional de Estadística (INE) cifra en 150.674 los asturianos que aún no han cumplido los 20 años. Los perros 'ganan' con más de 13.000 efectivos y no por casualidad. Dueños, veterinarios y sociólogos coinciden en que uno de los factores que alimentan este 'boom' es, precisamente, la sangría demográfica. Tanto en la vertiente de una menor natalidad como en el incremento de los hogares con adultos y mayores viviendo solos. «Es una tendencia que observas en toda la Europa desarrollada, las sociedades con pocos hijos sustituyen esa figura por los animales», expone Solís. «A la gente que vive sola el animal le acompaña, le comprende, le hace hablar, le obliga a salir de casa y relacionarse con otros dueños; sus efectos terapéuticos están bien definidos. No conozco a nadie que pruebe y lo deje», abunda.

Beni Rodríguez pasea a un cachorro por la playa de Gijón. Es uno más de tantos y señala con su índice al resto de dueños. «Sin perros, yo no me atrevería a charlar con ellos, pero como veo que compartimos algo, puedo hablarles. Por la calle incluso notas que los desconocidos te saludan de otra forma». El animal atrae a su alrededor una especie de comuna. «Yo creo que nos hace mejores personas; nos humaniza», manifiesta Agustín Ronda. «Tengo un galgo que fue maltratado y ahora empatizo más con las personas que sufren», dice.

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El perro recibe cariño y lo devuelve. Beni sujeta la correa de 'Greco' hoy porque de niño otro animal le marcó a él: «Yo tenía seis años, mi madre estaba embarazada y pensó que el perro que había en la casa era una amenaza para el bebé, así que mi padre se lo regaló a alguien de Cangas de Onís. Lo amarraron a un árbol y la primera noche royó la cuerda y se fugó. Dos meses después llegó a nuestra casa. Ya nunca más se fue».

«En EE UU pasa al revés»

Aquel perro aún le hace sonreír. «Es verdad que sustituyen un poco a los niños y que se le quiere como tales; lo proteges y cuidas como si fueran uno porque te dan siempre lo mejor», resume. Tras un cruce de border collie y pastor alemán anda cerca Samus Harnett, irlandés de 27 años, gijonés los últimos cinco. «Aquí la gente de mi edad que conozco con perro no tiene niño y en Estados Unidos me pasaba al revés», compara.

«Como objeto de afecto un perro es en principio más barato, dócil y genera menos compromisos que un crío por lo que aparece como alternativa más factible cuando no se tienen hijos», corrobora Jacobo Blanco, decano del Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Asturias. Este especialista observa que el fenómeno llevaba siglos aguardando al otro lado de los Pirineos: «En la pintura flamenca de los siglos XVI y XVII los animales están a la orden del día, en retrasos y escenas domésticas, y en la cultura británica desde el XIX. Digamos que en el resto de Europa esta revolución urbana burguesa estaba más avanzada, mientras que aquí nos quedamos más tiempo con el animal como un bien semoviente, como el ganado».

Del perro pastor se pasó al guardián de la casa. El siguiente movimiento fue abrirles la puerta y sentarles en el sofá o la cama. «Ahora ya no solo les profesamos afecto, es que se les toma como sujetos objeto de derecho», diagnostica Blanco.

La sangría demográfica amenaza con dejar cada vez más habitaciones, camas y sofás a su disposición. En Asturias el año pasado nacieron 5.785 bebés, un 30% menos que en 2008, y lo peor no es ese dato. Para el demógrafo Rafael Puyol lo crítico es el ritmo al que la región pierde «mujeres en edad de procrear». Estadísticamente se consideran en esa condición a las que tienen entre 15 y 49 años y el INE concreta que en dicha franja hay 49.000 asturianas menos que hace una década. «La dinámica continuará», lamenta Puyol. Asturias se queda sin niños porque esa es la decisión de parte de sus mujeres, pero también porque cada vez quedan menos con esa capacidad de elección.

En 'El bebe jefazo' Dreamworks fantaseó con el dilema. La película dibuja a un consorcio de niños que se organiza para sabotear a la empresa que quiere patentar un tipo de perro cuya mirada supera en ternura a la de los propios críos; temen que esos ojos acaben con la natalidad.

Fábulas aparte, el animal «no termina nunca de sustituir a un niño pero sí que vemos que en otras parejas cubre un poco ese vacío», asumen Gemma Murcia y Claudio Pardo, padres de dos hijos. Se organizan para empujar el carrito por las calles de Gijón sin perder de vista a su perrita. «Llegó antes que ellos y es un miembro más, como otro hijo», justifican.

Pocas más guarderías

Ir a las Páginas Amarillas y buscar por guardería en Asturias conduce a 187 teléfonos. Por veterinarios figuran ya 170 referencias detrás de las que hay una inversión creciente. «Están mejor equipadas que muchos centros para personas; casi todos tienen rayos X, ecógrafo y quirófano monitorizado; ¿cuántos ambulatorios pueden decir eso?», destaca el decano Solís. «Si lo tienes como un hijo, quieres que lo traten como a tal, por eso cada vez soportamos un mayor nivel de exigencia y desde el colegio de veterinarios debemos estar constantemente dando cursos de formación y reciclaje», dice.

La demanda repercute también en los poderes públicos. Alimentando a esos 163.627 canes hay un notable contingente de asturianos, votantes y cotizantes que reclaman ayuda. Gijón ya abrió parte de su playa central fuera del verano. Oviedo construirá ocho parques caninos con la asesoría de los veterinarios. «Los políticos deben adaptarse, se está avanzando pero hacen falta más», coincide el decano de los veterinarios. ¿Qué pasa con los ciudadanos que pagan impuestos y aborrecen los animales? «Han de entender que esto es una demanda social, que el dinero de la gente que no tiene coche también se usa en comprar semáforos», responde Solís.