«Miraría a Marta a los ojos y le preguntaría por qué mató a mi hijo»

Asistentes a la misa en recuerdo del joven Iván Castro en la iglesia de Riaño. / FOTOS: JUAN CARLOS ROMÁN
Asistentes a la misa en recuerdo del joven Iván Castro en la iglesia de Riaño. / FOTOS: JUAN CARLOS ROMÁN

La familia del joven Iván Castro, muerto hace un año a tiros en La Felguera, celebra una misa en su recuerdo en la iglesia de Riaño

A. FUENTE RIAÑO (LANGREO).

Mismo escenario un año después. La familia del joven Iván Castro Verdejo, arropada por allegados y amigos, acudía ayer a la iglesia de Riaño para asistir a la misa en recuerdo del joven muerto a tiros en la tarde del 7 de diciembre de 2017. Entonces, el funeral, con su cuerpo presente, tuvo lugar tres días después del terrible suceso, el 10, y no había más que rabia y dolor por un crimen incomprensible. El hermano mellizo solo pedía que se encontrara al autor o autores de los disparos que acabaron con la vida de Iván. Ahora ya se sabe quienes fueron. Todo apunta a la novia, Marta R., y al hombre con quien mantenía una relación sentimental, Nelson. Ambos fueron detenidos por la Policía Nacional y todo apunta a un «crimen pasional» , según palabras textuales de los agentes.

Pero a pesar de conocer ya quiénes son los presuntos responsables de la muerte de Iván Castro, su familia sigue sintiendo esa rabia y ese dolor, y se siguen haciendo preguntas. La que mas se repiten es: «¿Por qué?». La madre del joven, Puri Castro, tenía los sentimientos a flor de piel y se mostraba emocionada, pero, a la vez, con entereza. «Sí, me gustaría mirarle a ella a los ojos y preguntarle el motivo por el que arrebató la vida a mi hijo. No acabo de entenderlo. Si tenía otra relación y no lo amaba, que lo hubiera dejado. Nos ha causado un inmenso dolor y espero que pague con la cárcel por lo que hizo», decía junto a su hijo.

Jonathan Castro, el hermano mellizo de Javier, era consolado por sus amigos a la puerta de la iglesia parroquial de Riaño, antes de dar comienzo el oficio religioso. «La instrucción judicial prosigue; no tenemos muchos detalles porque eso lo lleva nuestro abogado. Lo que sabemos es que tenemos que acudir a declarar a mediados del próximo mes de enero mi madre y yo», explicaba el joven.

En la memoria de la familia todavía resuenan las palabras de quien era delegado del Gobierno en Asturias, Gabino de Lorenzo, quien apuntaba a los pocos días del crimen a un posible caso de ajuste de cuentas por drogas. «No sabemos nada de ese señor. No nos ha pedido todavía perdón y no creo que lo haga, ahora menos que ya no ocupa ese cargo. Pero lo tendría que hacer si realmente es un paisano», decía el joven.

Iván Castro Verdejo murió con 31 años por celos. Fue «un crimen pasional», según afirmaba la Policía de manera textual, y sin ningún tipo de relación con el mundo de las drogas. Su pareja sentimental, la felguerina Marta R., de 28 años, mantenía en la fecha del asesinato dos relaciones sentimentales: una, por todos conocida, con el fallecido y otra, clandestina, con el taxista de Morcín y Riosa, Nelson, de 42 años. A este último se le considera el autor de los disparos. Estuvo esperándolo en el interior del aparcamiento y pudo haber un forcejeo. La investigación policial determina que se realizaron tres disparos, primero en el tórax, después en la cabeza y el último, de nuevo, en la cabeza cuando ya estaba en el suelo, realizado con ánimo totalmente homicida.

«Hasta el último momento»

Además, el imputado reconoció la autoría del crimen. Tras horas de declaración, la Fiscalía envió a ambos al Centro Penitenciario de Asturias. A Nelson, como autor material confeso, y a Marta, como colaboradora necesaria. Los agentes estuvieron buscando el arma homicida en el cauce del Nalón, en Ribera de Arriba, sin éxito.

La noticia de la detención y posterior entrada en prisión de Nelson y Marta sorprendía a muchos, pero no a Jonathan Castro. Ayer recordaba que la detenida «mantuvo una relación con nosotros hasta el último momento, cuando se empezaba a dar cuenta de que sospechábamos de ella y de que se estrechaba el cerco policial. Hablaba con nosotros hasta una semana antes de su detención. Después, cortó toda comunicación», apuntaba el joven antes de entrar en la iglesia.

 

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